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SÁBADO 3- 7- 82 ESPECTÁCULOS ABC 51 Variedades Canción Música XXXI Festival de Granada Ray M e s viejo amigo Unos cuatro o cinco mil veteranos ele todas las conquistas y hasta de legiones extranjeras se juntaron la otra noche en el madriteño Palacio de Deportes para ver a Ray Charles, viejo amigo. Parece un lema de vaqueros, y en verdad que no hay yerro en el supuesto, porque de ganado vacuno, que es el más bruto, habría que hablar si lo hacemos de algún individuo perteneciente a los servicios de seguridad que los organizadores de la cosa dispusieron para que el distinguido público, que había dado dos mil pesetas por tener las puertas francas, no se moviera de sus asientos. Teniendo en cuenta que la tal organización anda alrededor del Cultural con el que piensan regenerar a este bien amado pueblo, todo cuadra, salvo los propósitos, porque, según los latinos, culturar es cultivar, pero espíritus, no champiñones. (Y a ver ahora cómo los responsables, si los hubiera, le explican al fotógrafo de la agencia Efe que fue agredido las declinaciones que vienen en su florilegio. Mucho turista en las gradas y sudor con el que podían haberse llenado muchas orzas, y eso que las filas andaban flojas. Al final del concierto, que había empezado una hora tarde, entre los dineros y el peso perdido, los hombres no reconocían a sus mujeres y las mujeres, con el unte tan corrido, no reconocían ni sus años, y nadie celebraba santo. Los músicos, uniformados, debían tocar el saxo con mango, por no derretirlo, y la luminotecnia, pobre, fue compensada por la gran falla de truenos y de relámpagos que se colaban por el techado del Palacio. Tardó en aparecer el viejo Ray, que fue precedido por una larga exhibición de los hombres de su or questa y un descanso bien aprovechado para acabar con los pilones de cerveza. El genio fue recibido con salvas de todos los sentimientos bien envueltos, y así fue presentado el show: Ray Charles, el hombre y sus sentimientos. Chaqueta de fósforos encarnados y el piano. A su izquierda, la orquesta. A su derecha, el auditorio, que pedía silencio porque no alcanzaba los sonidos. Las ráfagas de entusiasmó arreciaban o decrecían según conectaran las canciones con la memoria, -como ocurrió con Georgia on my mind, pero sólo hubo carne de gallina con esa fabulosa versión que Ray Charles interpretaba del Yesterday, de Paul McCarney. Después, un perceptible apagón de ánimos hasta que salieron a escena The Raelettes. Señoras y señores, si queréis que introduzcamos a las dulces Raelettes, introduzcámoslas: una, dos, tres, cuatro y cinco dijo Ray. Y aparecieron las cinco formidables mujeres negras. El show de Ray Charles- el hombre y sus sentimientos -ya estaba servido en Madrid, sin que los organizadores hubieran podido acabar de una vez por todas con la cultura. Pero la gira de la música del alma sigue en Alicante, San Sebastián y Palma de Mallorca. -lgnacio RUiZ QUINTANO. Gran recital de José Carreras y conmemoración del aniversario de Angei Barrios GRANADA (Antonio Fernández- Cid) Un recital de José Carreras siempre constituye acontecimiento artístico, y si a ios granadinos les falta el hábito de estas sesiones con protagonista masculino, iá fuerza del cantante ha de imponerse, como se impuso, en el bellísimo Palacio de Carlos V, fondo tradicional de las veladas sinfónicas, donde las ovaciones últimas echaban lumbre, quizá para ponerse a la par con e! terrible calor diurno y con el bastante más grato que imprime a su voz, a su línea y expresión el gran tenor, una de las figuras indiscutibles del envidiable presente vocal español. pertorio vocal español de concierto que tan raramente se oyen con voz viril y que, en líneas generales, resultan muy aptas para este vehículo. Carreras las siente y plantea muy bien, sobre todo El paño moruno la Asturiana y la Canción En el Polo faltó un punto de sabor y desgarro andalucista. En la Nana sobró un calderón, que empaña su pureza y la medida no fue infalible pero, en conjunto, los resultados cabe calificarlos de sobresalientes. Muchas veces me he referido a las características de José Carreras: a la enorme belleza de su voz, la comunicatividad persuasiva, la anchura del fraseó nobilísimo, la clase en el timbre y la expresión. También a que sus agudos, incluso en programas como éste donde el empleo es relativo, adelgazan un poco la materia y la calidad persiste, pero no tan excepcional como el centro y graves. Pienso que aquél y éstos han cobrado más redonda grandeza, quizá porque se abordan repertorios menos líricos de lo que, en principio, nos parecería ideal. Pero, insisto, e) comentario se plantea con el punto de partida sólo posible con un grande, grandísimo tenor. José Carreras Concluido el recital, no sin hacerse rogar mucho pero muy simpáticamente, Carreras Carreras (al que además pudimos escuofreció un Adiós a la vida que fue suchar esta vez, por feliz reemplazo del pianista brayado con ovaciones frenéticas, y una cananunciado al principio, con el magistral apoyo ción napolitana que creo muy difícil que de Miguel Zanetti, ducho y artista) confecpueda cantarse mejor, con más belleza de cionó en dos partes el programa y reservó timbre, línea, temperamento y expresividad y toda la segunda al repertorio español. que puso rúbrica triunfal á la actuación. La Antes, bloques de Massenet, Respighi y coda se recogió después en los unánimes Tosti. Delicado, amable en el curso el pricomentarios entusiastas. mero, del qué destacaríamos la preciosa forma de brindarnos la ideal melodía de su Por la tarde, en el Auditorio del Centro Ma Elegie dé muy líricos perfiles y lucimiento nuel de Falla, Antonio Gallego Moreli, comisavocal Tosti, de cuyas cuatro páginas resaltario del Festival y personalidad granadina, leyó ron Non t amo piü y el romántico vuelo de una espléndida y ceñida conferencia en la se Aprile pero mis preferencias se inclinan a sión de homenaje a la figura de Ángel Balos dos ejemplos de Respighi, sobre todo al rrios, en el centenario de su nacimiento. Por conmovedor, profundo, penetrante dramasu documentado trabajo desfilaron referencias tismo de Nebbie tina canción modelo que al momento, a Ganivet y la Cataluña fin de tuvo traductor en consonancia. siglo, al viaje a Granada de Rusiñol, pintor de Dos deliciosas páginas de Federico MomGeneralife y Alhambra. Habló del Cau Ferralt pou que Carreras, catalán de nacimiento y y la Cofradía del Avellano, de Eugenio d Ors, corazón, dijo con emocionada convicción, cantor de la Taberna de Polinario, en cuyo precedieron a tres de las que integran el ambiente nació Ángel Barrios. Poema en forma de Canciones de Joaquín En torno ai músico surgen glosas que Turina. La versión, por la claridad del fracaso, abarcan a Falla, en sus primeros contactos, y la pureza del texto y el sentido, tanto como definitivas vinculaciones a Granada; conexiopor cultísimos y delicados momentos de emi- nes de los dos artistas, recuerdos al concurso sión, cabe consideraría de verdadero home- de Cante Jondo, citas de obras de Barrios: naje en el año del centenario del músico sevióperas- -desde El avapiés estrenado en llano. El Real- zarzuelas, páginas sinfónicas, Por fin, las Siete Canciones Populares piezas de piano y guitarra en líneas del mejor de Manuel de Falla, esas siete perlas del re- resurgimiento de la música española, bañado el artista en la atmósfera de la calle Real de la Alhambra, de su padre y la Taberna citada donde Ángel rasguea la guitarra para don Manuel... El mejor complemento lo brindó José Luis Rodrigo, excelente de calidad, estilo, sensibilidad y buen gusto al ofrecemos un ramillete de obras guitarristteas de Ángel Barrios y reSecciones de ABC dondear así un homenaje cálido al que todos cooperamos con nuestros aplausos. Esté atento a las firmas