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El Retrato en vivo de Jeanette Jeanette no canta especialmente bien- -y ella lo sabe- pero debe tener buenos padrinos, o quizá sea que las ñoñerías de sus canciones gusten lo suficiente para que sus discos figuren en los hit- parade y para que televisión la dedique un espacio como lo hará hoy, el programa Retrato en vivo que dirige Miguel de los Santos. Jeanette no ha estudiado música, y su buen o malhacer- -como siempre, todo depende de los gustos- -no es más que el fruto de la espontaneidad, porque lo que se dice trabajar la voz nunca fo ha hecho, y ella misma lo confiesa. Pero como no se trata de juzgar la aptitud cantora de Jeanette, sino de contar algunos datos de su vida, que luego ella se encargará de ampliar, diremos que es una inglesita que vino a España cuando tenía doce años, pues su padre tenía que resolver unos negocios en nuestro país, y a su madre no le desagrada la idea de regresar a su tierra. Su ilusión era haber sido piloto, pero la música desvió el rumbo. Al terminar el preu a los dieciséis años, empezó a cantar con el grupo los Pic- Nic. pe aquellos gloriosos sesenta era la canción Cállate niña, no llores más y algunas más que ahora sirven para consolar el ánimo de los nostálgicos. Cuando se disolvió el grupo ella se hizo ej firme propósito de no volver a la música. Fue entonces cuando conoció al que ahora es su marido. Se casó y estuvo cosa de un año sin aparecer por los escenarios y estudios de televisión. Pero, transcurrido este tiempo, se dio cuenta que lo suyo era la canción y de que los quehaceres del Unos cuantos nombres En el laberinto tecnicolor de las cadenas con que la tele nos ata a su trivialidad, al rizo de lo que se esfuma cada minuto entre limones salvajes del Caribe y el a quién se lo dijiste lo de los detergentes, de cuando en cuando se marra la mahonesa y aparecen grumos extraños que fijan al espectador, que sólo esperaba tiempo para perderlo y horas de muñequitos que se mueven y dicen cosas pequeñas e insustanciales, a unos personales que parece que hayan entrado en ei receptor por la puerta que el ayudante de dirección se dejó abierta. Son los malditos de este drama deshabitado que es la tele y, como ellos, desentonan. Ni pertenecen al pop paupérrimo, ni aconsejan nada a los niños, ni representan la comedia americana de los Picapiedra, ni nos pasan la factura de la ecología a través de Grizzly Adams. Ni siquiera sirven para la provocación de la entrevista más audaz para el público más inteligente. Son sencillos personajes de una vida que se despegan del celofán constante de los estreí latos y que, no obstante, imponen con su presencia en la pantalla incesante una especie de inquietud inédita, de compostura atrayente y de inteligencia exótica en el medio. Me refiero a los intelectuales, esos hombrecillos extratelevisivos que no ponen cara de nada y usan el lenguaje de todos los días para expresar el sentido común de la querencia a la sencillez profunda. En un tinglado tan desilustrado y opaco como es la tele la presencia de estos enanitos sin truco llega a resultar, incluso, inconveniente, pero, precisamente por eso, ejercen una especial fascinación que hasta a las gentes más refractarias les enciende la luz roja de la alerta y les detiene el frivolo pulso de seguir consumiendo tele con todo lo que les echen. Son una especie de conciencia sexy de la inteligencia que hace detenerse al más desprovisto de curiosidad. En el último sábado, tres de estos especímenes saltaron a la caja de las sorpresas tontorronas trastornando el equilibrio de las esferas. Por una parte, dos profesores en charla abierta que, desde De cerca se enzarzaron en un diálogo que, naturalmente, y como es habitual, nada tenía de sobremesa como reza el subtítulo del programa: dos economistas doblados en historiadores que se llaman José Luis Sampedro y Ángel Viñas. Imagínense ustedes: historia, economía y un largo coleo político. Se podía o no estar de acuerdo con lo que dijeron, pero lo que no se podía era dejar de estar con ellos para aprender lo que es una charla de alto voltaje en el tono más lubricante. Y el domingo, en Nombres de ayer y de hoy a media tarde, ese cantor del universo en armonía que es Jorge Guillen, envuelto en todo su verde abril casi centenario. Como telespectador vicioso, yo le digo, al posible lector de esta nota, que con esos tres nombres- -y algunos mas de soslayo, como Henry Moore, Rosalía de Castro y Graham Greene- -el fin de semana tuvo para la tele una rutilante estela que la redimió de sus frecuentes socavones y de su constante patinaje por la facilidad. Con esos hombres, la tele parece otra, y con ellos hasta adquiría una nueva dimensión la marabunta tropelaria del resto de la programación. ¿Cómo podría decirse que la tele necesita con más frecuencia de estas apoyaturas de los mejores hombres del país? Que no se ofenda nadie, por favor- -Pablo CORBALAN. Jeanette, invitada de honor al programa Retrato en vivo hogar los podía dejar para los momentos de ocio. Volvió, pues, de la mano de Manuel Alejandro y con aquella canción de Soy rebelde Luego vendrían Corazón de poeta Por qué te vas de José Luis Perales, canción que sirvió de sintonía para la película de Carlos Saura Cría cuervos Además de las canciones mencionadas, en el programa Retrato en vivo Jeanette cantará: Toda la noche oliendo a ti Acabaré llorando y Frente a frente La situación ecológica de este país En este país programa que se emite quincenalmente, a las ocho de la tarde, abordará hoy el tema de la conservación del medio ambiente, bajo el título Ecología Nada extraño resulta, para el español de hoy día, encontrarse ya no sólo con las clásicas botellas de plástico en mares y montañas, sino con contaminantes mayores que ponen, día a día, en jaque el equilibrio ecológico. Ríos cuyas aguas son vertidos industriales más que otra cosa, montes pelados, ciudades asfixiadas... se han convertido, lamentablemente, en algo demasiado común. En la segunda mitad del siglo XX viene hablándose de las tres c mortales- -cáncer, coche y corazón- -pero, ahora, al paso que vamos la cuarta c es decir, contaminación, parece desgraciadamente no sólo inevitable, sino más preocupante. El equipo En este país recoge en el programa imágenes de playas contaminadas por vertidos de fábricas, en Cataluña y País Vasco. Al lado, y como ejemplos de habitabilidad, están Sevilla y el Monasterio de Piedra. Para hablar de la situación ecológica española se expondrán las opiniones del subsecretario de Medio Ambiente, de un representante del PSOE, especialista en el tema, y también de los consejeros correspondientes de la Generalidad y del País Vasco. En resumidas cuentas, un nuevo programa de Lalo Azcona, con un problema que interesa a todos porque, como suele decirse, algo muy importante está en juego: la vida De marcapasos y otros frutos cardiacos No hay martes que no tes suceda algo grave a los Ewing y a los Bellamy. Algo que venga a romper la calma y buenas maneras, tanto de la familia americana como de la inglesa, justificando el nuevo episodio. Pero vayamos al principio, a Dallas -siempre la Primera Cadena tuvo sus preferencias- Ya se sabe que a estas alturas a nadie le escandalizan las discusiones de Bobby y J. R. -pese a que esté muy mal visto pelear entre hermanos- pero qué le vamos a hacer, hoy vuelven a enfadarse. Y la causa es también la de siempre: J. R. sigue oponiéndose a que Bobby meta las narices en el negocio familiar. Este, harto ya de tantas peloteras y de que su hermano no le deje meter baza, comunica a su padre la firme decisión de abandonar la compañía de petróleos. Al viejo Jock la noticia no puede sentarle peor. Pide explicaciones a J. R. pero este las esquiva a base de evasivas y medias palabras. La cuestión es que, al patriarca, entre tantos disgustos y sinsabores el corazón empieza a fallarle y un infarto se apodera de él. Lo del marcapasos cae por su peso. Si, en los Ewing, los problemas inmediatos son de salud, en los Bellamy son de dinero. Una mala racha financiera pesa sobre esta familia, por lo que plantean vender la residencia de Eaton Place. La servidumbre empieza a alarmarse porque temen inminentes despidos. Y mientras todos andan preocupados por los problemas económicos, Elizabeth se consuela con la presencia de Julius Karekin, un armenio que, años atrás, la sacó de la cárcel y que ahora la ha buscado trabajo en una sombrerería. 3