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22 ABC SÁBADO 3- 7- 82 Recuerdo y testimonio Escritores en el tiempo Tanto en el mundo del arte como en el de la literatura hay firmas que, cíclicamente, saltan a la actualidad por diferentes razones. Limitándonos únicamente a ésta última, traemos hoy a nuestras páginas al gran lírico Luis Rosales, con motivo de la publicación de uno de sus últimos libros de versos y cuya obra comenta José Asenjo Sedaño; a José Selgas, en una sentida evocación de Eusebio Aranda, quien recuerda el centenario de su muerte que ahora se conmemora; y a Benjamín James, a quien Antonio de Obregón rinde tributo de amistad y admiración en un breve texto que, por cierto, reprodu. ee una carta inédita a él dirigida por José Ortega y Gasset hace treinta y cinco años, interesándose por el estado físico del autor de- El profesor inútil a la sazón de México, falto de salud y de dinero Centenario de Selgas Por Eusebio ARANDA Hace unos pocos meses inauguramos el primer centenario de la muerte del fecundo escritor murciano José Selgas y Carrasco. Nacido en Murcia en 1822, murió en Madrid el 5 de febrero de 1682, a los cincuenta y nueve años de edad. Hijo de un modesto empleado de Correos (que tuvo otros siete hijos) no pudo terminar sus estudios, iniciados en el seminario murciano de San Fulgencio, y tuvo que emplearse pronto en diversas oficinas públicas (una de ellas el, Gobierno Civil, donde conoció a la hija del gobernador, Carolina Domínguez Ruiz, con la qué se casaría años después en Lorca) Pero el escribiente fue también escritor. Y tras unos primeros intentos de claro sabor romántico, dio pronto en la poesía sentimental y moralizante que imperaba entonces. En 1849 tenía casi compuesto su primer libro de versos, publicado al año siguiente con el título de La Primavera Fue en Madrid, a donde llegó Selgas, llamado por su ilustre mecenas Luis José Sartorius, conde de San Luis, ministro de la Gobernación en el Gabinete que presidía Narváez. Allí obtuvo Selgas un importante destino y allí siguió escribiendo versos hasta publicar en 1853 su título: El estío en la misma línea que el anterior, y dentro de un buen trazado plan de estaciones del año que af fin quedaría truncado. En 1854, con el bienio progresista, perdió Selgas su empleo y cambió el verso por la prosa. Prosa breve y mordaz en forma de artículos periodísticos. Fue famosa su colaboración en El padre Cobos que acabó con el Gobierno de Espartero. Hasta 1879 no volvió Selgas a publicar más versos Flores y espinas mientras se sucedían los volúmenes de artículos, que fue prodigando con singular éxito en los más famosos periódicos de la época. La Gorda fue otra experiencia, similar a la de El padre Cobos vivida tras el destronamiento de Isabel IL en 1868. Elegido académico de la Española en 1865, no leyó su discurso hasta 1874, porque el tema elegido Influencia de la filosofía, de la política y de la industria en la corrupción de la lengua castellana había sido considerado político, cuando lo presentó en 1869. Se llegó a decir que su lectura podría suscitar graves contradicciones y conflictos Diputado a Cortes desde 1866 hasta 1868, fue subsecretario de la Presidencia, durante nueve meses, en 1979, en el Gobierno presidido por el general Martínez Campos. Cánovas del Castillo lo nombró hoy- una atenta locura. Se salvan, en todo caso, algunas narraciones cortas de las colecciones tituladas Historias contemporáneas Escenas fantásticas (especialmente La mariposa blanca que mereció dos ediciones en Estados Unidos, con notas y vocabulario: New York, 1910, y Boston, 1921) y Mundo invisible (con Mundo, demonio y carne Rayo de sol -de claras resonancias becquerianas- -y Dos muertos vivos De Mundo invisible dijo Azorín en 1934 que una reedición sería acópecialmente de los publicados en el votumen titulado Hojas sueltas Pero Selgas justifica su presencia en la historia de nuestra literatura- -aunque sea en letra pequeña como dijo Francisco Alemán- -por su obra poética. Lo que pasa es que pocas veces se ha destacado como merece su faceta de periodista. Sólo dos volúmenes de versos, con cuatro títulos La Primavera El estío Flores y espinas y Versos postumos fueron suficientes para incluir a Selgas en la generación de poetas posrománticos, que salió a la escena pública a mediados del siglo XIX Su nombre alterna casi siempre con otros de segunda y tercera fila, entre el romanticismo y el modernismo, sin descartar en ello elementos de una y otra tendencia. Recordemos a Arnao, Trueba, Escosura, Eguílaz, Tassara, Pastor Díaz, Ruiz Aguilera, Ros de CHano, etcétera. Época de transición, muy endeble literariamente. Dice Azorín: En una época en que la poesía es énfasis, ampulosidad y hojarasca, Selgas sonríe, sonríe lentamente, toma ta pluma y escribe unos versos tan claros, tan diáfanos, tan etéreos que se leen como en un soplo y nos dejan la impresión de que no hemos leído nada. Pero los versos, como una leve aura, han entrado en nuestro espíritu De ahí, tal vez, el éxito de Salgas. en su tiempo. Su famosa poesía La cuna vacía ha figurado siempre en todas las antologías. Y acabamos con Selgas, el hombre. Conservador siempre en política de ideas muy de derechas dice Dámaso Alonso) insobornable en sus convicciones católicas, hombre de bien hasta la austeridad y el ascetismo. Como hombre valió más todavía que como poeta, novelista y escritor satírico dijo en 1932 su nieta María Josefa Agius Selgas. Lástima no poder dar aquí, en esta apretada nota de síntesis, el magnífico retrato que de él hizo su compañero de academia y famoso novelista, Pedro Antonio de Alarcón. después vocal de una importante Comisión de beneficencia. A su muerte, en 1882, la Real Academia Española costeo su entierro y funeral y promovió la edición nacional de sus obras en trece volúmenes: dos de poesías, cinco de artículos y seis de novelas. (Selgas escribió, además, cuatro obras de teatro de muy irregular mérito. A la unánime convocatoria para esa edición nacional la llamó Azorín Un acto de concordia én un memorable artículo (ABC, 11 de marzo 1946) Con ser la más abundante, (a obra narrativa de Selgas es la más endeble. Sus relatos novelados (novelas cortas y cuentos, casi siempre publicados antes en periódicos en forma de folletín) no resisten gida con interés Y de las novelas extensas cabría destacar Un rostro y un alma Una madre y, sobre todas, Nona Y nos quedan el Selgas periodista y el Selgas poeta. Selgas fue un auténtico periodista. Fue redactor, cronista, corresponsal y director de numerosos periódicos. Fue un maestro genial de periodistas. Los motivos a los que Selgas dedicó sus artículos fueron variadísimos: de costumbres, de crítica literaria y, sobre todo, de sátira política, siempre dotados de agudo ingenio, fina ironía y sano humor, y un característico estilo cortado en el que predomina el juego de palabras y la frase hecha. Tampoco sería mal acogida hoy una selección de sus mejores artículos, es-