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EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUQA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados A verdad es que nunca pensé que mi prologuillo a una edición universitaria granadina, nonata por la guerra civil, del Diván del Tamarit de Federico García Lorca, ocuparía después su sitio. Por eso lo publiqué aparte. Pero el nuevo editor para Alianza del Diván Mario Hernández, lo ha colocado en su lugar, de lo que estoy reconocido y satisfecho. La bibliografía de Lorca está llena de anigmas; pero para solucionarlos muchos tesoneros eruditos, españoles y extranjeros, han tejido una espesísima cuadrícula de datos y referencias. Saben más que los que intervinieron en las peripecias. A mí me han descubierto no sólo la fecha exacta de esa nota preliminar, sino la circunstancia, por mí olvidada, de que para la imprenta hice de mi mano una copia, revisada luego por el poeta, de todas las composiciones, la cual figura hoy en los archivos familiares. Me convencí cuando reconocí mi letra en unas fotocopias que me fueron mostradas. En muchos asuntos, pero en especial los de la guerra civil, tiene uno la memoria a componer. (Valga esta duda metódica para varias cosas de que voy a hablar. No sólo me ocurre a mí. M. Hernández recoge una frase de J. Comincioli, quien a su vez la tenía oralmente de Francisco, el hermano del poeta, según la cual éste había concebido el Diván del Tamarit antes de escribir un solo poema. Que pensase en el Tamarit nombre de una finca paterna, es muy posible; pero que ya entonces hablase de diván se me hace muy cuesta arriba creerlo. En la misma introducción de M. Hernández se ve que el poeta, y hasta mucho más tarde, dudaba si Tamarit era el nombre de un poeta árabe o un topónimo, y es difícil que en su adolescencia supiese de divanes casidas y gacelas Opina M. Hernández que esta ciencia le vino del libro de retraducciones del conde de Noroña (1760- 1815) titulado Poesías asiáticas e impreso, postumo, en París, 1833. ¿Llegó Federico a este libro directamente? Tengo para mí que no, y que lo conoció por verlo citado en el prólogo de mis Poemas arábigo- andaluces (página 34 de la edición original de Plutarco, 1930) Le intrigaría la cita, y lo buscó o lo hizo buscar. Que lo vio probablemente en el Rivadeneyra es indudable, porque de él sacó lo de gacelas palabra que no creo empleada en mi libro, y porque da el nombre del autor, mientras yo di sólo su título nobiliario (y se equivoca: no es don Gaspar García de Nava, sino don Gaspar María de Nava, con lo cual borramos un número de la interminable nómina de nuestros Garcías) La cita la hizo en su conferencia sobre el cante jondo Que Lorca conocía mi libro está fuera de duda, porque lo había leído todo el gremio, y además me habló de él varias veces. Que no quisiera nombrarlo y encontrara la mención de Noroña más rebuscada y elegante es cosa distinta. Estaba en su derecho. Mi libro lo han citado unos y otros no, y a estos últimos jamás se lo he tenido en cuenta, y menos como queja postuma. Puede verse la asepsia absoluta de mi prologuillo. Siempre ha sido mi regla. Como el Diván tiene poco cuerpo, el editor actual le ha unido el Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y los Sonetos para formar un conjunto deslumbrador. Montherlant, hablando del insomnio de una de sus heroínas, dice que en la cama se volvía del lado derecho y su tristeza caía a la izquierda, como si ABC REDACCIO N, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES; SERRANO, 61 MADRID L LORCA Y SU DIVÁN DE TAMARIT versión de lumbre Y eso que traducir esos versos es operación para la que bastan las cuatro reglas. Otros requieren resolver ecuase tratara de una bola que tuviese dentro del ciones de segundo grado. cuerpo. A García Lorca le ocurre igual, sólo Como ahora interesan hasta los detalles que con tres bolas, que son los temas esenmilimétricos de Lorca, ya que se presenta ciales en estos libros, según su prologuista: el ocasión, resumiré mis relaciones con él. La amor, el mito y la muerte. Claro que Federico primera vez que supe de su existencia fue se saca las tres bolas del pecho y, poniéndoallá por 1919 ó 1920, en los escolapios de las sobre la mesa de billar de la retórica, hace San Antón (cuando yo cursaba el último año con ellas carambolas, picados y retrueques. de Bachillerato) por un padre Ataúlfo Huertas, Se trata de una receta vieja como el mundo. acabado de venir del colegio de Granada y Es la de Horacio en los Pisones el ingenioso enlace callida iunctura que lustra los gran admirador de su discípulo andaluz. Pervocablos con reluciente novedad. Tenemos un sonalmente no conocí a Federico hasta unos diez años después en Madrid, siendo ya catecolibrí de amor entre los dientes. O la miel hedrático yo en Granada o a pique de serlo. Lo lada que la luna vierte. O el viento nublado y el viento limpio son dos faisanes que vuelan vi alguna vez en representaciones de La bapor las torres. Hay ejemplos casi en todas las rraca y hablamos en varias ocasiones, algunas a solas, en el café Lyon de cerca de Copáginas. rreos. Cierto día planeamos juntos un Para lograr estas carambolas hay que ser Romancero morisco que jamás pasó de buen jugador. El que no lo es no pasa del esesas palabras. Una vez coincidí con él en un trépito de las bolas o de rasgar el paño verde. viaje nocturno a Granada. íbamos en un comTampoco se puede hacer lo mismo en todas partimento de primera, casi vacío, y nos prolas lenguas. De aquí que Lorca tenga pocas fuentes y sólo acaso paralelos. Véase uno de curamos sendas almohadas de las que alquila condesa de Noailles: Contemplaban absor- laban en los andenes de Atocha. Dormimos tas tus pupilas horizonte hostigado por flage- como lirones ¡felices tiempos! hasta bien palos de un viento que lanzaba hacia tu rostro sada Moreda, y luego hubimos de hablar deprisa para ganar el tiempo perdido. Por esa los brincos de sus fluidas gacelas (traduzco los alejandrinos en endecasílabos blancos) época, cuando Federico pasaba por Granada, Esto no es Lorca, pero está más cerca de él circulaba poco y no sabíamos dónde se metía. Nunca lo vi en casa de Falla, porque que las gacelas persas (y no cuenta la entonces estaban en frío. Una excepción fue coincidencia del vocablo) retraducidas por Nola tarde (Casa de los Tiros y restaurante Los roña, o que las metáforas de mis Poemas Manueles, siempre con Antonio Gallego La estética oriental es otra cosa. Burín) en que nos leyó Yerma y surgió el Los precedentes definitivos de los tres libriproyecto de editar el Diván del Tamarit tos del tomo- -prescindiendo de analogías ex- tarde de la que hablo en mi prólogo. Por ternas- -no podemos hallarlos aquí, en la tra- cierto: estoy seguro de que las décimas que dición española. Es opinión de Cemuda, recitó Lorca no fueron las Normas dedicarecogida por M. Hernández, quien añade das a Guillen, sino seguramente las que iba sobre el Diván que es uno de los grandes luego a insertar en Doña Rosita Al día silibros de la poesía europea de este siglo. guiente volvió a esfumarse. Con quien tuve inTiene razón, que le da el éxito internacional timidad en Granada fue con su hermano Frande García Lorca. Me dicen que una traducción cisco, llamado por todos Paquito, encantadora de su obra ha salido o va a salir en la persona; el Paquito un poco escéptico que, Pléiade de París: honor bien merecido. Lo ante una cuestión demasiado seria, la cortaba que me pregunto, y soy del oficio, es cómo se- -y quedó entre nosotros como muletilla- -dilas habrá compuesto el traductor para pasarla ciendo: Dejemos a Ganivet y vamos a echar bien al francés. Me acuerdo de lo que cuenta tabaco; versos de un poemilla burlesco, comD Ors en el Glosarlo Cierta vez dice haber puesto por su grupo, cuando yo todavía no dado una conferencia en París entre un me había incorporado a él, con ocasión del mundo funcional de losetas de vidrio y un traslado de los restos del escritor granadino. chubeski con lo cual tenía medio cuerpo helado y el otro medio ardiendo. Por ello trae La última vez que vi a Federico fue en Maa colación los muslos de la casada infiel: la drid, si no la víspera, la antevíspera o dos mitad llenos de lumbre, la mitad Henos de días antes del 18 de julio de 1936, y él iba a frío, y añade: con descripción donde, en trasalir para Granada. Nos encontramos conviducción al francés, salió lumiére (luz) como dados los dos a un té en casa de Adelaida, la primera mujer de Andrés Segovia, ya separada de éste; señora guapísima y original, de una fuerte personalidad, y a la que, en su tiempo y en su círculo, llamaron, según parece, la belleza salvaje No puedo recordar dónde estaba exactamente el piso (era cerca de la antigua residencia de estudiantes) ni a los pocos asistentes, ni de lo que se habló. Sólo me acuerdo del traje de Adelaida, largo, con falda ahuecada como un miriñaque, todo de un blanco lácteo, a tono con su pelo canoso, y de que la conversación de Lorca fue, como siempre, un admirable espectáculo. Con Un medio publicitario único Adelaida, muerta hace poco con muchos para transmisión de mensajes años, no volví a encontrarme. De Federico, comerciales a ochenta y ¡quién hubiera podido decirme que por desgracia tampoco volvería a verlo! nueve pa ses Emilio GARCÍA GÓMEZ de la Real Academia Española