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12 ABC NUMERO EXTRAORDINARIO LUNES 20- 7- 81 Homme des lettres Por Pedro SAINZ RODRÍGUEZ De la Real Academia Española Es éste el primer homenaje postumo que se rinde a Pemán. Vendrán luego estudios de su gran obra, pues es de esperar que una producción tan enorme y trascendental merezca una definitiva atención de la crítica para situar a Pemán y a su obra tanto en la historia política y social de España como en la historia literaria en sus diversos aspectos de poeta, novelista, dramaturgo, ensayista, incluyendo su colaboración en periódicos, de éxito tan rotundo en este último apartado. Conocí a Pemán el año en que se publicó la que yo creo es su tercera obra, A la rueda, rueda libro de poesías que le edité en la editorial CIAP, que yo dirigía. Era Pemán entonces un hombre joven, parecía un muchacho, que se presentó en mi casa de la calle del Conde de Romanones con el original de su libro de versos. Era el año 1929 y venía a verme con cierta timidez, porque yo había realizado en la Asamblea Nacional Consultiva de Primo de Rivera una violenta campaña contra la obra del ministro de Instrucción Pública, Callejo. Pemán militaba en los cuadros de la Dictadura más por paisanaje y por amistad personal con Primo de Rivera que por coincidencias doctrinales. Estas circunstancias originaban su timidez cuando apareció en mi casa. Yo le acogí con toda cordialidad; no hablé de política una palabra con él y le publiqué su libro. Creo que esto fue el fundamento de la amistad cordialísima e invariable que nos unió desde aquel día hasta su muerte. La fama y popularidad de Pemán ha despertado muchas envidias más o menos disimuladas. Para escatimarle el elogio se alaban algunos sectores de su producción en detrimento de otros. Es una manera de aplicarle aquel género de crítica que Heine, con su genio satírico, definía como el arte de azotar a un poeta con los laureles de otro. Una popularidad tan extensa y continua como la que goza la obra de Pemán constituye por sí una calidad estética, pues es indicio de un contenido nacional, ese valor que para Federico Schlegel era superior al de las obras intuidas del ingenio intelectual. Pemán ha sido un auténtico homme des lettres que domina todos los géneros literarios con una cultura que más bien se disimula, que se exhibe y que queda como ornato permanente de cuanto ha escrito. Cultura muy amplia que he tenido mil ocasiones de verificar y en algunos aspectos muy profunda, como, por ejemplo, en cuanto se refiere a la técnica teatral y a la información sobre la tragedia griega. Todo el mundo celebra su arte y pericia extraordinarias como articulista. Nace este éxito de la manera sui generis que emplea de escribir los artículos, que son accesibles a todos los niveles del público; tengamos en cuenta un estilo directo, ágil, gracioso, que aborda los temas más variados, y una técnica que logra trivializar los temas trascendentales con alusiones a cosas populares y que trascendentaliza lo vulgar con referencias o recuerdos a la alta cultura. Sus obras políticas, que en este momento histórico parece oportuno recordar, no son puramente doctrinales, sino que contienen una adhesión humana a las personas que han encarnado las ideas. Como antes indiqué, El hecho y la idea de la unión patriótica (1929) es el intento de ayudar a un gran amigo y paisano, a don Miguel Primo de Rivera, dotando su actividad política de una teoría doctrinal que en realidad nunca se expuso en las propagandas del partido de Unión Popular. Ha logrado ver Pemán, antes de morir, restaurada la Monarquía en España, realidad ac- tual a la cual hemos ayudado con tantos esfuerzos durante nuestras vidas, unidos en una misma empresa. El monarquismo, tanto en él como en mí, no ha sido sentimental exclusivamente, sino que está basado en una fuerte convicción doctrinal. A la exposición de la doctrina monárquica dedica Pemán un libro siempre interesante en España, Cartas a un excéptico en materia de gobierno (1935) Para todos aquellos que no hayan seguido el bello espectáculo de la formación y madurez de la personalidad de Pemán constituirá una sorpresa la abundancia de la documentación histórica y doctrinal y la solidez y originalidad de pensamiento que aparecen en esta obra. El poeta lírico, el orador elegante y florido, el dramaturgo evocador de algunas glorias de nuestro pasado, pueden parecer a los ojos del gran público personalidades muy diferentes de la del autor de este libro, y esto no sería más que un juicio superficial sugerido por las apariencias. Esta obra responde a una reacción producida en el arte literario que se separa de la visión del arte y pretende nutrir la creación literaria con una gran reacción moral que abarca todos los ámbitos del pensamiento contemporáneo y que ha puesto en crisis desde las instituciones políticas hasta las doctrinas estéticas. Las ideas de esta obra de Pemán son la raíz y sustancia de muchas manifestaciones sociales que aplaude la masa, porque en ellas están implícitos los sentimientos que laten en el alma colectiva de un enorme sector de nuestro pueblo. Siete volúmenes de mil quinientas páginas cada uno componen el conjunto de la obra de Visto por Mampaso Pemán, que ha de lograr próximamente una valoración exacta que interesa a la Historia de nuestra cultura y a nuestra propia vida social. No sé si para Pemán, desde donde hoy nos contempla, carecerá todo ello de interés, pues habrá alcancado el premio a su bondad, a su rectitud, a su caballerosidad, de las que disfrutamos y nos beneficiamos cuantos le acompañamos con nuestra amistad en la vida. Pemán, en perspectiva Por José María de AREILZA Nuestra existencia se mide con justeza cuando el tiempo se retira de nosotros y aparece la vida entera contemplada en su totalidad. La biografía de Pemán puede y debe enriquecerse con el exhaustivo análisis de sus obras completas, que demuestran la condición proteica de su ingenio y de su pluma. A los que tuvimos el privilegio de disfrutar de su amistad durante muchos años nos corresponde la evocación de la figura humana de un patriarca de nuestras Letras que, además de ejercerlas con soberana maestría, intervino con su personalidad en el azaroso campo de la política española durante tantos años. Conocí a Pemán como orador juvenil y ardoroso en los últimos días de la Monarquía tambaleante en que defendía en los mítines con más talento que convicción el programa de la UMN, intento imposible de prorrogar en el tiempo la política de la dictadura fenecida. Era un tribuno brillante y espectacular. Cumplía con las condiciones que Cicerón exigía del orador romano: Que instruya, encante y conmueva al auditorio. Era elegante y comunicativo; preciso y metafórico a la vez. De cuantos tribunos contaba la derecha en aquellos momentos se destacaba en términos indiscutibles del resto de los políticos discursivos. El no fue nunca político, si el serlo consiste en aspirar al poder para ejercer el gobierno. Apenas tuvo esporádicamente cargo de esa naturaleza en nuestra vida pública. Escribía, eso sí, con una intensa sustancia ideológica, artículos y ensayos. Su compromiso católico y monárquico fue explícito y reconocido. Era un intelectual engagé Su prosa política era beligerante en los años de la República y sus discursos fueron en ocasiones de resonancia indiscutible. Fustigaba con dureza e ironía y el remoquete de gubernamentales de Nerón con el que calificó el posibilitismo democristiano, le valió antagonismos irreconciliables. No militaba en partidismos, sino en planteamientos generalizados para una estrategia de la derecha unida. Pero en su dialéctica se afirmaba como premisa diferénciadora la idea política de la Monarquía como forma de Estado que no era posible olvidar a la hora de buscar otras soluciones si el ensayo republicano no fuera capaz de sobrevivir a sus enormes dificultades interiores y tensiones aniquiladoras. Pemán estuvo inequívocamente en el bando nacional durante la guerra fratricida. Hizo de cronista de batallas; escribió poemas; pronunció arengas; vivió intensamente los avatares del inmenso drama. No se puede olvidar, sin embargo, el tono de generosidad, de liberal respeto, de sensibilidad aguda que en su ánimo se percibía en una y otra ocasión hacia la mitad de los españoles que combatían por la República. Al terminar el conflicto empezó una nueva y fecunda etapa en la actividad política de Pemán. Su memorable artículo Los molestos escritores en el que reivindicaba para el intelectual el papel insustituible del crítico insobornable y ético frente a gobierno y sociedad, le situó de pronto en la vanguardia de un movimiento que a lo largo de los años iba a ser decisivo para configurar el futuro del país. Don Jacinto Benavente le dio la réplica entusiasta a los pocos días y a partir de ahí la pluma de Pemán se declaró cada día más independiente, más consciente de su relevante papel de advertidor señero de errores, autocomplacencias. abusos de poder y aniquilamiento de