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En Peñafiel, un niño vestido de ángel baja a la plaza del Coso para retirar un velo de la Virgen que se encuentra con el Resucitado. A la derecha, la tabla de Diego de la Cruz (siglo XV) en la Colegiata de Covarrubías (Fotos Ontañón) otra oración, que sale de labios Gregoriano en Silos austeros y sencillos. Un museo en Covarrubias Por eso no es de extrañar que Lechal en Peñafiel las gentes de Bercianos, aun estando orgullosas de que sus tradiciones se conozcan, sientan cierta reticencia cuando, a lo largo del Viernes Santo, ven llegar hasta el pueblo a los forasteAY que madrugar el Vierros. Porque, como nos decía nes Santo. Ponerse tem- hace unos años don Plácido, el prano en la carretera de cura párroco: DesgraciadaBurgos y llegar mente se va perdiendo el orden y día a Aranda de antes del medioDuero, atravesar el recogimiento por culpa, de su periferia industrial y entrar en mucha gente que viene de fuera la almendra de su Plaza Mayor. con el solo propósito de ver la En Santa María, la de la etérea procesión, convirtiendo este acto portada plateresca, habrá aún en un puro folklore y eso no polifonía coral de una Pasión, nos gusta a nadie de los que que escuchan, con mayor recogiaquí vivimos, ni a mí ni a los co- miento que en el concierto del Real, estas gentes a diario bullifrades. ciosas y comunicativas. Hay excelente imaginería castellana Pero, como no todo va a ser bajo las espléndidas naves. recogimiento y soledad en estas Fuera, ante la fachada majesjornadas de asueto, una vez tuosa que sirvió de escenario a lleno nuestro espíritu, comparti- las representaciones de La Badas unas hermosas horas con rraca se estrella un sol cegalas gentes del Aliste, podemos dor. A un tiro de piedra, otra igleproseguir nuestro camino hacia sia monumental, San Juan, de un otro pequeño pueblo de la co- gótico aún plúmbeo y primitivo, guarda estacionados marca, Moveros, en donde las del cortejo procesional. los pasos La devo mujeres del barro nos esperan, ción popular ha salpicado de abisentadas sobre sus rodillas, a la garrado barroquismo los pequepuerta de sus casas- -si hace nos retablos y hay un encanto bueno- -y moldeando con un naíf que puede paladearse a torno al que impulsan con las gusto. En la nave de la izquierda, manos las piezas más rústicas y salvando una reja, puede conespontáneas de esa alfarería de templarse un retablo gótico de la que ya poco va quedando. extremada delicadeza, dedicado a Santa Catalina, con la rueda de También podremos encontrarlas su martirio. Aranda está minada en otra localidad zamorana, Pe- por subterráneas bodegas que reruela, donde siguen el mismo hay que descender despacio y primitivo procedimiento. volver a remontar con más pruY, si el fin de semana se pro- dencia. Es centro gastronómico longa hasta el lunes, tendremos de primer orden. En Casa Floreny sobre tiempo más que de sobra para cio, en Rafael Corrales Villa hay todo en El Mesón de la atravesar Alcañices la frontera excelentes asados, donde el corportuguesa- -ocasión que, a dero es rey. Mal puerto de mar poco tiro que se nos ponga, para menú de vigilia. nunca hay que desaprovechar- -No se entretenga el viajero en y llegarnos hasta la hermosa villa los manteles a la ida. A Silos (45 de Braganga. El trato afable, las kilómetros de carretera comarcal) compras atractivas y el buen hay que llegar con tiempo de ver yantar están allí asegurados. el claustro románico y el museo Entre el Arlanza y el Duero Moisés Pérez Coterillo antes de los Santos Oficios, rodear de capitel en capitel la cuadratura claustraren torno al eje vertical del ciprés que cantó Gerardo Diego. Y tomar asiento pronto en la herreriana nave del monasterio, levantada sobre el cimiento de una magnífica iglesia románica, de la que han podido rescatar algunas valiosas piezas, porque Sitos anda poblada de señores dé loden con matrícula de Madrid. La sobriedad, la elegancia y la belleza de la celebración litúrgica es sorprendente. El gregoriano alcanza registros de lamento y postración en los improperios y se desangra en el recitado de ios salmos. Si la magia del gregoriano le posee, no siga la ruta. Busque aposento imposible en los hostales del pueblo y madrugue el sábado para escuchar el canto de las Lamentaciones Al gregoriano, como al románico, les amenaza el mal de la piedra. No podemos desperdiciar oportunidades. A sólo 18 kilómetros de Silos aún se puede llegar a una muestra de celebración de la Semana Santa, que está casi en las antípodas. Covarrubias es como la Santularia del Mar de Castilla, todo un monumento. Un santo párroco anda en estas fiestas atizando la hoguera de la devoción popular y el viajero puede disfrutar de un excelente espectáculo. Escenas de la Pasión a cargo de los mocetones del pueblo. Años ha habido en que el piadoso pastor de almas ha plantado la crucifixión a a vera del río, en medio del relente de la noche. La última vez, pórinctemencias del tiempo, las escerrais. ocuparon un amplio y magnífico templo, cerrado al culto, con el pueblo entero api- H ñado dentro y un artilugio de puesta en escena envolvente, de gran aparato teatral, con la encendida palabra del orador sagrado por comentario. Pero Covarrubias merece visita con calma. Esa noche, con un poco de suerte, algún amante de Bach se posará sobre el teclado del magnífico órgano del siglo XVII de la colegiata, en un concierto fantasmal. Ño deje el visitante de volver a la mañana siguiente al museo de la colegiata, donde celosamente se conservan algunas piezas de singular valor, como esa tabla def Cristo Resucitado de Diego de la Cruz (siglo XV) o el tríptico renacentista de la Adoración de los Santos Reyes obra de autor anónimo del siglo XVI, que supo describir a la vez con majestad y ternura un tiempo d e t e n i d o donde sólo se mueve la travesura del Niño. Encomiéndese al santo monarca de ébano, el magnífico Baltasar de cabeza ensortijada. Fuera, el río copiaba a un puente... cabeceaban los álamos escribió García Lorca sobre el pretil. A 22 kilómetros está Lerma, ciudad conventual y cortesana, que merece descanso en el camino. Pero el remate de esta excursión de Pascua bien pudiera estar desandando kilómetros hasta Aranda, para tomar rumbo a Peñafiel (39 kilómetros) y presenciar en la mañana de Resurrección la procesión del encuentro en su plaza del Coso, cuando un niño vestido de ángel, deslizado por el milagro de la maroma y las poleas, retira el negro paño de la Virgen. Hay revuelo de palomas y tronar de cohetes, y los acordes de la Marcha Real por la magnífica orquesta del pueblo y una gran algarabía. Luego, en los hornos del pan, se doran generosos cuartos- -que no raciones- -de lechazo, en una herencia de la gastronomía castellana que se emparenta con los viejos ntos judaicos. Tiene justa fama Casa Mauro, pero no hará mal el carrjinante si se arriesga a otros lugares, como la carnicería y asados de Alfonso Cano. Los vinos jóvenes de la zona son su riego indispensable. Recale el visitante a la hora del café en El Pobre Nicolás, donde su patrón le deleitará con sorprendentes juegos de manos, trucos de magia y la reserva del más sabroso humor tabernario. Y es que Peñafiel es el lugar, en la Castilla eterna, donde se puede descubrir, tras el manto cuaresmal y cejijunto, el espíritu dionisíaco de un pueblo.