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VIH ABC SÁBADO CULTURAL 16- otubre- 1982 De libros Mi respuesta Salvador de Madariaga. Espasa Calpe. 350 página Por Diego JALÓN D e 1954 a 1974 publicó Salvador de Madariaga cuarenta y cuatro artículos en la revista Ibérica fundada, dirigida y editada en Nueva York por Voctoria Kent. Aquella cuarentena de artículos componen ahora, reunidos, el libro titulado Mi respuesta Son textos breves, artículos más intensos que extensos, devaluados por el paso del tiempo. Y aun cabe dudar de su valor cuando se publicaron, porque fueron escritos con una parcialidad política tan notoria que los dejaba al margen de la credibilidad normalmente suscitada por la firma de un intelectual. Porque los intelectuales de la talla de Salvador de Madariaga, cuya obra más cuantiosa y estimable es además de historiador, deben escribir con rigor interpretativo, aunque lo hagan tomando partido desde el exilio. En la miscelánea que componen los textos recogidos en Mi respuesta sólo mantienen una línea continua y coherente tres creencias del autor: su anticomunismo, su convicción federalista y su liberalismo. De su anticomunismo espigo algunas líneas: Por lo tanto, no podemos ir a la lucha contra el régimen del brazo de un partido que sostiene el monopolio de la opinión, como lo hace el Partido Comunista, todavía con más rigidez que el régimen actual de España Jamás han ocultado los comunistas su intención de aprovechar todas las situaciones y todos los medios para destruir desde el poder a los demás partidos, a comenzar por el socialista, que es el que más odian y desprecian... Ir a la lucha con los comunistas es llevar el enemigo a bordo y, como mínimo, plantearle a la nueva España un grave problema de lealtad en las listas de su futura dirección De su federalismo queda clara explicación en el prólogo de otro libro, Memorias de un federalista que se reproduce en éste, y al que pertenecen los párrafos siguientes: Ya en otros escritos, en España en De la angustia a la libertad he esbozado mi propio sistema de ideas sobre este tema: pluralidad natural de España dentro de una asombrosa unidad natural; fracaso del centralismo unitarista; necesidad de organizar el país en forma federal; conveniencia y aun necesidad de autonomías no sólo culturales, sino políticas; temor de que se malogre este programa por el extremismo español, menos a causa del centralismo que, en sí, ya va de capa caída, que por el potente estímulo que recibe y más aún por el que recibirá del separatismo Pero Salvador de Madariaga, porque conoce bien el sistema federal y lo interpreta correctamente, no confunde federalismo con separatismo: Es ya en mí convicción añeja y meditada que si no acudimos a atajar el mal unos y otros, el separatismo de vascos, catalanes y gallegos (por el orden de su gravedad) podría muy bien desguazar el viejo galeón que es España. El liberalismo de Madariaga es fundamentalmente político y filosófico. Carece de expresada proyección económica. Como tantos otros intelectuales, no ahonda en esta materia en ninguna de sus obras. Mi respuesta no es una excepción. En cambio, eso sí, su defensa de la libertad es constante: Como llevamos ya cerca de dos siglos con las ideas embarulladas por una presentación caprichosa y sectaria de la Revolución Francesa, hemos adquirido la costumbre de confundir libertad con democracia y de indentificar la democracia con el sufragio universal. Importa establecer que la libertad es el pan del espíritu humano, esencial para el alma del hombre, y la democracia no pasa de ser un sistema de reglas de aplicación para salvaguardar la libertad. Los artículos reunidos en este libro, cuya edición parece hecha sobre todo para dejar completas las obras del autor, están escritos en forma más concisa, vibrante y despreocupada, de la que Salvador de Madariaga mostraba en sus libros. Por imperativos de concisión resulta, aquí, exento de las prolijidades que hacen fatigosa la lectura de sus excelentes biografías- -Colón, Cortés, Bolívar- -y sus interesantes ensayos históricos y políticos. Por el tono despreocupado, se complace en expresiones chistosas- yugoespaña maridamáximo Virgen de los Dólares subsub -rebajan el estilo sin llegar a convertir los artículos en muestras apreciables de la literatura humorística. Para darle cierto empaque al volumen, la brevedad de los artículos se ha compensado con una profusión de fotografías, vengan o no a cuento, realmente asombrosa. Abierto el libro al azar, siempre tendrá el lector a la vista, en la página de la izquierda, en la página de la derecha o en ambas, fotografías: de Einstein y de Menéndez Pida! de los Nixon y los Kennedy, de Franco y de Lenin, de Utrera Molina y Stalin, de Tito y Amintore Fanfani; de un tanque de la División Acorazada Brúñete, del Concilio Vaticano II y del Palacio de la Prensa de Madrid; del Guernica de Picasso, y de la base de Rota... De todo, como en botica, en una mezcla fantástica y desbordada. Si es verdad que una imagen vale por mil palabras, este libro de Salvador de Madariaga es más largo que La montaña mágica El último de los artículos, dedicado a la revista Ibérica en el momento de su cierre, está fechado el 15 de diciembre de 1974, cuando aún tenía Franco un año de vida por delante. Es lástima que la serie quedase interrumpida entonces, porque hubiera resultado muy interesante su continuación con los comentarios de Salvador de Madariaga a la transición política. Todas cuantas veces se plantea mirando hacia el futuro el gran tema de cómo se deberá realizar el cambio político, y dónde encontrará bases de estabilidad el nuevo sistema, la atención de Salvador de Madariaga apunta de modo preferente al Ejército, al que dedica ocho de las trece tesis que afirma en 1971. Creo que estas páginas son de las perspicaces y que más vivas se conservan del libró. Zarabanda De Soledad B A LAGUER Laia Literatura, 27. Editorial Laia. Barcelona, 1982, 109 págs. La zarabanda de Soledad Balaguer, periodista, ensayista política (Frente Polisario, la última guerrilla) y novelista ahora, no es el alboroto estrepitoso, ni el bullicio molesto, ni la música ruidosa y alegre que las castañuelas acompañan, sino la danza propia de la suite clásica, que suele ensamblarse, lenta, entre la corranda y la giga: una zarabanda solemne y triste... un baile solitario, elegante y desolado... algo así como mi propia vida dice. Vida que Ella cuenta (Ella, escrito así, con mayúscula, es la narradora y protagonista) a ritmo pausado, sirviéndose de una prosa que fluye bien y en la que uno halla ciertas máculas que apenas enturbian su transparencia. La historia personal de Ella, hecha a retazos y golpes y lamidas de imperfecciones y recuerdos, de mitos y realidades, de hechos y de nostalgias va tomando cuerpo a ló largo de este centenar de páginas, dibujando el perfil de una treintañera de hoy inmersa en su ámbito natal- -Cataluña- en su ideología rompedora juvenil- -el partido comunista- en su puesto de ejecutiva- -ya madura y responsable- en su condición de mujer liberada- -un divorcio y dos hijos- -y en su militancia femenina y, en el fondo, en su terrible soledad, en su profundo desear desembarazarse de prejuicios y encontrar un lugar tranquilo, un tiempo para hacer confituras o tejer mantas de lana gruesa, un pecho de varón- -no de Alguien, sino de El- -para reposar abandonadamente su cabeza. Desde las conchas de Menorca a las rosas pétreas, desde el mar al desierto, Ella es un péndulo que oscila, incansable, en tanto va marcando sus horas claras, sus horas oscuras, su alegría y su lágrima, su vida, en fin: esa que Ella ama y saborea, ya galopando por un bosque, ya oyendo a Haendel, ya compartiendo con un hombre- -al que no quiere querer- -un atardecer sosegado. Soledad Balaguer llega a la novela con buenas maneras, con lúcida mente, con un bagaje biográfico interesante y biel filtrado. Uno recuerda- -y ella también lo hace- -a Monserrat Roig, como pudiera recordar a Rosa Montero, a la hora de ubicarla en una parcela concreta de nuestras letras, entre un plantel de mujeres que, aun incurriendo en similares encuadres, en paralelas temáticas, tienen mucho camino por delante, mucho porvenir. -C. M