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VI ABC ESPAÑA 82 MIÉRCOLES 23- 6- 82 Mario Vargas Llosa Cándido Los leones indomables Su entrenador es francés y el fútbol que practican brasileño. Pero ellos son africanos, del Camerún, y, con una pizca de hipérbole, se llaman así mismos los leones indomables. Han sido la revelación dé las eliminatorias del Mundial. Con Argelia y Kuwait, representan, en: este campeonato, unas: regiones del mundo que parecían incontaminadas por el morbo futbolístico, y, antes de que se los viera jugar, eran la cenicienta de España- 82. Los periodistas sólo se ocupaban de ellos por motivos pintorescos para hablar de los brujos, amuletos y mejunjes mágicos con que supuestamente contaban para sobrevivir a esta primera vuelta. Pero ahora no hay aficionado que no hable de ellos con cierto respeto. A diferencia de los kuwaitís, a quienes su mecenas, el dadivoso jeque Al Sheikh Fahad Al Sabah- -quien creó el fútbol del Emirato de su propio bolsillo, pese a que, en verdad, prefiere la hípica, pues tiene en sus cuadras diez caballos- de carrera por cada futbolista- -estofa en dólares con cualquier pretexto, ellos vienen con ¡osjflático contados, y, por ejemplo, en el simpático hotelito de esta playa de Santa Cristina que compartimos, están prohibidos de firmar vales y de pedir extras. El alto nivel de fútbol que han alcanzado resulta sobre todo del entusiasmo con que sé prepara- ron para el Mundial. Sólo siete de sus jugadores- -los que están contratados en el extranjero- -son profesionales. Los que vivien en el Camerún se ganan la vida trabajando en diversos oficios hasta las cinco de ja tarde. A esa hora entrenan y juegan fútbol los domingos y días feriados. Que en esas condiciones estén dando las demostraciones que fes hemos visto tiene mérito (y algo de milagro) A juzgar por! a manera como se desintegraron, respectivamente, frente a Francia y Austria, cabe suponer que los triunfos iniciales de Kuwait ante Checoslovaquia y de Argelia ante Alemania federal fueron esos accidentes o hazañas del corazón que también suceden en el fútbol. Pero los leones jugaron su segundo partido, con Polonia, todavía mejor que el primero, contra Perú, y estoy dispuesto a meter mis manos al fuego dé que se enfrentarán a Italia con idéntica reciedumbre, soltura y malicia. Su fútbol puede llamarse brasileño porque es, como el de los pupilos de Tele Santana, un concierto de individualidades que se conjugan a la perfección, pero sin que ninguna de ellas se disuelva jamás en el ente colectivo del equipo, como ocurre con el cuadro alemán o el inglés, en los que Rummenigge o Robson anotan los goles pero a nosotros nos parece que en realidad los marcan los diez jugadores restantes a través de ellos. Los leones indomables sincronizan muy armoniosamente las acciones, pero, dentro del conjunto, la libertad individual cuenta y cada jugador se diferencia de los otros. Se trata de un fútbol liberal o, estirando la cuerda, social- demócrata, pero nada colectivista ni anarquista. Sus dos estrellas son Tokoto, el puntero Izquierdo, y Milla, el delantero centro. El primero juega en los Estados Unidos y el segundo en Francia, pero combinan como dos hermanos siameses que hubieran jugado juntos desde los tiempos oscuros del claustro materno. Si es cierto, como se dice, que fuera del campo de juego se detestan y ni siquiera se saludan, la concertación malabarística de que hacen gala sobre el césped todavía tiene más gracia. Ahora bien, si hubiera que quedarse con uno sólo de los leones indomables, yo rugiría inmediantamente por N Kono, el guardamenta. Es un señor arquero, el hombre- araña de los tres palos. Lo más notable que se puede decir de él es que tiene un estilo personal, algo bastante frecuente en los buenos jugadores que juegan al fútbol con los pies, pero rarísimo en quienes lo juegan con las manos. ¿Qué ciase de estilo pueden tener tos guardamentas, si dejamos el teatro en él vestuario? Su función es atajar la pelota por arriba, por abajo y por los lados, agazapándose, volando, embocado, y, en las situaciones desesperadas, rechazádola con los puños. Los movimientos indispensables son a fin de cuentas (dejando el histrionismo gratuito a parte, repito) muy semejantes. Forzar el penalty Como al parecer estamos salvados momentáneamente de la maldición del logotipo dé lá primera cadena podemos concedernos un respiro y meditar acerca dé alguno de los profundos conceptos del fútbol. Tenemos de tiempo hasta el viernes. Porque el viernes la selección española debe hacer otro vía crucis, el de irlanda del Norte, con todos los episo dios y estancias dolorosas que ya conocemos, más la estancia del infarto, que es un martirio nuevo. Un hecho del fútbol es el penalty, y un concepto del fútbol, sobre todo del fútbol español, es el de forzar el penalty. Por lo general, el jugador siente la ansiedad del área no tanto para penetrar en ella como para caer. Con el penalty no se castiga al que comete una falta dentro de un espacio determinado, sino que se premia al que cae. Saber caer de un caballo o saber caer de una motocicleta son ciencias infinitamente menos brillantes que la de saber caer en el área. Por ejemplo, tenemos el caso de Alonso en el famoso partido contra Yugoslavia. En ese partido hubo un penalty que es también famoso. Cuando el jugador yugoslavo le hizo la falta a Alonso, Alonso no sólo cayó, sino que previamente imprimió un movimiento de resorte a su cuerpo, algo verdaderamente felino, como el salto de Alvarado, y fue a caer dentro del área. La capacidad atlética que se necesita para realizar esa epopeya sorprendió á la opinión internacional y, de paso, a la nacional. Alonso no solo forzó un penalty, -sino que además forzó la historia. Últimamente esa es la técnica española en casi todos los aspectos de la vida. El Gobierno fuerza a todas horas el penalty, aunque los socialistas no quieran señalar con un gesto imperativo, incontestable, el punto fatídico. Fuerzan el penalty los autonomistas radicales, los partidos, los sindicatos, los empresarios, y sobre todo forzó el penalty Tejero. Nadie quiere jugar. La filosofía sintética y, utilitaria del penalty se ha impuesto en la sociedad española y se ve a unos y a otros volverse escandalizados reclamando el máximo castigo para su contrincante. Ese anhelo nacional del penalty es una falta de paciencia para jugar y tal vez el reconocimiento de una triste impotencia. Todo el mundo quiere marcar el gol de penalty. Y ese anhelo cristaliza espectacularmente en los campos de fútbol como la gran metáfora española. El arbitro es el azar. Y e azar se tienta por si de su enigmático designio nace la facíidad y la fortuna. Pero así no se llega a la final. cerda, el desgano. Uno tiene la impresión de que jamás se mueve del sitio y de que mesmeriza a los delanteros adversarios a fin de que le descerrajen todos los tiros a las manos. Lo que pasa es, por supuesto, lo contraPero el caso de N Kóno es rio: que él está siempre maravimuy particular, como le es su llosamente colocado en la atavío, que parece el de un hipotrayectoria del balón, y como, condriaco atormentado por el además de buena vista, tiene temor a la gripe y al catarro. ¿Ó unos brazos interminables, unas esos pantalones bombachos que manos: plantigradas y una elastiocultan sus larguísimas piernas cidad de gato, uno juraría que son fetichísticos, un conjuró textil siempre retiene los pelotazos contra los goles? El hecho es más difíciles con el mínimo esque no se los quita jamás- fuerzo, De él se puede decir que- -desde la ventana de mi cuarto es un arquero en cámara lenta, lo he visto pasearse con ellos el perezoso del larguero. Si Capuestos, entre las algas y las merún pasa a las semifinales, rocas de la playa de Santa Cris- apuesto que N Kono será uno de tina- -y que a su arco no han los guardametas aplaudidos del entrado goles ni peruanos ni poMundial. lacos (y si entran italianos será Estos leones indomables viecon cuentagotas) nen de un país donde la televisión no transmite en directo los ¿En que consiste el estilo de partidos del campeonato. Los siatajar de N Kono? En dar la iluguen por la radió y en los sión de la apatía, la abulia, la in- artículos de los periodistas que han venido acompañando al equipo. En la delegación hay también cuatro médicos y una cocinera cuyos guisos traspasan las paredes de este hotelito con unos aromas densos y efervescentes que a mí mé recuerdan los chupes y picantes de Arequipa, mi tierra. Hay también, entre ellos, unas guapas señoras con turbantes y túnicas, que son las esposas de los periodistas y delegados, no de los jugadores. Estos han sido alejados- -también ellos- -de las tentaciones femeninas, por esa curiosa creencia puritana según la cual el hombre en estado de castidad está en mejores condiciones para irse al cielo o para meter goles. Parte el alma escuchar los melancólicos gruñidos con que, a la vista de las Jindas galleguitas que vienen a solearse en bikini en la playa de Santa Cristina, los leones indomables recuerdan a sus remotísimas leonas...