Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
58 ABC ESPECTÁCULOS MIÉRCOLES 4- 11- 81 C rítica de cine Crítica de teatro Hangar 18 de James L Conway Las cartas boca abajo en la obra conjunta de Buero Vallejo Título: Las cartas boca abajo Autor: Antonio Buero Vallejo. Director: Luis Balaguer. Escenografía: Javier Artiñano. Intérpretes: Victoria Rodríguez, Fernando Cebrián. Avelino Cánovas, Ángel Pardo y Concha Hidalgo. Teatro de Lavapies. Darren McGavin y Pamela Bellwood Producción: Charles E. Sellier Jr. (1981) Director: James L. Conway. Guión: Steven Thornley. Fotografía: Paul Hipp. Color, Mú sica: John Cacavas. Duración: noventa y cinco minutos. Intérpretes principales: Darren McGavin, Robert Vaughn, Gary Coilins, James Hampton, Philip Abbott, Pamela Bellwood. Salas de estreno: Real Cinema, Luchana- 3. Casi de puntillas; después de veinticinco años, Antonio Buero Vallejo, tras él; éxito de Caimán estrenada a principios de: sjjptiembre en el Reina Victoria, presenta en eí- Lavapiés la comedia Las cartas boca abajo que en aquel escenario de la carrera de Sari Jerónimo había estrenado también con éxito, me: recido, en 1957. Para dos generaciones esta obra es un estreno. La sala del Layápiés, casi Jena el lunes de un público en su mayoría joven, bebía la escena del drama con percepción y emoción evidentes. Y el crítico, que había ido a volver a ver, a reflexionar sobre la antigua pieza, varias veces leída y estudiada, comprobaba cómo el drama que reúne en una pobre habitación modesta de cualquier barrio que lo mismo que de Madrid podría ser de cualquier ciudad de provincias, a Uña familia científicos- -quizá con excesiva facilidadvan descifrando el misterio de la nave alienígena. Lo que supone que se basa más que en la pura acción aunque ésta no falte- -en los personajes. Lamentablemente, los actores encargados de darles vida no son de primera línea, y lo mismo Darren McGavin, por un lado, que Robert Vaughn y Philip Abbott, del otro, les convierten en estereotipos. En contrapartida, Gary Coilins, y, en especial, James Hampton, que interpretan a los dos testigos, convertidos en perseguidores y perseguidos, en la línea del héroe hitchcockiano por excelencia, logran, sin acceder a lá excelencia, dotar de credibilidad y vida a sus criaturas. Sin alcanzar, en suma, las cotas a las que, dado su planteamiento, podría haber aspirado, Hangar 18 es película que no deja indiferente. Y que, además de mantener el interés durante su proyección, deja en pie, aun suavizándolos, unos interrogantes que a todos nos conciernen. -C. S. F. A caballo entre la política- ficción y la ficción- científica, Hangar 18 se centra en la manipulación, desde la Casa Blanca, de un suceso, en aras a favorecer la reelección del presidente Duncan Tyler, cuyo mandato está a punto de expirar. El suceso en cuestión es la captura, por personal de la NASA, de un ovni que, tras colisionar con un satélite, se ha. posado en tierras de Arizona, y sobre el que los consejeros de la campaña presidencial desean guardar el secreto, al menos durante las dos semanas que faltan, cuando el evento se produce, para qué se celebre la votación definitiva. El tema es sugestivo y, en cierto modo, recuerda al de una película, Capricornio 1 de Peter Hyams, que pasó por nuestras pantallas hace un par de años sin recibir la acogida que merecía, y en la que lo que se manipulaba era el fracaso de un viaje espacíala reconstruido en un estudio de televisión y retransmitido como auténtico. Ahora bien, mientras Hyams- -de quien actualmente está en cartel Atmósfera cero -llegaba hasta las últimas consecuencias, Conway, que además de director es autor de la idea en que se basa Ja película ahora estrenada, no se decide a- lanzarse a tope, y deja, en un final abierto, mediante el ardid de una voz en off superpuesta a una imagen congelada, una puerta abierta á la esperanza. Con todo, la película es, en los límites de sus pretensiones, ya que no dura, sí, a! menos, inquietante. Entre los testigos. de la colisión y ló agentes gubernamentales se establece una implacable lucha a muerte en la que, por así decirlo, vale todo. Los asesinatos, de uno y otro lado, son presentados en función de una eventual razón de Estado que no es sino artimaña electoral, como acch dentes. Y como accidente se presentará también el ataque suicida, decretado por la CÍA, al hangar en el que la nave se halla oculta, con el fin de íeliminar a quienes podrían descubrir el pastel, tanto los buenos como los malos en suma, y en el supuesto de que fuera posible- hacer uso de la maniquea dis: tinción, matan sin el menor escrúpulo. Y la esperanza aiJCiue; más arriba se alude no deja de ser, en él mejor de ios casos, relativa. La puesta 8 nuescena rehuye lo espectacular o, al- men s, o aparatoso, para centrarse en tas tébsjprfe internas que la situación va creando progresivamente, a medida que los griega en el Festival de Cine Mediterráneo importante partlcipaGlón VALENCIA (Efe) Además del ciclo homenaje a la actriz griega y ministra de Cultura, Melina Mercouri, la Mostra de Cine Mediterráneo, que está teniendo lugar en Valencia, presenta otras cuatro películas griegas, con lo que el cine de aquella nación tiene notable relevancia en el certamen. La sesión inaugural, que contó con la presencia de la actriz homenajeada y de su esposo el director Jules Dassin, tuvo lugar en la Sala 2 del cine Martí, proyectándose a continuación el filme Nunca en domingo Simultáneamente se pasaron en las Satas 1 y 4 del mismo cine Phaedra y La repetición Las tres películas están dirigidas poc Jules Dassin, interpretando Melina Mercouri el papel protagonista. Otras tres películas, Gritos de pasión también de Jules Dassin; 11 que debe morir de Caco y Annis, y Lo? pianos mecánioos de. J. A Bardem, -coiñpletarán el homenaje a la actriz y hoy rpjriisíca de Cultura griega. mal avenida en la que las frustraciones, las culpas, las ilusiones y los fracasos forman una compleja red sinceraifténje, humaría, precedía, no con el rigor de cáusáa efecto, pero sí con el rigor de un mensaje continuado, alo que Caimán hoy nos comunica. Hay una constante corriente desde Historia de una escalera que fluye en las obras dramáticas de Buero, a las que fácilmente se encasillaría, no sin una excesiva simplificación, en el saínete dramático y en el realismo social. Esa corriente es parte- esencial de la reflexión del autor ante la condición humana. Los comportamientos que aparecen eti cualquiera de estas dos comedias que acerco hoy, por su proximidad en la cartelera madrileña, ni son ocasionales, ni locales, ni tan siquiera de escala social: son permanentes, Ante el error, ante el fracaso, ante la mentira casi involuntaria, los hombres y las mujeres reaccionan, salvo excepciones, de modos que Buero ha disecado con despiadado bisturí de entomólogo, aplicado a ese gusano que es el hombre, a ese gusano que es la mujer. Las cartas boca abajo es un drama sordo, muy denso, en el que el desengaño arruina una vez más a la frágil esperanza. Adela es la imagen de la incomprensión, dé la crueldad; es la manta religiosa que devora a quien la ama, en este caso Juan, su marido, el profesor fracasado, pero que a su vez tiene su castigo en Anita, su hermana mayor, quien en su obstinada mudez, no sabemos si anormal; ó voluntaria, se convierte en la conciencia de Adela, en la acusación implacable que nace del silencio. En distinta medida este personaje es una de las constantes del autor y, bajo otras formas, aparece como punición en muchos de sus mejores dramas. Mauro, el hermano parásito, el subproducto social, es un tipo dura y precisamente dibujado, y en Juanito, donde al final del drama aletea una esperanza, tiene también su parentesco con esos muchachos de Historia de una escalera que ignoran, como él, si están condenados a repetir la adversa historia de sus mayores. Por el valor dramático de la obra y por la calidad de su actual representación habría que pedir para ella, después deáti paso por el Lavapies, más céntrico escenario. Victoria Rodríguez hace una Adela plena de angustia, de rencor y remordimiento con absoluta capacidad de producir la emoción que llega a su cúspide en la escena de fin de acto con Anita, la hermana voluntaria o insanamente muda, difícil personaje, todo confiado a la expresión facial, a la composición corporal frenadísima, al que da significación conmovedora un valioso trabajo d Concha Hidalgo. Fernando Cebrián está excelerite, sobrio, Veraz, en Juan. Cánovas hace perfectamente un tipo de bohemip y miserabilismo, directamente extraído por Buero de la observación cercana, y Pardo compone con íSir ¡cer ¡dad y emoción el hijo, también culpable en su propia medida, que cierra el anillo de una familia como hay tantas. Balaguer ha hecho un buen trabajo de dirección para ensamblar actitudes, Joños de voz y ritmo, de donde resulta una representación válida, eficaz y convincente, de este drama que tiene hoy plenasla. yígen- cia y la actualidad. -Lorenzo LÓPEZ SANCHO.