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SÁBADO 18- 9- 82 LA FIESTA NACIONAL A B C 49 Segunda corrida de la feria de otoño Entre todos la matamos y ella sola... MADRID (Vicente Zabala) El día resultó aciago para los organizadores de la feria de otoño. Todo les salió mal. De principio a fin. Como si les hubiera mirado un tuerto. Mil veces mejor hubiera sido que el cielo, olvidado de la lluvia desde hace tanto tiempo, se hubiera deshecho en lágrimas. Un millón de veces mejor la suspensión que un festejo al que el gran público volvió la espalda y la afición, malhumorada, pese a lo ancho que se estaba en la plaza... encontró sólidos pretextos para la protesta, porque todo salió fatal. A través de la corrida de la Prensa yo he vivido la experiencia de los toros de Cuadri. La muy encastada ganadería de don Celestino nos hizo la fechoría, consecuencia de su fiereza, de estrellarse contra los pilarotes, derrotar contra las puertas. Resultado: pitones rotos, cambios, sustituciones. Son pendencieros y agresivos. Se arrancan a una mosca que vuele. A Chopera le costóla broma en el desencajonamiento tres toros. Mala suerte, muy mala suerte, la del ganadero onubense. Se zumban entre ellos. Son la reoca. Y para que todo saliera mal, para rematar el día gafado, los toros que, salieron- -ocho en total- -renquearon mucho, arrastrando los cuartos traseros, provocando la protesta e indignación de los grádenos, culpando al empresario, insultando al presidente, pidiendo la cabeza de los veterinarios, en. fin, todo eso que ocurre cuando las cosas se gafan y salen rematadamente mal. IMPOSIBLE. En la plaza sólo estaban los cabales La frialdad del mucho cemento sin cubrir hizo que los asistentes tuvieran más ojos que un queso de gruyere Y lo más grave es que les asistía la razón, culminando la película con la aparición de un toro claramente lesionado de la columna vertebral, que andaba al bies, inmediatamente devuelto a los corrales por la presidencia. Así que vimos, a golpe de sustituciones, de antes y durante la corrida, toros de Cuadri, dos, bravos y con clase, los dos mejores de la tarde; toros de Chopera, otros dos, el cuarto muy aplaudido en el arrastre por sus largas arrancadas al caballo, pero escarbador y soso, aunque noblote; y dos de Terrubias, mansos, broncos, peligrosos, con ese sello de sobreros impenitentes. ¿JUSTICIA? No soy adivino. Desconozco cómo transcurrirá el resto de la feria de otoño, pero tal vez el empresario, de seguir así la racha- -por la fiesta, Dios no lo quiera- -y ante el cariño demostrado por un sector del público, a lo peor la feria de otoño pasa a mejor vida. Una cosa es que las cosas salgan mal, rematadamente mal- -aquí no se oculta nada- -y otra muy distinta es ese afán de querer ver todo negro, sin ningún factor positivo, maltratando incluso a toreros que no han dudado en dar la cara en Madrid cuando nadie quiere venir, a fin de temporada. Los tres matadores salieron muy decididos. No se reservaron en ningún momento, jugando sus respectivas bazas con la mejor voluntad. Nadie tiró líneas Los tres hombres jóvenes salieron a jugársela. A Emilio Muñoz, por aquello de estar en todas las ferias, no se le reconoció nada de lo bueno que hizo. Su seguridad, su bien estar en la plaza, su sentido del temple, especialmente en el toro de Chopera, noble, pero muy soso, que no transmitía. Por negarle al mozo de Triana, se le regateó hasta la ovación grande que un volapié- ¡ay, la suerte suprema! -siempre arrancó de las manos de los entendidos de verdad. Dos series con la mano izquierda muy ligadas y los pases de pecho fueron sencillamente magníficas. No las quisieron ver. No querían desfruncir el entrecejo. Cuando ya no quedan salidas, cuando el callejón llega al final, quieren poner un muro. Nada ni siquiera rejas para que entre un rayo de luz. La cosa iba mal. Pero había quien parecía disfrutar, con quererla hundir más todavía. No se puedo torear más cerca de lo que lo hace Paco Ojeda. El de Sanlúcar se pasó al bravo- toro de Cuadri, que iba bien por él izquierdo, con una emoción angustiosa, de au- téntica figura del toreo. Y acabó sometiendo también por el pitón derecho. Faena de oreja, que deslució con la espada. Pero en los momentos de mayor entrega no gozaba de la re- ciprocidad de lá gente, que no apreció en su verdadera valía la decisión de este diestro, que, le pese a quien le pese, debe ser figura del toreo, demostrando que para abandonar el papel segundón, de modesto sólo hay que hacer una cosa: arrimarse, pero arrimarse con esa personalidad ¡eh! El otro era de Terrubias. Un buey. A ése ni Joselito. Luis Reina derrochó voluntad, mucha voluntad con el de Chopera, al que mató mal. Y anduvo heroico y descerebrado con el de Cuadri echándole mucho corazón, más corazón que clase. Escuchó un aviso en aquél y fuerte ovación en el sexto. Malos principies para la feria de otoño. Vamos a ver si entre todos, con la mejor voluntad, por la fiesta, sólo por la fiesta, conseguimos que la temporada en Madrid no acabe en San Isidro. Cada cual, desde su sitio, debe intentar que esta feria de otoño sea una gozosa realidad. Salen los bueyes. No consiguen, como casi siempre, su propósito. Mientras tanto, el toro inválido de Chopera se suicida contra un burladero. Agapito, en acción. Los petardos de los cabestros contemplan el puntillazo. ¡Qué tarde, Dios mío! Paco Ojeda estará el año próximo, no lo duda nadie que sepa de esto, en todas las ferias importantes (Fotos Botan)