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LUNES 20- 7- 81 JOSÉ MARÍA PEMAN ABC José María Pemán y la Academia Por Luis CALVO Si la emoción me deja, bien quisiera yo inclinado, como constante monárdejar escritos algunos recuerdos de José quico, del lado de los que salieron victoriosos. María Pemán, que ayer se nos fue de esta Victoriosos de ja incertidumbre. Pensaba que baja vida, en su tierra gaditana, su tierra conasí rendía parías a su insobornable lealtad sustancial. ¿Cómo sobrellevar su ausencia, la monárquica. Pensaba que aquel torrente de ausencia de su dulce trato, de su sabiduría sacrificios devolvería a España al Rey destrohumana y humanística, de su condición natunado, o a su heredero Don Juan de Borbón y ral de hombre verdadero, leal, ingenioso, son Battenberg, Conde de Barcelona, o al primoingeniosidades súbitas, pertinentes, aplacigénito de Don Juan, nuestro Rey Don Juan bles, arrimadas siempre a la concordia, reñiCarlos I, custodio y gala de la democracia das siempre con el rigor de la rotura? ¿Cómo que aún estamos labrando, día a día, los esolvidar a aquel hombre alegre, corazón genepañoles. Yo sé muy bien que la labor perioroso, mente clara y a punto de perdonar rápidística de José María Pemán (otros cantarán damente agravios y desaires (si es que los su gloria de dramaturgo, de poeta y de orahubo para el en el trajín de la literatura vincudor) sé muy bien que la labor periodística de lada con la política) cómo olvidar al hombre Pemán era el más gustoso vehículo de un templado, penetrante y risueño que se nos ha ideal cierto como la paz y madurado en la exido de este mundo sin conocer la envidia, el periencia, hija de la soledad. Ese ideal es la encono, la ambición, el resentimiento, la rivamonarquía parlamentaria y constitucional que lidad, sino que echaba más bien a chacota el pueblo español ha sancionado con sus honores, bienes, alabanzas y todo aquello votos. En esa tarea de asiduo articulista de que no fuese, en el concepto existencialista A B C José María Pemán, entre bromas y de Heidegger, existencia auténtica, radicaveras, y a contrapelo, reparaba sus impaciención de su propio ser conciencia de sí cias, aliviaba sus quebrantos políticos, recomismo e identificación con su Dios, el de Ga- braba su optimismo de español nostálgico, briel Marcel? Llevaba últimamente la muerte desagraviaba su amargura. El resultado se en el rostro, y veíamosle esbozando la soncondensaba en pequeñas piezas maestras de risa de dentro que no acababa de desvelarse la literatura periodística española. Y sé tamhacia fuera; veíamosle gozoso entre los bién con que alborozo recibía el pueblo llano amigos- -todos, porque Pemán no conoció aquellos artículos de Pemán, entonados en el enemigos- veíamosle alzada la alegría en mejor humour británico y en alusiones tásu noble frente, en sus ojos apagados, los citas y atentadas a los Gobiernos de su ojos que tan vivaces fueron, y buscaba abraépoca. La época del mayor esplendor público zos y ternuras como un niño, y charlas y del José María periodista. No dejéis de pucuentos y hablillas, como un adolescente que blicarlo antes del Consejo de Ministros nos se inicia en la zaragalla de la literatura. ¡Y nodecía. Y era que Pemán estaba al tanto de lo, tábamos que lo pasaba tan bien! Sin enteque iba a ocurrir en ese Consejo. Fino e hirarse apenas de las comidillas. Y así fue verriente como una daderamente toda la vida: poeta, dramaturgo, y eficaz; recio orador y, sobre todo, escritor de periódicos, gido como un diaque no entraba nunca en la maledicencia, y, si entraba, era con ánimo conciliador. Volviendo la página, quiero recordar Venía, de cuando en cuando, a la Redac- que, por el sutilísimo ción de A B C y nos entregaba uno, dos, tres juego que tenía entaartículos, todos de comentario zumbón de la blado con el viejo révida en torno, y sutiles, centelleando ironías, gimen y un poco a la esquivando al quiebro los alardes de la cen- ventura, Pemán fue sura, artículos saturados de doctrina política, elegido director de la sabia, levemente apuntada en esguinces y Academia. Don entreverada con malicias de buen tono. Fue, Ramón Menéndez será siempre un artífice del periodismo. Inex- Pidal, que lo era de pugnable su lealtad a la Corona, al reinado derecho, parecía un en el destierro, a la ascensión al Trono de poco en entredicho a Don Juan Carlos. Religioso y católico, sí, y los señores académimucho, y entero y practicante. Pero su tole- cos. Un día de 1972, rancia, en eso como en todo, su condescen- el propio Pemán plandencia, su innata voluntad de convivir y aco- tea el caso de don modarse con todos, amigos y adversarios, su Ramón, renuncia a su llaneza, su ecumenidad de espíritu, su cargo y escribe en enorme cultura, su temperamento y acogi- ABC: Mi único promiento liberal, liberal en lo humano, en lo po- grama, que anuncié lítico, en lo religioso, no podían rehuir el trato puntualmente en mi con sus adversarios en materias políticas, li- primera toma de poterarias o espirituales. José María Pemán (sin sesión, consistió en el duda, el más ameno, el más ilustrado, el más tenaz propósito de atenido al requisito de alegría, travesura, pro- entregar, al salir, una fundidad y ateccionamiento que demanda un Academia recobrada artículo de periódico) José María Pemán en su convivente seserá en ¡o futuro, entre los folios de la historia renidad, sin cicatrices de los tiempos en que hemos vivido y vivi- polémicas. Símbolo mos, un modelo de liberalismo y de liberali- vivo de esa reintegradad, como lo fueron en Londres, a principios ción académica a su del siglo XVIII, los redactores del Spectator ritmo vital era la fiy del Tatler Swift, Steele, Addison y Car- gura de don Ramón iyle más tarde. Menéndez Pidal. Me parece ridículo presidir yo una Academia Queda muy claro que Pemán, modelo del de la Lengua de la liberal moderno, sabía como los clásicos, que que es miembro don la paz es cierta y la victoria, incierta. Le tocó Ramón. Es como ser vivir en un período belicoso y triste de la vida capitán de un pelotón en el que formara, como soldado raso, Napoleón. He logrado mí propósito, sacándole a tirones, no de ningún exilio, sino de sus ficheros, sus libros y su jardín de la cuesta del Zarzal, en Chamartín. Y seguía diciendo: Todo consiste en recuperar no sólo a don Ramón, sino a una Academia que sea digna de que don Ramón la presida. Pemán defendía la idea de dar ingreso en la Academia a doña Emilia Pardo Bazán, pero se encontró con esta paradoja: que los más mujeriegos eran los más antifeministas, y siguió prevaleciendo la idea de don Juan Valera: las mujeres cohibirán la tertulia previa a las sesiones donde se cuentan chistes verdes. A lo cual parece que doña Emilia Pardo Bazán mandó a Valera un recado. Ella se comprometía a decir palabras y chistes más verdes que los de los señores académicos. José María Pemán sojía contar, y en ABC lo había contado también, que Moliere no ingresó en la Academia Francesa porque era cómico, lo cual nos hace pensar a nosotros que lo mismo debió de ocurrirle a don Ramón del Valle- lnclán, quien, como se sabe, hizo un papel de cómico en La comida de las fieras de don Jacinto Benavente, lo que decía Pemán era que en el vestíbulo de la Academia Francesa había un busto de Moliere con este rótulo: El estuvo completo sin la Academia, la Academia no estuvo completa sin él. Tampoco en la Academia Española han estado Ortega y Gasset, Unamuno, Gabriel Miró, Juan Ramón Jiménez y tantos otros. Oh, admirable y delicioso José María! Estas líneas no tendrían término si me pusiese a contar tus bondades, que tampoco conocieron término. Tus bondades y tus malicias, que no fueron nunca encarnizadas. Te amaremos siempre, como te hemos amado en vida, nosotros, que creíamos que tu vida era tan inmortal como tu gloria.