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ÍV ABC 13- marzo- l982 De libros de virtuoso de la página, qué somete el tiempo al mismo juego que él pretende y ensaya, y a través del cual se dobla y se desdobla, como en espejos sucesivos, más recreadores que deformadores. Preséntase el argentino bien arropado por Un notable trío de compatriotas: Borges, Mujica Láinez, Cortázar. Abunda éste en lo que en el párrafo anterior apunto, cuando comenta: Di Benedetto pertenece a ese infrecuente tipo de escritor que no busca la reconstrucción arqueológica del pasado- -como Saiammbó, como La glorieta de Don Ramiro- sino que está en ese pasado y precisamente por eso, íinos acerca a vivencias y a comiportamientos que guardan toda su inmediatez en vez de llegarnos como una evocación, como una exhumación. Escribe Cortázar al hilo de uno de los relatos aquí reÍ cogidos, Aballay pero sus palabras son abarcaduras de un- modo de hacer y entender el género. Aballay es un estilista ecuestre, un pampeano que decide no bajar de su cabalgadura, en su afán de purgar una muerte lejana, pero imborrable en su memoria. Un cuento es su escritura, pero también su tema (a veces éste es nimio, y sólo el pulso del autor k salva; pienso ahora, por ejemplo, en Saroyan) Di Benedetto lo ha hallado en este vagabundo penitente que, desde lo alto de su montura, ye pasar los días y las cosas en un manso desfile, mientras el sueño le traslada al ayer, á esos hombres que penitenciaron en sus columnas y que desde lo remoto le contemplan. Di Benedetto pasa del clima kafkiano de Amigo enemigo a esa dulce historia de amor imposible que titula No -con el mismo aplomo con qué aborda la tragedia desnuda del cuento que nomina el volumen, Caballo en el salitral una pieza espléndida, por cierto. La soledad del hombre o del animal es buena materia para las manos moldeadoras de este argentino de sesenta años, ahora residente en España, que cuenta en su haber con una bibliografía corta, pero muy valiosa. -C. M. dedicado largas horas de su vida a elaborar esta obra apologética sobre Dios, Cristo y la Iglesia. El libro- -como señala su prologuista don Salvador Muñoz Iglesias- -no ha sido escrito para especialistas, ni pretende, por tanto, aportar nada nuevo a los entendidos. No es una obra polémica, sino sencillamente constructiva, con la esperanza de ayudar a los hombres sinceros y sin prejuicios a creer en la divinidad de Jesucristo Quiere ser ante todo un testimonio de fe y una invitación a creer Y es este planteamiento- -siempre según el propio prologuista- lo que justifica los posibles fallos de una obra de tal envergadura y le granjea de antemano la indulgencia y agradecimiento del lector Estos párrafos sitúan con exactitud las verdaderas dimensiones de esta obra, que gustará a los sencillos y convencerá a los ya convencidos. Los especialistas o los amigos más hondos y actualizados, tanto de los planteamientos filosóficos como de los estudios bíblicos actuales. El autor camina mejor por los caminos de la devoción que por los dé la ciencia crítica. -M, D. La grúa Reiner ZIMNIK Colección Austral Juvenil Espasa- Calpe, Madrid, 1981, 122 págs. l a aparición de un nuevo, libro del alemán Zimnik es motivo de regocijo para sus seguidores. Los que conocen al autor de Los tambores (Ed. Lumen) saben de su maestría para construir relatos simbólicos que se pierden en las redes de la civilización actual. Son historias bellas y equilibradas donde aisla efectos individuales y colectivos y los presenta en su medida listos para ser captados y redescubiertos. Su fama internacional nos confirma la calidad indiscutible de su obra. Convencer a convencidos José OSORIO SAMANIEGO ¿Jesucristo es Dios? Edita EAPSA, 831 págs. buenas intenciones. El notario madrileño Osorio Samaniego ha aquí un libro rebosante de La grúa es una fábula de abierta lectura sobre los avatares nuestro tiempo escrita con estilo de la familia humana a través de satírico a la vez que poético, y un pequeño y diáfano retrato de con frecuentes y simpáticos la tierra, a la vez que del ciclo toques de humor. Su protagonista completo de su historia (la de sus es un hombre que, tras participar- hombres sencillos, no la de sus en la construcción de una grúa gi- héroes) una historia que siempre gantesca, se sube en ella y, emu- se repite y hace sabios y felices a lando al Barón Rampante, se los que en ella encuentren su obstina en permanecer allí año lugar. tras año. Enamorado de su traCon simplicidad de estilo, intebajo, éste le permite, a pesar de resante nivel de ficción y exigensu condición de antihéroe, sen- cia de participación, Zimnik tirse en ocasiones tan triunfador acerca a los lectores un tema como los: aventureros de antaño. poco tratado en la literatura juveCon su grúa participa en empre- nil, al tiempo que les inicia para sas tan extraordinarias como res- dar el salto a la narrativa contemcatar elefantes y capturar piratas poránea. -M. S. fluviales. Pero, sobre todo, es la sensación de sentirse útil y solida Estampas urbanas rio con los demás, lo que gratifica Jaime Rosal con largueza el microcosmos simLaertes, S. A. 148 páginas ple y austero que se ha creado. Por él la Obra ofrece una lección J- iez relatos componen este volumen. Relatos que tienen el mérito de no ser simples ejercicios de aprendizaje para la novela larga, en la que su autor ha hecho también sus armas aunque de momento siga inclinándose por el cuento. Ahora bien, si resulta. indudable que, en cuanto a lenguaje, los cuentos de Rosal difieren bastante de los que- -con dificultades sin cuento, y perdón por la redundancia- -logran acceder a la publicación autónoma, no es menos cierto que, salvo alguna excepción, como la que constituye Una postura guapa temáticamente acaban por remitir a los esquemas habituales del género literario en cuestión. sobre la filosofía del trabajo, Historias de frustraciones, redonde se propone un compromiso cuerdos de adolescencia, retratos responsable con la actividad labo- de familia son tratados en un es ral de forma que el hombre tilo- en exceso influido por el de pueda realizarse plenamente. ¡Sin los americanos de los años cuaduda esto supone un fuerte con- renta y cincuenta, y en particular traste con la mentalidad de nues- por el Faulkner, aunque, por sutro medio social, en el que la bús- puesto, no fuera éste el único en queda de espacios temporales prescindir de la puntuación conadicionales (ocio) para lograr la vencional. Rosal, que demuestra felicidad está a la orden del día. su conocimiento del diálogo coloSu amigo Lectro, por el contra- quial, de los mundos o ubmunrio, a pesar de ser el mejor con- dos en los que se adentra, cae, en ductor de carretillas eléctricas de última instancia, en la trampa de la empresa, busca ámbitos para la estructura narrativa tradicional. soñar al margen de su dedicación Posiblemente a su pesar. laboral. Para el hombre de la El hecho es que, tras la lectura grúa era tan bonito como un de Estampas urbanas -que, sueño, pero aún mejor, porque dicho sea en honor a la verdad, era verdad se lleva a cabo de un tirón- se La mirada de nuestro protago- tiene la impresión de que a nista es nueva y distinta, como la Rosal, como a Macbeth, los árbomirada de un niño. Desde su ata- les le han impedido ver el boslaya nos presenta uña visión me- que. Y que se llega a la conclutafórica del mundo en general 7 sión de que, si sólo se contempla de las relaciones en particular. El la belleza de los árboles, se puede lector entrará de su mano en la caer en un peligroso esteticismo. jungla laboral del salario a la Que también a la contracultura le hora, los enchufes, favoritismos, acecha este peligro. Del que, preburocracia y rutina administra- cisamente, la contracultura debetiva. Pero Zimnik es más ambi- ría, por principio, huir como la cioso y nos lleva a una amplia y peste. -C. S. F.