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4 ABC NUMERO EXTRAORDINARIO LUNES 20- 7- 81 ABC DIRECTOR: Guillermo LUCA DE TENA DIRECTOR ADJUNTO: Editorial Miguel TORRES GIL DEL REAL SUBDIRECTOR: Francisco GIMÉNEZ ALEMÁN TELEFONOS: Radacdon y Tallaras: 435 31 00 r Z 75 94 08 ptatüddad: 435 18 90 Administración: 43 S 40 OO Suacripdonas: 233 81 O9 Apartado 43 Editor: Pranaa Española. S. A. Brande üe España ejemplaridad, su fidelidad y su valentía. Escritor de éxito y hombre de brillante ejecutoria social, no por eso dejó nunca en suspenso sus obligaciones tanto en las más diversas circunstancias de su vida personal o en los azarosos tiempos de nuestra vida ciudadana. Pemán no dudó nunca en comprometerse en aquello en lo que creía, y en este sentido- -aun a riesgo de no ser bien comprendido- -siempre arrojó la cara al servicio de los valores de la tradición y de una España en peligro de disolución y anarquía. Sus convicciones monárquicas siempre resplandecieron generosas. Y en su servicio quemó posibilidades y arriesgó ventajas. Su p a t r i a r c a d o i n t e l e c t u a l- -comandó, en efecto, durante muchos años la vida literaria como el escritor más leído- -jamás claudicó ante la injusticia o la cabardía. Ahí queda su gesto en momentos difíciles de no cejar hasta ver en la dirección de la Academia Española a Menéndez Pida! Y cuando la mediocridad cultural se apoderaba de los ambientes literarios, ejerció con su pluma una oposición eficaz, positiva, como fruto de su amor a la libertad. Porque Pemán sobre ser un soberano escritor ha sabido ser un extraordinario patriota. A lo largo de su vida mantuvo una lección permanente de fidelidad a la Monarquía y a la Familia Real española, de la que el Toisón de Oro recientemente otorgado era el símbolo más tangible, el premio de una dedicación sin reservas ni dubitaciones. Fidelidad que estuvo en justa correspondencia con su actitud independiente ante las monolíticas instituciones de la España de los últimos c u a r e n t a años, que le permitió opportune et impportune señalar las deficiencias y dirigismos del ordenamiento social y aun de la Ley Orgánica, cuando disentir no estaba de moda, sin temor a olvidos y represalias. No cabe duda de que su compromiso histórico con la Monarquía y su amplia liberalidad dialogante le restaron entusiasmos entre una cierta clase política. Pero es el dato que coloca al escritor en su sitio. T a r d a r á m u c h o tiempo en nacer, si es que nace, un español de su talla, que sepa asumir- -sin tragedias ni malos humores, por otra parte- -sus compromisos políticos y sociales. Es en este aspecto donde José María Pemán puede aparecer con una imagen velada por la inercia de los miopes o de los olvidadizos. Pero que necesita la máxima claridad. Pemán ha llenado la vida intelectual española no sólo de elegancia y buen gusto literario, sino de gestos impagables. Y en sencilla panoplia no debe borrarse su mano tendida a todos. El aval de Pemán abría todas las puertas y la opinión de Pemán rompía todos los hielos. La España intelectual y literaria queda en una situación de orfandad con la desaparición de un maestro tan excepcional para el, que será muy difícil encontrar repuesto. Pero quizá el hecho triste de su muerte sirva para que el purgatorio que venía padeciendo, más o menos tácitamente, durante los dos últimos lustros, se acorte. Y sobre todo que en la revisión imprescindible de su vida y de su obra, que ha de comenzar indefectiblemente, comparezcan en toda su fuerza la apertura mental de su espíritu y la tolerancia de su persona. Mucho más que un hombre, con la tristeza que una vida talada comporta, se nos ha ido un símbolo: algo de la entraña española, un auténtico, digno e ilustre Grande de España La muerte de José María Pemán trasciende por su propia entidad la simple desaparición física de un hombre y de un escritor, porque complica de algún modo la historia, la literatura y hasta la vida española de hoy mismo. Con Pemán no desaparece sólo uno de los pensadores y ensayistas más ágiles y lúcidos del siglo XX, ni solamente un comediógrafo de enorme popularidad o un poeta luminoso y profundo; desaparece un trozo vivo de España, una de las raices más firmes del árbol de la patria, acaso el español arquetípico, paradigma de las mejores virtudes liberales. No es éste el momento de hacer apresuradamente el balance de una vida y de una obra, pero sí de adelantar que la muerte de José María Pemán, el patriarca de las letras españolas al que muchos se habían apresurado a confinar en un otoño literario, sin más razones que la decadencia física de sus últimos años, permite emitir un juicio de valor en favor de este siervo bueno y fiel en el que nunca faltaron las virtudes evangélicas ni otras virtudes humanas y cívicas. Para Pemán comienza ahora la cuenta atrás de su gran significación en la vida española. Ultimamente las generaciones jóvenes habían sustituido su magisterio, su estela intelectual y hasta su tónica bonhomia por otros maestros o dioses menores, más condescendientes o más relumbrantes. Pero es difícil que en la larga travesía de los últimos cuarenta años de la historia de España haya podido encontrarse un español más fiel a su vocación y a su destino. Su vida- -ahora que ya no está- -puede adelantarse sin temores a las candilejas de este teatro del mundo por su independencia, su