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MARTES 6- 4- 82
-El juicio del 23 FUno y otro saben cabalmente que su actitud de desacato a las órdenes del presidente del Tribunal es grave. Por enésima vez, el teniente general Alvarez Rodríguez conmina a todos a sentarse. Y a los dos procesados que se han ido: ¡Se atendrán a las consecuencias a que haya lugar! Los ocho soldados de la Policía Milita constituida en Judicial dentro del recinto, siguen en sus puestos, inmóviles, como figuras de cera. Algunos defensores advierten con la mano a sus patrocinados que vuelvan a sus- sillas. Habla el coronel Escandell: Señor presidente, ruego encarecidamente que se tenga eh cuenta la situación emocionar y el estado anímico de mi patrocinado... Que el incidente del teniente general Miláns del Bosch no sea tenido en cuenta... Y más bien se le procure algún tipo de cuidado y de atención, porque creo que, de verdad, lo necesita... Habla el letrado Martín Fernández: Mi defendido, teniente coronel Mas Olivar, ha abandonado la Sala por atender a su jefe, al teniente general Miláns del Bosch, que se encuentra, ustedes lo han visto, en un estado de necesidad moral... El presidente: Si alguien tiene necesidad de abandonar lá Sala, que pida permiso antes, que es lo preceptivo... En ese momento se ponen de pie y firmes, para solicitar ausentarse, Jos coroneles San Martín e Ibáñez Inglés, los capitanes Batista, Acera, Muñecas y Pascual Gjálvez, y el teniente Ramos Rueda... El incidente se complica por segundos. Los letrados Quintana; y Sanz Arribas piden la venia y exponen que a la vista de la tensión se suspenda siquiera sea por unos momentos la sesión El presidente mira su reloj. Van a dar las seis: Dado lo avanzado de la hora... se suspende la sesión hasta mañana a las diez... ¡Despejen la Sala! Nadie se mueve. Nadie se decide a salir. Se perciben, pero no se entienden, palabras de protesta de los acusados contra el teniente general Sáenz de Santamaría. Adolfo de Miguel se ha puesto en pie. Alisándose la negra toga, contempla la escena sin inmutarse. Por tercera vez, la orden presidencial: ¡Abandonen la Sala! Y entonces, como llegada de un asteroide lejano, se oye la voz inconmovible del fiscal: Señor presidente... le recuerdo que el testigo aún sigue en la mesa. Mi memoria juega de pronto al fundido plástico y me lleva al Congreso, de los Diputados. Mediodía del 24 de febrero de 1981. Landelinó Lavilla: Señor Tejero, aquí el presidente soy yo... y yo daré lá orden de salida: Primero, ios diputados. Después, el Gobierno. Lo último, la Mesa. Y desde un escaño alto surge el vozarrón de Fraga: Para una cuestión de orden... ¡Señor presidente: levante la sesión! ¡Ah! en la vida de las instituciones los ritos son necesarios; Guando se pierden las formas... es porque han empezado a perderse las esencias. Si un día finalicé mi crónica con un verso del Salmo 2: Erudimini qui iudicatis terram ¡dejaos instruid los que juzgáis la tierra hoy pongo punto final con otra hebra de ese mismo encaje: Reges eos cumvirga férrea ¡rígelos con vara de hierro! La nación confía, atenta y reverente, en la justicia militar. La hora es grave. La causa, enmarañada. La misión de los jueces, difícil como pocas. El trago de los procesados, amargo, decepcionadamente amargo. El dolor de las familias, palpable. La necesidad de atravesar esta hondonada, irreversible. Y nadie, nadie, nadie, tiene derecho a perturbar el trabajo y la liturgia de una Justicia que, a la fuerza, ha de ser imperturbable -Pilar URBANO.
Aramburu reteta el incidente cuando le pidió que se rindiera
Tejero me dijo: antes le mato y después me pego yo un tiro
La vigésimo séptima sesión del juicio por los sucesos del 23 de febrero de 1981 se inició ayer, a las diez, en el Servicio Geográfico del Ejército, sin que se encontraran presentes, por motivos de salud, los procesados teniente coronel Tejero, capitán Dusmet y el paisano Juan García Carrés. La sesión comenzó con la llamada a declarar del teniente general Arámburu; Topete, director general de la Guardia Civil, quien el 23 de febrero ostentaba, asimismo, dicho cargo, El primer abogado en interrogar fue Ramón Hermosilla, defensor del general Alfonso Armada Comyn, letrado que fue quien propuso al teniente general Aramburu corno testigo. Hermosilla. ¿Es verdad que -usted telefoneó en ia tarde del 23 de febreróJxJe 1981 al Cuartel General del Ejército, para que el general Armada fuera al Congreso de los Diputados, ya que el teniente coronel Tejero le admitía a él solo como interlocutor? Aramburu. -Sí, es cierto. H. ¿Acompañó al general Armada hasta la verja del Congreso de los Diputacios? A. -Sí, fui con él hasta la verja, dónde nos recibió un oficial, que permitió sólo la entrada del general Armada. H. ¿Oyó usted si el general finada dio alguna contraseña para que se le franqueara el paso? A. -Yo no lo vi, y estaba como á un metro de distancia de él. H. ¿Dijo el general Armada antes de entrar en el Congreso que la gestión que iba a realizar ante Tejero era á título personal y para terminar con la ocupación? A. -Sí. Eso es absolutamente cierto. H. ¿Dijo el general Armada Jqüé había que evitar acciones de fuerza? A. -Yo telefoneé al director de la Seguridad del Estado, Francisco Laína, en aquel momento presidente del Consejo dé Secretarios de Estado y Subsecretarios, que se formó, para decirle que había qué demorar cualquier acción de fuerza, a fin dé evitar una masacré. Hermósifla. ¿Fue en H mañana del 24 de a febrero el general Armada a negociar las condiciones para lá rendición debidamente autorizado? Aramburu. -Sí. H. ¿Comprobó usted esta autorización? A. -Sí. Telefoneé al presidente de la Junta de Jefes de Estado Mayor y a Francisco Laína; quienes me confirmaron que el general Armada estaba autorizado para negociar las condiciones de rendición. ORDENES A MANCHADO Seguidamente interrogó al testigo el defensor del coronel Manchado, el letrado Fran, cisco López Silva, quien también había citado al director general de la Guardia Civil como testigo en la causa. López Silva. -A las ocho menos diez de la noche, ¿habló usted con el coronel Manchado para pedirle explicaciones sobre las fuerzas que participaron en el asalto al Congreso? Aramburu. -Sí. L. S, ¿Le dijo el coronel Manchado que tales fuerzas las pidió Tejero invocando el nombre de usted y el del general Armada? A. -Sí. Yo le pregunté qué tenía que ver en todo ello el general Armada. Le dije que yo no había dado la orden. También le ordené que acudiera inmediatamente al Congreso para retirar las fuerzas. L. S. ¿Por qué arrestó usted al coronel Manchado? A. -Por no haber cumplido mis órdenes. L. S. ¿Estaba el teniente coronel Tejero a sus órdenes el día 23 de febrero? A. -Estaba agregado a la Dirección General de la Guardia Civil para asuntos económicos y del servicio. Fue destinado allí para evitar que- Juviera que salir de Madrid porque aquí tenía a, su familia. L. S. ¿Por qué no se impidió entrar en el Congreso a la columna del comandante Pardo Zancada? A. -Nuestro único objetivo era que aquello acabara por si mismo, como así sucedió. Aramburo fue interrogado después por el letrado López Montero: López Montero. -La situación del teniente coronel Tejero, ¿le permitía cumplir órdenes que no vinieran directamente de usted, por ejemplo partiendo de jefes del Ejército? Aramburu. -El tenía que cumplir las órdenes que le diera el jefe. dé su servicio al que estaba agregado. L. M. ¿Podía recibir órdenes directas de Su Majestad? A. -Sería improcedente. En el Ejército las órdenes se cursan por et conducto reglamentario y eso no lo hubiera sido. L M. -El teniente coronel Tejero declaró ante este Tribunal que el general Armada le dijo el día 21 de febrero de 1981 que usted y el general Toqúero (entonces jefe del Estado Mayor de la Guardia Civil) estaban en la operación. ¿Puede usted aclarar esto? A. -No necesita aclaración. Es absolutamente falso. El teniente general Aramburu explicó luego el desarrollo de un incidente con el teniente coronel Tejero, en la tarde del 23 de febrero. A. -Yo fui al Congreso de los Diputados para intentar que los ocupantes depusieran su actitud. Salió a recibirme el teniente coronel Tejero, con la pistola en la mano, apuntando hacia arriba. El me saludó y yo le ordené: Teniente coronel Tejero, deponga usted su actitud y acabemos con esta locura. Tejero me respondió: Antes le mato y después me pego yo un tiro. En ese momento Tejero me apuntaba con su pistola. Sobre la llegada de Armada al Congreso indicó: A. -El general Armada llegó hacia las doce de la noche al Palace y me dijo: Estoy aquí porque tú me has llamado. Yo le respondí:
DEPURACIÓN DE AGUA. GRUPOS ELEVADORES. CARLOS DALRE, S. A. BAROUHXail MADRID 4 17 TEIIFS. Z 21 G 424 210619- Z 3 t 99 W 4