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Una entrevista con el gran filósofo de la ciencia KARL POPPER: SOBRE LOS FUNDAMENTOS DE LA DEMOCRACIA Esta conversación con sir Karl Popper ha tenido lugar en Londres, donde vive el gran filósofo vienes desde hace veinte años. A B C y La Vanguardia la publican en exclusiva para España, a partir del texto de Sophie Lannes y Alaln Boyer, que recogemos en versión resumida. No estamos ante una exposición científica o filosófica, sino ante unas respuestas sobre la sociedad moderna, la democracia, el marxismo o el porvenir del hombre, que nos da, a sus setenta y nueve arios, uno de los pensadores más fecundos de nuestro tiempo. Cuando el juvenil entusiasmo por la revolución y la tecnología que caracterizan al Novecento hayan pasado a ser historia, Karl Popper será recordado como el Kant de nuestro siglo. Su obra teórica surgió de una meditación sobre la física de Einstein, de modo parecido a como fue la física de Newton, dato básico sobre el cual alzara Kant el edificio de su pensamiento. El resultado fue una nueva critica de la filosofía dogmática, y una teoría del conocimiento científico como juego dialéctico de conjeturas y refutaciones. Por virtud de este juego, el científico acredita su originalidad y su honestidad intelectual imaginando primero hipótesis audaces y sometiéndolas luego a un contraste ARL Popper: Antes de empezar la entrevista quisiera, como instroducción, insistir en una primera idea: yo no sé nada, no sabemos nada. Lo mejor de nuestros conocimientos lo teneí -s en la ciencia, cosa que es importante iier de relieve en un momento en el que Ns ataques contra la ciencia se dan un poco por todas partes. Pero el conocimiento científico en sí es sólo por conjetura, no es más que hipotético. No es, en realidad, el conocimiento en el sentido en que las personas lo entienden cuando afirman: Yo sé. Además, el conocimiento científico está disperso en los libros, en los laboratorios, en el seno de equipos de investigadores, y nadie puede pretender conocer una milésima parte de una ciencia como la Física o la Biología. Este conocimiento, ya hipotético, no puede ser poseído por nadie en su totalidad. Sólo tenemos de él elementos de oídas, por así decirlo. implacable con la realidad empírica. Tal es el famoso criterio de falsabilidad que ha hecho de su autor el primer filósofo de la ciencia de nuestros días. La etiquete de racionalismo crítico que Popper reclama para sí, ayuda a no confundir su actitud con el cientificismo positivista, que ensalza el conocimiento científico y tecnológico de un modo unilateral. El racionalismo de Popper conlleva en su dimensión social una filosofía del liberalismo, fundada, como los escritos de Von Hayek, en las ideas de verdad, libertad y tolerancia. El trauma de la segunda guerra mundial le impulsó a escribir La sociedad abierta y sus enemigos que constituye una carta magna del pensamiento liberal ante la sociedades totalitarias. La vejez de Popper ha sido particularmente fecunda. Á ella le debemos su meditación sobre el darwinismo y- -acaso secretamente estimulado por el impacto de Kuhn- un retorno a la metafísica de tintes platónico- cartesianos. Karl Popper no sólo es una gran filósofo, sino un gran escritor, que expone sus ideas con la claridad de los clásicos, como el lector puede comprobar en las páginas de Búsqueda sin términos su apasionante autobiografía intelectual. cia. Esta idea de tolerancia, basada en nuestra ignorancia, fue ya la de Voltaire. Es preciso revitalizarla, hemos de volver a Voltaire. O a Sócrates. P. ¿No será usted un discípulo de Sócrates gracias al carpintero con el que trabajaba cuando tenía veinte años y que le decía yo lo sé todo R. -En efecto. El ensenó que toda la sabiduría a que yo podía aspirar sólo sería una toma de conciencia más completa acerca de la inmensa amplitud de mi ignorancia. P. ¿Plantea la tolerancia un problema al llevar en ella sus propios límites? R. -Sí. En La sociedad abierta y sus enemigos hablé de lo paradójico de la tolerancia. La tolerancia ilimitada nos lleva fatalmente a la desaparición de la propia tolerancia. Si la manifestamos con relación a quienes practican la intolerancia, si no estamos dispuestos a defender a la sociedad de la tolerancia contra quienes la atacan, los partidarios de la tolerancia serán aniquilados y con ellos la idea que defienden. No quiero decir con esto que sea siempre preciso impedir la expresión de las teorías que proclamen la intolerancia, porque mientras se las pueda combatir con argumentos racionales y contenerlas con la ayuda de la opinión pública prohibirlas sería erróneo. Pero es necesario reivindicar el derecho a hacerlo si es necesario, e incluso por medio de la fuerza, porque podría ser que los partidarios de la intolerancia rechazasen ei debate y enseñasen a sus discípulos a contestar a los argumentos con la violencia de los puños o de las armas. Entonces, en nombre de la tolerancia, tendríamos que reivindicar el derecho a no tolerar la intolerancia. P. ¿Tiene la sociedad abiertos otros medios de combatir a quienes tratan de destruirla? R. -Su mejor defensa es iluminar el pensamiento, hacer comprender que una sociedad abierta es un bien raro y precioso. Resulta difícil creer hasta qué punto el pensamiento puede estar envenenado por ideologías estúpidas. Por ejemplo, la que lleva al terrorismo y a la peor de las injusticias, siendo las víctimas de sus acciones, en su mayor parte, inocentes. Esto es evidente para los propios terroristas, pues creen en esta terrible teoría: cuanto peor vaya todo, mejor que les da derecho a infligir cualquier tipo de mal para que el bien progrese. decir que las teorías científicas son lo mejor que poseemos en el campo del conocimiento. P. ¿Quiere esto decir que usted rechaza el cientificismo? R. -El cientificismo se caracteriza, ante todo, por la creencia, la fe en la ciencia, pero los que se adhieren a él no son científicos. El auténtico científico no debe creer en su propia teoría, tiene que adoptar ante ella una actitud crítica; quiero decir que todo el mundo puede equivocarse y que su teoría puede ser errónea. Por este motivo hay una auténtica oposición entre ciencia y cientificismo. Ser cientificista es no comprender la ciencia. P. ¿Qué conclusiones saca usted de la constatación de nuestra ignorancia? R. -Que es de la mayor importancia, puesto que nos conduce a una nueva ética basada en el reconocimiento del hecho de que no existe autoridad consagrada, suprema. No paramos de cometer errores. P. -Entonces, ¿por qué afirmar, sin em- Por supuesto que tenemos la responsabilidad de hacer cuanto podamos para evitarbargo, que el conocimiento científico es el los; pero todos, médicos, ingenieros, arquimejor de que disponemos? tectos, planificadores, políticos, cometemos R. -Existen muchas ideas importantes constantemente faltas graves. En el plano que no pueden ser sometidas a prueba. Las teorías científicas, sí; es decir, que po- ético es fundamental ser consciente de que es preciso hacer todo para evitarlos, pero dernos tratar de refutarlas. Si esas tentatitambién de que no podemos escapar de vas son lo suficientemente ingeniosas pueellos. Esta toma de conciencia conduce a den conseguir demostrar: no que la teoría una actitud antiautoritaria y antitotalitaria, a es verdadera- -lo cual es imposible- 1- sino una actitud en la que necesitamos la ayuda que contiene auténticamente un elemento de otros para invitarles a criticar nuestros de verdad. Poincaré, al comparar la teoría planteamientos. En otras palabras, esa geocéntrica con la heliocéntrica, demostró toma de conciencia nos conduce a una que cualquier tipo de fenómenos relativos cooperación con otros sobre una base de a nuestro planeta y a nuestro sistema sólo igualdad: es el fundamento de la democrapueden explicarse por medio de la idea de que la Tierra gira alrededor del Sol. Pero es muy curioso que en su libro El valor de la ciencia no haya insistido en el hecho de que la teoría heliocéntrica, a pesar de su La toma de conciencia gran poder de explicación, no es verdade que necesitamos la dera. Está, sencillamente, más cerca de la verdad, porque el Sol no es el centro del ayuda dé otros conduce Universo, ni tampoco lo es ia Vía Láctea, y a la tolerancia basada no es tan siquiera el centro de nuestra galaxia. en nuestra ignorancia: P. ¿Es simplemente la posibilidad de es el fundamento de la ser sometida a prueba lo que da a la ciendemocracia. cia su superioridad en materia de conocimiento? La tolerancia ilimitada R. -Someter a prueba una teoría significa siempre tratar de hallar el punto débil nos lleva fatalmente a de la misma, el punto que puede hacernos la desaparición de la pensar que puede ser falsa, lo cual permite propia tolerancia. En eliminar muchas teorías. Para que una teoría sea científica es preciso que se pueda nombre de la tolerancia someter a prueba, es decir, que se extendríamos que reivinponga a la crítica y al rechazo. Comoquiera que son numerosas las personas dicar el derecho a no toque tratan de criticarla y de refutarla, y que lerar la intolerancia. utilizan además toda su inteligencia para descubrir sus puntos débiles, se puede K P. ¿Puede sobrevivir la sociedad abierta? R. ¿Cómo podría responder? Soy incapaz de decir cuáles son las condiciones necesarias y suficientes para su supervivencia y sólo puedo formular algunas sugerencias. Estoy persuadido de que siem-