Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 A B C OPINIÓN VIERNES 22- 10- 82 ABC DIRECTOR: Guillermo LUCA DE TENA SUBDIRECTORES: Francisco GIMÉNEZ ALEMÁN Manuel ADRIO Darío VALCARCEL TELÉFONOS: Centralita (todos los servicios) 435 84 45, 43 S 60 25 y 435 31 00 Publicidad: 435 18 90 Suscripciones: 435 02 25 Apartado 43 Editor: Prensa Española, S. A. Ante las elecciones o) La estabilidaá A partir de hoy y hasta el martes 26. A B C expondrá en cinco artículos editoriales su criterio ante lo que el día 28 se decide en las urnas. Vi las encuestas interesadas ni los despliegues de la propaganda recortan habitanímente el nivel crítico del elector medio europeo, que acostumbra a rechazar de antemano todo planteamiento que apunte a resultados con vencedores imbatibles. En un momento nacional confuso, ABC quiere mantenerse a una distancia insalvable de todo interés de partido: pero eso no es un pretexto para huir hacia la neutralidad. Por fidelidad a sus lectores, por fidelidad a sus convicciones, A B C analizará la oferta electoral que cree más acorde con los dos grandes objetivos nacionales: el arraigo de las libertades y la superación de la crisis económica. A B C expone esta opción- -que es la del centro- derecha reformista y liberal- -frente a todo oportunismo, seguro de su valor como alternativa ahora y a lo largo de tos próximos cuatro años, firme en su convicción de que ese proyecto es el más útil para hacer frente a los actuales problemas de España. Autonomías con LOARA al fondo El coloquio dedicado al gran tema de las autonomías en la biblioteca de ABC se ha centrado, y concentrado, en la discusión de la LOAPA. Era previsible. Tanto como que se perfilasen, desde las resumidas exposiciones iniciales de cada partido, dos frentes: uno de justificación y defensa de la LOAPA y otro de impugnación y de crítica. Naturalmente, siendo esta ley orgánica de armonización del proceso autonómico fruto del consenso UCD- PSOE, los representantes de estos partidos, don Rodolfo Martín Villa y don Juan Prats, se alinearon a su favor. Y se alinearon en contra, con diversos matices, el PNV como partido vasco, representado por don Marcos Vizcaya; el PCE, cuya voz llevó doña María Antonia Calvo; el CDS, atento en este caso a su implantación en Euskadi, representado por don Jesús Viana, y, finalmente, AP, cuyo portavoz fue don Alfonso Osorio. La clave de la división de opiniones es de sobra conocida. La deplorable ambigüedad del Título VIII de la Constitución y la aprobación, quizá precipitada, de los primeros Estatutos, vasco y catalán, empezaron a producir, en la transferencia de competencias, desajustes por la interpretación excesiva de las atribuciones autonómicas. Para corregir los desajustes y para hacer una interpretación legal del ámbito y materias que corresponden al Estado y los que son propios de las autonomías, se acudió a la solución de la LOAPA. Pero en la LOAPA han visto las autonomías, sobre todo la vasca y la catalana como más enraizadas, un freno al proceso y un turbio propósito de recortar competencias transferidas y previstas. Pero estando la LOAPA pendiente de un recurso en el Tribunal Constitucional, la discusión resultó forzosamente condicionada a lo que se decida sobre la validez, total o parcial, de esta ley. Fue, por ello, más polémica partidista que decisoria, y más retrospectiva- -sobre cómo se pactó el Título VIII o se aprobaron los Estatutos- -que proyectada al futuro inmediato. Y así, el gran tema de la definitiva construcción del Estado de las autonomías, sobre la obligada base de la unidad nacional que establece la Constitución y con el suficiente reconocimiento del autonomismo, quedó sin concreta definición por parte de los partidos presentes en el debate. D ESDE que en 1976 se inició el cambio político, España ha vivido en transición. Hay en el activo de ese balance un logro esencial: la nación dispone de un sistema, arbitrado por la Monarquía constitucional, semejante al de las democracias industriales más estables y prósperas del mundo. Ese sistema está fundado en el imperio de la Ley y la salvaguardia de las libertades. El nuevo régimen cuenta con un respaldo inmensamente mayoritario y la persona que lo simboliza, el Rey, ha pasado de la aceptación inicial a convertirse en el soporte de las libertades. Con avances y retrocesos, entre aciertos y sobresaltos, en medio de las dificultades, el sistema tiende a la estabilidad. Pero hay también un pasivo en este balance. A lo largo de estos seis años, la capacidad productiva de los españoles no ha rendido al ciento por ciento porque se estaban reajustando los cimientos sociales. Muchos problemas han sido pospuestos o abordados a ritmo lento, porque una parte sustancial de las energías nacionales se aplicaba a la operación constituyente. En este crítico período se ha pasado de un paternalismo autoritario a una Monarquía democrática y de un Estado centralista a un Estado autonómico. Nueva Constitución, nuevos Estatutos regionales, nuevas leyes orgánicas, nuevas instituciones, y reelaboración de extensas áreas del ordenamiento jurídico. Además, se ha relevado a una parte de los cuadros dirigentes, se han configurado las fuerzas políticas y se han ido decantando las opiniones. ¿Qué o c u r r e con u n a sociedad cuando experimenta una mutación de tal envergadura? Que se abre un compás de espera en muchos sectores de actividad. En primer lugar, la Administración Pública disminuye su ritmo de operatividad y baja su tasa de rendimiento. En segundo lugar, toda modificación de las normas legales requiere un margen de tiempo para que se adapten a ellas los que las aplican y los que las cumplen. En tercer lugar, una fracción no despreciable de los recursos públicos deriva hacia gastos consuntivos, de propaganda institucional y de reorganización burocrática. Y en cuarto lugar, la parte más fuerte del tejido social- -empresarios, ahorradores, inversores- -se coloca en una prudente expectativa a la espera de que se defina y afirme el nuevo marco nacional. Las consecuencias de estos cuatro fenómenos interrelacionados son, a corto plazo, negativas para el crecimiento económico, sobre todo, si se dan en años de depresión internacional. Nuestras estadísticas reflejan esa situación de estancamiento y aun de regresión económica. En estas condiciones ¿vamos a lanzarnos a nuevos cambios estructurales? ¿ampliaremos en cuatro años más la incertidumbre de la transición? ¿emprenderemos otra remodelación aún más acusada? Sería seguramente un error muy grave y de un enorme coste social. I MAGINEMOS lo que ocurriría si se acometiese una nueva reforma fiscal. La que con muy poca oportunidad y bastante improvisación se ha implantado ha retraído el ahorro y la inversión y ha agudizado la evasión de capitales. Uno de los más diversos efectos de ese conjunto de reacciones sociales ha sido la no creación de puestos de trabajo y el masivo desempleo juvenil. Otro nuevo cambio de la fiscalidad al