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VIH A B C ESPAÑA 82 MIÉRCOLES 7- 7- 82 Mario Vargas Llosa Un partido para la memoria Será ún partido que recordaremos, del que hablaremos todavía cuando hayan pasado muchos años y sus principales protagonistas sean sólo nombres vinculados a la mitología del, fútbol. Un partido que vimos con el corazón acelerado, en vilo, como algo electrizante y dramático, y cuyos espectadores, tanto los abrumados con la derrota del Brasil como los exaltados con el triunfOvde Italia, tendrán siempre por el más emocionante y el de mayor excelencia futbolística que ha visto este Mundial. Estos son los contrastes y paradojas del balompié: nada está escrito y la lógica se triza como un cristal. El mejor equipo de la Copa, el que partido a partido había venido exhibiendo el fútbol de calidad más elevada y consistente, cae derrotado, en un encuentro inolvidable, por una escuadra que, luego de unos comienzos mediocres y decepcionantes en la primera vuelta, había venido mejorando progresivamente hasta crecerse y demostrar qSe podía medirse con los más grandes de igual a igual y vencerlos. Fui al estadio de Sarria con la seguridad de que los brasileños ganarían, pero, apenas ocupé mi lugar en la tribuna y vi el estadio al tope, repartido entre esas dos barras animosas y multicolores, encrespadas de vítores, bocinas, bombos y banderas, tuve el palpito de que algo sorprendente podría ocurrir. Estaba en el aire caliente y pegajoso, en la expectativa de la gente, en la convicción rotunda de los hinchas de ambos bandos. Y en ese momento supe, con certeza total, que ganara quien ganara el partido sería memorable. Sería una injusticia clamorosa decir que la escuadra de Enzo Bearzot ganó el partido porque la de Tele Santana jugó mal. Lo cierto es que, con excepción de algunos fallos de Serginho, y de una cierta abulia de Waldir Peres- -el portero es el más débil eslabón del equipo- Brasil jugó magníficamente. Con la maestría y el pundonor de un campeón, luchando hasta el último instante por cerrar la ventaja que le sacó en tres ocasiones el once italiano. Lo consiguió por dos veces merecidamente. Pero Italia anotó el tercer tanto y supo replegarse y resistir, con recursos dé buena ley, hasta lograr esta clasificación, que más todavía que un triunfo sobre Brasil significa la recuperación para Europa de un cetro futbolístico que se hadaba en Iberoamérica El partido no tuvo un instante de abulia, anarquía o mediocrididad. Las acciones se mantuvieron todo el tiempo en el nivel más alto, abundaron los tiros a los arcos, las jugadas inteligentes, las cambiantes primorosas, y no hubo más brutalidad de la tolerable. No se puede hablar de un dominio de juego por alguno de- los adversarios, pues, aunque tal vez la pelota estuvo más tiempo en el campo italiano- -sobre todo, en el segundo tiempo- ios contraataques de Italia fueron mucho más numerosos y más rápidos, y también lo más deslumbrante de la tarde. Si hasta ahora la figura de esa delantera italiana había sido Gonti, el gran señor y maestro de este partido fue Paoio Rossi, otrora legendario, y que en la primera fase había interpretado un rol bastante pobre. Hoy estuvo lleno de ideas, de ímpetu, veloz, efectivo, fulminante en los remates, escurridizo en el regateo, potente a! patear y astuto al cabezear. Sin desmerecer a sus compañeros, que jugaron todos admirablemente, Rossi fue el alma de este cuadro que se agigantó de manera increíble en relación con sus actuaciones anteriores en el Mundial. Con una- misión muy clara a cuestas, la de permanecer adelantado en todo momento, a fin de sujetar, retrasados, a los defensas brasileños y servir de ariete en tos contragolpes de su cuadro, Rossi cumplió su cometido de maravilla, pero no se contentó con ello, fue también un esforzado que de cuando en cuando bajaba a buscar el pase hasta su propio terreno y desde allí ponía en movimiento a Graziani, Conti o Tardelli en ofensivas relampagueantes y demoledoras. Los tres goles que marcó, y que destellarán, sin duda, mucho tiempo con una luz celestial para los italianos, y un fulgor de infierno para los brasileños aficionados al fútbol, son un premio justísimo y una demostración concreta del magistral partido que jugó el delantero italiano. Los comentaristas registran los ataques y contraataques de la tarde, la estadística probará que el equilibrio reinó casi todo el tiempo, y que si Italia ganó fue porque Brasil no tuvo nadie que contuviera a un Rossi y, en cambio, Italia tu va a un Gentile que no anuló a Zico, pero sí lo disminuyó considerablemente. Y esta vez- -a diferencia de lo que hizo en el mareaje a Maradona- -con más elegancia y destreza que violencia. Pero también e ¡desempeño de los guardametas fue un factor decisivo a la hora en el resultado. Después de Rossi, el otro monstruo italiano de la cancha fue Zoff; quien, a la postre, resulto más efectivo a la hora de contener la ofensiva brasileña que el célebre catanaccio defensivo de su cuadro. No falló, ni dudó, ni se puso nervioso una sola Paolo Rossi, el héroe de Italia, intenta rematar un balón que atrapa el portero brasileño, Waldir Peres. (Foto Carchenilla. vez. Los goles que le metieron Sócrates y Falgao sólo eran atajables con ayuda divina. Pero, en cambio, le vimos parar casi milagrosamente dos mortíferos chutazos de Falgao, otros dos cabezazos de Sócrates, salir siempre con oportunidad y despejar hábilmente con ios puños cuando las circunstancias eran críticas. Waldir Peres, por su parte, estuvo nervioso, inseguro y, sobre todo, apático. De tos tres goles que encajó, uno al menos era evitable si hubiera mostrado mejores reflejos. Y, -bueno, con el desenlace del partido de esta tarde, el Mundial cambia de tónica de composición y de color. Echaremos de menos a los brasileños, no sólo a sü fútbol vistoso y creador, sino también a la alegría de esa torcida que encendía las tribunas y las calles de España con su música, sus bailes, su buen humor a prueba de todo (incluidas, esperamos, las derrotas) y, por supuesto, que nos apenara no ver más, en los partidos que faltan, esa cometa mágica que salía de la torcida y se paseaba a ritmo de samba sobare la cancha animando subrepticiamente a sus jugadores. Pero ni siquiera los que esperábamos el triunfo de Brasil debemos ponernos tristes. El fútbol es el fútbol y hemos visto que lo que más admiramos en el cuadro brasileño puede lucirlo Italia cuando quiere: Ingenio y garra, imaginación y destreza, alegría y potencia. Toquemos madera para que en los partidos que le falta jugar, Italia sepa estar a la altura de esa responsabilidad que con tanta valentía y talento ha conquistado en esa tarde histórica.