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ABC 30- IX- 1982 Alé COMPAÑÍA DRAMÁTICA JOSÉ M. a RODERO JOSÉ M. a RODERO CHARO SORIANO JOSEVTVO MIGUEL PAXENZgELA TEÓFILO CALLEJA JOSÉ HERVAS VÍCTOR FUElSÍTES Cesáreo Estébánéz Manuel Gomez- Alvarez Olvido Lorente Javier Utacia y ALFREDO ALBA Escenografía: Pablo Gago Vestuario: Matoya del Real Ilustraciones rmís- scaies: Am Dirección: LITIS B í Butaca de patio Rodero vuelve a abrir el teatro Alcázar Moisés Pérez Coteríllo UELVE a abrir esta noche sus puertas el teatro Alcázar, cerrado desde el último día del año 1981 y salvado de la piqueta por el empresario Julián Vinuesa, que devuelve así a Madrid uno de los teatros de mayor sabor y entretenido historial entre los locales escénicos de la capital del Reino. Se trata, pues, de una noche a contabilizar con caracteres de optimismo y titulares de campanillas en una crónica sistemáticamente negra, donde cada temporada que pasa, la ciudad pierde alguna de sus salas teatrales. La apertura corre a cargo de un espectáculo que está también a la altura del acontecimiento, la presentación en Madrid del Calígula de Aibert Camus, estrenada por la Compañía dramática de José María Rodero dentro del programa estival del teatro Romano de Mérida y paseando por los festivales de verano del resto del país. En realidad se trata de un reestreno del memorable espectáculo presentado ya en el teatro Bellas Artes el 2 de octubre de 1962 por la Compañía Lope de Vega, en dirección de José Tamayo, cuyo reparto encabezaba también José María Rodero. La crítica de aquel estreno dijo que la interpretación de Rodero sería difícil de olvidar. V Rodero estuvo inteligente y fascinante. Hipnotizó al público sin impedirle pensar. Algo muy difícil y muy hermoso escribía el entonces crítico de este periódico, Enri- que Llovet. El espectáculo se consideró como uno de los grandes éxitos de aquella temporada, se resaltaron sus virtudes escénicas, aunque a la obra del autor de El malentendido y El extranjero no se la llegó a comprender en su extensión y profundidad, al decir de los comentarios de la Prensa. EL REGRESO DE CAMUS Calificada como obra confusa por parte de la crítica, la obra de Camus encontraba en España una respetuosa aceptación, debido, precisamente, a la seriedad del trabajo de Rodero y a la sobriedad excepcional, en aquel caso, de su director, José Tamayo. Calígula le mereció a su autor ser atado al carro del existencialismo, seguramente por culpa de la coincidencia de su estreno, en 1945, con la eclosión del movimiento que capitaneaba J. P -Sartre. Aquel Calígula, interpretado por el joven Gerard Philippe en el teatro Hebertot, le pareció a la juventud de su tiempo el símbolo y la concreción de la repugnancia que suscitaban ios osarios acumulados en nombre de las más sonoras ideologías. Pero Calígula había sido escrita mucho antes, en 1937, fruto de una crisis personal del autor, que el día de su estreno encontraba ecos y amplificaciones bien distintos. El Calígula de Camus era antes que nada el estudio de un carácter apasionante, el de un emperador razonable y bueno, que inspira la admiración de sus subditos, hasta que la repentina muerte de su hermana Drusila proyecta sobre su vida y sobre su reinado la desgracia y el horror, el vértigo de un mundo sin sentido. Los críticos han visto en el vértigo de Calígula una especie de romanticismo de los actos una huida, caminos del cinismo y de la crueldad. Sus subditos son marionetas aventadas por el dictado de sus caprichos. En esta danza macabra podían ver los espectadores de 1945 una parábola de la gran pesadilla internacional, pintada en Jos caracteres de los periódicos con los resplandores de un apocalipsis. Calígula se convertía así en prototipo de las grandes figuras de la política internacional que habían puesto en el disparadero, en el borde del abismo y de la desesperación a una Europa maltratada por la resaca de dos guerras. Sin duda, esta nueva revisión de la obra de Camus va a ofrecer a los espectadores españoles, tan alejados de aquella torturante experiencia histórica, nuevos argumentos de reflexión y sentidos escondidos en un texto lleno de sugerencias que se resiste a ser tomado como arqueología. ENTRE LA RENOVACIÓN Y LA SOLERA La programación de Calígula en la reapertura del Alcázar parece indicar un rumbo diferente en la programación y en la solera del veterano teatro madrileño, una programación en la que parece primar el sentido cultural sobre él meramente crematístico. Si algo definió al Alcázar en sus últimos años fue un vaivén constante en la programación y una gran improvisación que desconcertaba al público. Desde las revistas de Celia Gámez o de Zorí y Santos, hasta las comedias de Gómez Bur, pasando por las tragedias o los dramas de Buero Vallejo. El Alcázar abrió hace, cincuenta y siete años con Madame Pompadour una fabulosa opereta qué quería hacer del Madrid de la época un pálido reflejo del París mundano y cosmopolita. La dirección de esta nueva versión de Calígula pertenece a Luis Balaguer, que ha contado con escenografía de Pablo Gago e ilustraciones musicales de Antón García Abril. En el reparto, además de José María Rodero, figuran Charo Soriano, José Vivó, Miguel Palenzuela, Teófilo Calle, José Hervás, Víctor Fuentes y Alfredo Alba. En la dilatadísima carrera profesional de Rodero, el título de Calígula figura entre los mejores espectáculos, al lado de Luces de bohemia de Ramón del Valle- lnclán; El tragaluz de Buero Vallejo, o Los emigrados de Mrozeck, interpretado en un verdadero duelo con el desaparecido Prada, y La historia de un caballo adaptación de un relato de Dostoievsky, en el que la crítica resaltó su enorme vitalidad en un trabajo que exigía todos los riesgos al lado de los más jóvenes actores. Rodero consiguió con su último trabajo una enorme cosecha de premios.