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VHI ABC ESPAÑA 82 MARTES 6- 7- 82 Mario Vargas Llosa Cándido El fútbol de pelota cuadrada El equipo de la Uniórt Soviética. es uno de los poderosos que hay en el mundo del fútbol. Gana con frecuencia partidos internacionales, amaga los puestos de honor en los campeonatos y uno de sus jugadores- -Blokhtne- -fue designado, no hace mucho, el mejor futbolista europeo def año. Sin embargo, el fútbol que practica el cuadro de la URSS crispa los nervios o aburre soberanamente. Es un fútbol para el marcador y, acaso, para los jugadores, pero de ninguna manera para el público. Por eso, el empate de los soviéticos con Polonia, en el Camp Nou- -con lo cual la URSS queda eliminada de las semifinales- -tiene una significación estilística que vale la pena tomar en cuenta. ¿Este tipo de fútbol es una característica nacional o una preferencia particular de Constantin Beskov, el entrenar soviético? Ojalá fuera lo último, más subsanable que lo primero, pues, como se ha visto aquí en Barcelona, en los encuentros de la URSS con los belgas y los polacos, es un fútbol én el que ta imaginación y la creatividad brillan por su ausencia, árido, opaco, mecánico algo que está mucho más cerca del billar o las maniobras militares que de ballet o la feria: todo lo que hay potencial mente de fiesta y de espectáculo en el fútbol ha sido suprimido en beneficio (supuesto) del rendimiento. No es imposible que este fútbol desencarnado, logarítmico, sin gota de alegría, que rehuye toda forma de malabar e improvisación como síntoma de debili dad, termine por imponerse un día como el más adecuado para hacer (o evitar) goles. Pero mientras más lejos esté ese día y sigan apareciendo en el mundo equipos que practiquen un fútbol que, sin dejar de ser eficaz, sea también de adorno y fantasía- -un fútbol exhibicionista- -tanto mejor para nosotros. El fútbol frío de los soviéticos no impide que én su selección haya algunas figuras de excepción, claro está. La más notable de todas: el guardameta Dasaev, a quien muchos consideran el mejor del Mundial. No hay duda que a sus grandes condiciones se debe que la URSS haya encajado apenas cuatro goles en sus cinco partidos de la primera y segunda vuelta. El domingo salvó su valla, por dos veces, en circunstancias muy difíciles; la primera, en el minuto treinta y siete, ante un cañonazo de Buncol de tiro libre, y, la segunda, a los veinte minutos de la parte complementaria, volando a ras de césped para atajar un disparo homicida de Boniek. Largo, flaco, algo curvo- -como una tímida interrogación- de reflejos rapidísimos, de una seguridad sin fisuras, los tiros scoritra su arco rara vez lo encuentran mal colocado. Casi imbatibte por alto, gracias a su estatura y agilidad, cuando estira esos brazos interminables que tiene o corre frente a su portería hace pensar en una araña de extremidades esbeltas. Sus atajadas fueron, sin duda, lo mejor que mostró el cuadro de la URSS en España 82. La Otra estrella de la escuadra es Blokhine, un puntero izquierdo, que, ep realidad, es un jugador orquesta, pues patea tan bien con la derecha como con ta izquierda y puede llenar cualquier puesto. Corre como una centella y es muy suelto- -se te ve por todas partes- un trabajador empeñoso. Pero contra los polacos estuvo inefectivo, confuso, carente de la indispensable convicción. Todo el cuadro soviético, en verdad, mostró una secreta apatía y, como lo ha escrito un comentarista, dio la impresión de una máquina que, debido a un desperfecto, funcionó al tercio de su poder. En un estilo dé fútbol como el que practican los soviéticos sólo el guardavalla parece en condiciones de tener iniciativas y descollar como jugador individual; los otros desaparecen en la táctica, son instrumentos de un plan que, si es bien ejecutado, ios borra Gomo individuos. Las jugadas valen, en (este caso, más que sus autores. Un ejemplo. A los pocos minutos de comenzado el partido contra Polonia, en el primer avance de los soviéticos, vimos a Shengelia correr muy rápido con el balón, al sesgo, desde el extremo hacia el centro, y, súbitamente, con un golpe seco sin detenerse, parar la pelota de modo que Oganessian, que subía por el centro, pudiera rematar como quien cobra un tiro libre. Pues bien, conté seis jugadas idénticas, y es probable que haya habido más a lo largo del partido y todas ejecutadas por distintas parejas de jugadores. En las antípodas del fútbol brasileño, donde el individuo prevalece sobre el conjunto, en el estilo soviético la organización es siempre la reina. El partido debía haber sido bueno: vibrante, tenso, de buen fútbol. Las circunstancias no po- dían ser más propicias. Se decidía el paso a las semifinales, bastaba un empate a los polacos para eliminar a tos soviéticos, era lógico suponer que éstos saldrían a la cancha a atacar con mucho brío. Nada de eso ocurrió. Fue un partido gris como un ratón, lleno de episodios anestésicos, Con un solo delantero en Fin de fiesta Los que acostumbramos a llamar calamidades como acostumbramos a llamar verde al árbol, dura a la piedra y húmeda al agua, saltaron al campo para completar frente a los ingleses la historia de un error. La historia de un error con el- endurecido pollo Porta en el fondo y una estructura simbiótica deporte- negocio sirviéndole de alcahueta. Como esta vez no hubo gol en frío 1, los españoles pudieron empatar a cero. La filosofía del gol en frío pasará a las antologías como uno de los grandes logros del pensamiento humano. Por desgracia las veces que hubo gol en frío fue en contra. La tesis de Santamaría es que si en vez de recibir los españoles un gol en frío lo reciben sus contrincantes, el mundo sería otro. Es como decir: dadme el éxito, pues teniéndolo, me haré digno de él. Parece una cosa de Nietzsche. Muy poco antes del fin de fiesta en el Bernabéu pudimos ves á los brasileños y a los italianos dar una lección dé fútbol. Ese partido fue una demostración de cómo se vertebra este juego, de cómo en el centro del campo nace el impulso para el avance que llega asi tejido al área. Por el contrario, Santillana y Satrústegui llegaban como los antiguos exploradores del Polo Norte, desasistidos, exhaustos y condenados a perecer entre los hielos. Así una y otra vez, aunque durante algunos momentos del segundo tiempo Zamora logró enlazar con eficacia. Entonces los españoles jugaron de manera pasable. En cuanto a un individuo o a un equipo de fútbol le funciona la columna vertebral, se pone de pie. No es nada asombroso, es el mero organismo. Ahora bien, Santamaría sigue considerándolo un milagro de la Naturaleza. V De todos modos jamás se ha visto tanta torpeza en las entregas. Si Miguel Strogoff llega a hacer entregas tan malas como los jugadores españotes, nunca hubiera llegado a ser correo del Zar. De las entregas al contrario vinieron los peores momentos para la peña de amigos de Santamaría. La sancta simplicitas del medio campo español y la imprecisión por definición en las entregas fueron también esta vez las características de nuestro fútbol. Los jugadores alemanes estaban en la tribuna. En el campo, frente a los españoles, una cosa que antes llamaban la pérfida Albión y que de pérfida no tiene sino los colores negros y amarillos del traje del guardameta, que son colores de mal fario, por to menos según los andaluces. Como se sabe, ante Inglaterra siempre hay que vengarse de algo. Y si es verdad, como aventuró Swift, que los hombres son reconocidos en la proporción en que cultivan la venganza, la ocasión no podía ser mejor. Nada. Y a todo esto Calvo- Sotelo en la tribuna, con la que ha probado una vez más que te gusta despedir los duelos. Ahora, éh el cultural, Pablo Porta y Emitió Santamaría deberían cantar el dúo de La Africana. la punta y el resto de sus hombres aglomerados en la línea media y la defensa, ¿la URSS jugaba a defender qué cosa? Los silbidos del público despidieron a los contendientes al terminar el primer, tiempo, indicando la contrariedad y la decepción de todo el mundo. Y, sin embargo, el encuentro se inició con mucha animación en las tribunas, donde los hinchas polacos eran la gran mayoría, aunque también había grupitos que apoyaban a la URSS. Al terminar el segundo tiempo, que fue todavía más inane y letal, en el estadio ya no había hinchas de ningún bando, sino aficionados bostezantes y con comezones. Por encima o por debajo de los jugadores soviéticos, sus silbidos protestaban contra un estilo de fútbol: el fútbol mecanizado por la estrategia, de jugadores programados como robots. Polonia pasó a la semifinal porqué consiguió el empate sin goles, ¿pero dónde estuvo ese equipo polaco al que vimos fosforecer, hace seis días, en bellos contraataques relámpago contra los belgas? Una comprensible prudencia mantuvo al cuadro del entrenador de nombre impronunciable- -Piechnieczek- -replegado sobre su campo y su defensa supo siempre cerrarse en las situaciones de peligro. Pero el nerviosismo de todo el equipo fue manifiesto, y hasta Lato, ei hombre tranquilo y experimentado, falló pases, tiró mal y vio fantasmas por doquier. Fue un partido que parecía la ilustración de una anécdota que me contó mi amigo Alfredo Machado, un brasileño que es editor de profesión y futbolista de corazón. Se la había oído a un jugador de su pafs, que se quejaba así de Otro: Yo le paso unas pelotas redondas, y él me las devuelve siempre cuadradas. Eso es lo que los soviéticos nos brindaron en el Camp Nou, con la adquiescencia polaca: un partido de fútbol de pelota cuadrada.