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AL DI A I 8- IV- 1982 Semana Santa en cercanías A veces olvidadas por el fastuoso esplendor de las celebraciones andaluzas, descartadas siempre de la oferta turística, el gran catálogo de tradiciones populares en torno a la Pascua cristiana- -algunas de origen ancestral y centenario- -resisten aún en numerosos pueblos de las dos Castillas. Al día ofrece hoy y mañana unas cuantas sugerencias de ese anónimo, insólito y plural espectáculo. Aliste, donde Zamora linda con Portugal Sayales blancos que serán mortaja Emoción, austeridad y silencio El Vía Crucis de Bercianos María Angeles Sánchez L fervor de todo un pueblo, la profundidad y sobriedad de sus sentimientos y las hermosas imágenes que- -sin proponérselo- -constituyen la esencia de sus más arraigadas tradiciones merecen sin duda el mayor de los respetos. Al Vía Crucis del pueblo zamorano de Bercianos de Aliste, así como a las impresionantes ceremonias que le preceden hay que ir con el espíritu bien dispuesto. Otros ritos de Semana Santa hay en donde tiene cabida la distensión; aquí, sólo cabe el silencio absoluto, la contemplación respetuosa y el distanciamiento físico sufiente para dejar que sea el pueblo el que protagonice su fiesta. Los demás bastante tenemos con el privilegio de poder contemplarlo. Apenas iniciada la tarde del Viernes Santo y en la pequeña plaza, donde previamente se ha colocado la imagen de la Soledad y la Cruz clavada en el suelo, se ileva a cabo la escena del descendimiento. Previamente, en medio de un impresionante silencio, todos los presentes han escuchado el sermón de la Pasión del Señor; terminado éste, dos sacerdotes, ayudados por hermanos cofrades, proceden a desenclavar la imagen articulada de Cristo, para meterla en una urna y, a hombros de los fieles, llevarla en procesión. A lo largo de apenas un kiló- E metro, lo que separa el pueblo del cerro de El Calvario, desfilan los cofrades y penitentes. Van vestidos con un sayal blanco que les llega hasta media pierna, medias del mismo color y caperuz romo; entre las manos, un cirio encendido y un rosario. Y la conciencia de que, cada año, acompañando al Santo Entierro, llevan puestas las mismas ropas que luego habrán de servirles de mortaja. A la Cofradía de la Santa Cruz pertenecen todos los vecinos del pueblo, incluso los que se hayan ausentes a causa de la emigración; normalmente suelen ingresar en ella el mismo año que contraen matrimonio. Así lo han hecho siempre sus. padres y los padres de sus padres remontándonos, con datos escritos, hasta 1536; el 8 de enero de dicho año, el Papa Paulo III concedió un Bula- -que se conserva en la iglesia parroquial de Bercianos- -otorgando una serie de gracias a los que participasen en la procesión del Viernes Santo con un verdadero espíritu de penitencia. Ese mismo espíritu, es el que mueve, sin duda, a los cofrades actuales, muchos de los cuales se desplazan desde otras regiones, e incluso desde el extranjero, para poder acompañar al Señor en su Santo Entierro. Y lo hacen en medio de un silencio sepulcral, sólo roto por el canto del salmo Miserere y alguna que