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JUEVES 27- 8- 81 NACIONAL- El general Juste relata su actuación el 23- F- ABC 5 Asegura que su actitud no fue de inhibición ni de aquiescencia Mantuve el mando efectivo de la DAC, con reservas mentales por la situación El general José Juste Fernández, que mandaba la División Acorazada Brúñete el 23 de febrero, evacuó tres interrogatorios que le formuló por escrito el juez instructor del sumario. El general Juste asegura en sus testimonios, a los que ha tenido acceso Europa Press, que es muy conocida la situación de ánimo de la mayoría de los cuadros de mando del Ejército, producida por la evolución de la situación nacional en los últimos años, que ha podido crear en ellos un clima favorable a las soluciones que se propusieron el 23 de febrero. Asimismo, sostiene que su actitud en ningún momento fue de inhibición ni de mera aquiescencia a las iniciativas del jefe de Estado Mayor de la División, coronel San Martín, sino que mantuvo el mando efectivo de la unidad. En síntesis, las declaraciones efectuadas Ya en el despacho, el general Torres Rojas por el general Juste fueron las siguientes: manifestó que su presencia en Madrid obede A las once horas del día 23 llego al cía a tener que resolver cuestiones notariales acuartelamiento de la Brigada Paracaidista en relacionadas con un piso de su propiedad y Alcalá de Henares, acompañado del jefe de que no había querido desaprovechar la oporEstado Mayor de la DAC, coronel San Martín, tunidad de saludar a buenos amigos. y de su ayudante de campo, teniente coronel Nos encontrábamos en ese momento allí Santa Cruz, con objeto de asistir a los actos los coroneles San Martín, Arnaiz, Centeno, conmemorativos del XXVII aniversario de la Pontijas y Cervantes, y el comandante Pardo, fundación de las fuerzas paracaidistas del además de Torres Rojas y yo. Sucesivamente Ejército. irían llegando el general Yusty y los tenientes Al observar que había habido un error en coroneles Sanz (de Villaviciosa) y Pardo de su uniformidad y en la de sus acompañantes, Santayana del Gaal y, ya terminada la reusin tener posibilidad de remediarlo antes de la nión, el general Ortiz y el coronel Valencia. hora del comienzo de la ceremonia, decidió El coronel San Martín anuncia que hay un continuar el viaje a Zaragoza, adonde tenía tema muy importante que tratar y pide perprevisto trasladarse para inspeccionar unos miso para que sea expuesto por el comanejercicios de unidades de la Brigada Acora- dante Pardo. zada XI, juntamente con la ATP XI, en el UN HECHO SONADO. campo de maniobras de San Gregorio, de dicha plaza. Este pasa a informar de la entrevista que el día anterior, domingo 22, había mantenido Serían las once cincuenta cuando emen Valencia con el capitán general de la prendo la marcha de nuevo, no sin antes acIII Región, llamado por él. Según su relato, el ceder a que por el coronel San Martín se coteniente general Miláns del Bosch le expuso municara al de la División Acorazada el que en esta tarde del lunes iba a producirse cambio de programa, anticipando el punto un hecho muy importante y de extraordinaria donde se preveía efectuar el almuerzo. gravedad ante el que no habría más remedio Como quiera que al llegar a éste- -parador que actuar para garantizar el orden y la segunacional de Medinaceli- -lo encontráramos ridad, que su III Región ya estaba preparada cerrado, continuamos hasta el de Santa María de Huerta, volviendo a telefonear a El- -pensaba declarar el estado de excepción- -y que la DAC tenía que estarlo por si fuera Pardo desde allí el jefe de Estado Mayor para preciso. Que la señal, desencadenante sería comunicar la nueva modificación del proun hecho sonado del que sabríamos por la grama. radio y televisión, que no estaba en condiciones de concretarnos y que se produciría a OCURRE ALGO GRAVE partir de las dieciocho horas; esta misma A la salida de la cabina telefónica el coroseñal nos daría explicación de las razones de nel San Martín me manifestó que el capitán actuación. Tamarit le había dicho que debían regresar El comandante Pardo y el general Torres inmediatamente al cuartel general porque Rojas insistieron reiteradamente en la constialgo grave ocurría, cuyo detalle no se le precisó, a su parecer por la poca discreción del tucionalidad de la acción prevista, que se desarrollaría a las órdenes del Rey y- -llegaron teléfono. a afirmar- -con la simpatía y apoyo de la Sin detenernos nada más que el tiempo inReina. dispensable para recoger unos sandwichs y Como garantía de esas afirmaciones se inunas botellas de cerveza que encargamos para consumir en el trayecto, iniciamos el re- dicaban los nombres de los mandos supuesgreso a las catorce treinta, llegando al cuartel tamente implicados, de personalidad sobradamente por todos conocida: el teniente general general de El Pardo poco minutos antes de Miláns del Bosch y el general Armada, que se las diecisiete horas. encontraría en En el patio del acuartelamiento pude ver en ciocho horas. la Zarzuela a partir de las dieseguida al general torres Rojas acompañado Hizo, asimismo, hincapié en la importancia de un grupo de jefes y oficiales, al que saludé, apresurándose a explicarme que, invi- de garantizar las instalaciones y especialmente las de Radio Nacional y TVE. tado por algún antiguo subordinado, había estado comiendo en nuestra residencia. SUPUESTOS EJERCICIOS Nos dirigimos a mi despacho, en donde peEl tiempo había ido transcurriendo (ya que netró con algunos jefes de la División, que con anterioridad a mi llegada habían sido por los retrasos de algunos de los convocaconvocados, según supe después, para que dos hubo que repetir la exposición) y ante la tuvieran ocasión de dar satisfacción al deseo observación de alguien de que el personal de las unidades hubiera ya salido de los acuartedel general Torres Rojas de saludar a sus anlamientos, se dijo habían sido retenidos alertiguos subordinados durante el breve tiempo que pensaba permanecer en el cuartel gene- tándoles para unos supuestos ejercicios Erizo ral. Se hicieron al comandante Pardo varias objeciones, por mi parte y por la de algunos de los asistentes, entre ellas la de que había que informar al capitán general, respondiendo algo así como que el teniente general Miláns establecería contacto en su momento con los capitanes generales y que sobre otros aspectos no era posible conocer más detalles, pero que se podía tener la seguridad de que todos estaban estudiados y resueltos por quien procedía. Ante la premura de tiempo, el jefe de Estado Mayor me propone que por él mismo se proceda a preparar las órdenes de puesta en marcha de la operación Diana con modificaciones, a lo que accedo. NO LLAMARE MOVIMIENTO El general Torres Rojas advirtió que a la actuación eventualmente a desarrollar no debía dársele el nombre de movimiento, que no se le ofrecían dudas, sobre su resultado por contar con la voluntad del Rey, poniéndose personalmente a mis órdenes para lo que pudiera precisar, ofrecimiento al que no respondí. Al poco rato regresó al despacho el comandante Pardo solicitando autorización para leer la propuesta de distribución de misiones, que, en síntesis, consistían en su conjunto en ocupar distintos puntos de la capital y hacer acto de presencia en los centros de comunicación de radio y TV, suspendiendo, si la situación lo hiciera necesario, la transmisión de noticias. Únicamente si las unidades fueran atacadas violentamente por grupos civiles harían las fuerzas fuego al aire, primero; si no fuera suficiente, al suelo, y sólo en último extremo sobre los atacantes. Apenas se había desalojado el despacho por los últimos llegados (salvo por los generales Torres Rojas y Yusty y el coronel San Martín) supimos por un transistor que tenía encendido la noticia del asalto al Congreso, hecho que, sin duda, correspondía al anunciado por el comandante Pardo. NI ESTA ARMADA, NI SE LE ESPERA Mi preocupación inmediata fue llamar a la Zarzuela para comprobar la presencia del general Armada allí. Los enlaces telefónicos, indudablemente por la sobrecarga de las líneas, eran difíciles de conseguir en esos momentos. Sin embargo, sobre las dieciocho cuarenta y cinco logro enlazar con el general Fernández Campo, al que pregunto por Armada, contestándome que ni está allí ni se le espera para nada. Se extraña ante mi insistencia, y al ponérseme en evidencia no se sabe nada de él en Palacio desaparecen mis dudas. En el contacto que me apresuré a establecer con el capitán general le doy cuenta de la situación de la Acorazada, ordenándome dispusiera se mantuvieran las unidades en sus acuartelamientos. Se procede a transmitir las órdenes oportunas, que, al hacerlo, ya algunas unidades las habían recibido directamente de Capitanía General y a las que fueron reiteradas por el mando de la División, y procediendo a confirmarlas por escrito; firmado personalmente por mí y distribuido inmediatamente por agentes de enlace sobre vehículos. Se me da parte de que, salvo Villaviciosa y uri destacamento del Regimiento Mixto de Ingenieros, la totalidad de las unidades estaban en sus acuartelamientos. Se insiste cerca del coronel Valencia, que, al parecer, tiene dificultad para transmitir la orden. En todo caso antes de las veintiuna quince habían regresado las unidades del primero y antes de las veinte treinta la de Ingenieros. TORRES ROJAS, A LA CORUÑA Habiéndose informado al capitán general de la presencia del general Torres Rojas en