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Reportajes Enriqueta Carbalteira, Berta Riaza y Agustín González, personajes sin nombre, perdedores de la contienda. (Fotos: Bielva. Butaca de patio Las bicicletas son para el verano crónica cotidiana de la guerra civil Moisés Pérez CoteriUo S un friso de la guerra civil, una comedia de costumbres que dice su autor, bien entendido que aquéllas eran costumbres un tanto insólitas. Las bicicletas son para el verano está escrita desde la memoria de la adolescencia, una luz oblicua que borra los contornos y desdibuja los perfiles, acercando a la ternura los personajes y haciendo brotar la poesía de las cosas. Fernando Fernán- Gómez, actor excelente y director de buen oficio, estrena esta noche en el escenario del teatro Español su obra que fue premiada con el Lope de Vega. La escribí- -ha contado- -porque en 1975 otra obra mía, La coartada había quedado finalista y el señor Leal, secretario del Jurado, me dijo: ¿Por qué no se presenta usted otra vez? Muchos autores se han llevado el Lope de. Vega a la segunda. Y así fue. Hace muchos años leí, creo que en un artículo de Pérez de Ayala, que el sentido etimológico de la palabra recordar era acercar de nuevo al corazón. Eso es algo de lo que he intentado en este trabajo: acercar aquellos tiempos al corazón, por lo menos al mío. ACERCAR AL CORAZÓN Y ésa es, precisamente, la clave del trabajo de José) Carlos Plaza, como director, al frente de una compañía de veintitrés actores de reparto. Un reparto de lujo con abundancia de los pesos pesados de nuestra escena: Berta Riaza, María Luisa Ponte, Enriqueta Carballeira, Agustín González, Mari Carmen Prendes, José María Muñoz, Pilar Bayona... al lado de jóvenes actores. Un esfuerzo y una pasión, a su juicio desmedidos si se relacionan con los contados treinta días que va a estar la obra en cartel. El teatro Español ha permaneVIERNES 23- 4- 82 cido cerrado al público un mes largo en plena temporada. Pero ésa es una más de las muchas contradicciones de la política municipal en materia de teatro. El presupuesto empleado en este montaje, cercano a los ocho millones de pesetas, incluidos mes y medio de ensayos, hubiera servido para financiar durante una temporada una compañía como el Teatro Estable Castellano- -el TEC- dirigido por el propio José Carlos Plaza, que sigue luchando por sobrevivir. Pero el teatro Español, ahora en manos del Ayuntamiento de Madrid, en poco se diferencia del modelo de los teatros nacionales. En la austeridad y tacañería en la que vive el teatro Español, estos despropósitos producen vértigo. El TEC, que debió ser el equivalente al Teatre Uiure de Barcelona en Madrid, no ha podido tener su local propio, ni realizar el trabajo en continuidad que merecía esperar de sus profesionales, porque a la política teatral del Ministerio y del Municipio les ha faltado visión de futuro, confianza a medio plazo en la profesionalidad y el oficio de sus gentes de teatro. El espectáculo que ahora se estrena, con espacio escénico de Javier Navarro, es una muestra más de esa capacidad de trabajo. José Carlos dice que ha tratado de escapar del melodrama por ese espacio sugerente, casi mágico, donde se encierran las pequeñas miserias y grandezas de unos personajes sometidos a tres largos años de guerra. Hay un cuidado exquisito en la evocación, en el diseño de los trajes que ha realizado Pedro Moreno, en la música y en la luz. OTRA VEZ LA GUERRA Este es el tercer montaje que se estrena en los últimos años con tema de la guerra civil. El primero fue Noche de guerra en el Museo del Prado de Alberti; el segundo, La velada de Benicarló de don Manuel Azaña, ambos estrenos del Centro Dramático Nacional. Pero no es un tema agotado para los escritores de teatro en España. Inéditas siguen las obras como Anarchia 36 de Jerónimo López Mozo, que recoge los enfrentamientos entre comunistas y anarquistas durante la contienda; Como reses del mismo autor, en colaboración con Luis Matilla, un proyecto escrito para el Teatro del Matadero de Murcia, que nunca pudo llevarse a cabo, y El camarada oscuro de Alfonso Sastre, una de sus tragedias complejas que abarca no solo la guerra, sino el dilatado período que media entre la independencia de Marruecos y los juicios de Burgos, en las postrimerías del anterior régimen. Resulta obvio decir que en los textos no estrenados se encuentran visiones bien distintas a las presentadas hasta este momento. Las bicicletas son para el yerano no es una obra heroica sobre la defensa de Madrid- rompeolas de todas las Españas ni una crónica de los episodios de la guerra, ni el retrato de sus protagonistas, ni una barricada ideológica. Es la memoria de los personajes sin nombre, el recuerdo, la nostalgia, el drama con minúscula, la letra pequeña de la crónica de la contienda. José Carlos Plaza ha organizado un concierto, ha rellenado personajes casi inexistentes, prendidos de unas frases, ha inventado acciones paralelas y ha aceptado el reto de un texto que tira hacia el guión cinematográfico, hacia la secuencia. Y está un poco abrumado, porque presiente que éste, que es un trabajo realizado con bastante menos riesgo, aunque con idéntica profesionalidad y oficio, puede convertirse- -ojalá- -en un gran éxito. A B C 95 E