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Margarita de Pedroso y Sturdza y Juan Ramón Jiménez, en los años treinta. Margarita de Pedroso y Sturdza, hija del conde de San Esteban EL AMOR PLATÓNICO DE JUAN RAMÓN ARGARITA de Pedroso y Sturdza, hija de! conde de San Esteban de Cañongo y de la princesa rumana María Sturdza, fue un gran amor de Juan Ramón Jiménez. El poeta sintió una debilidad amorosa por aquella joven de la aristocracia madrileña, a la que veía pasar desde su ventana, todos los días, al estudio del pintor Vázquez Díaz, con sus largas trenzas rubias hasta la rodilla, y unos tiernos y tímidos ojos azules. Con motivo del centenario de Juan Ramón Jiménez, invitó a Margarita de Pedroso a recordar áu amistad con Juan Ramón y accede con la sencillez y elegancia de quien tiene modales y corazón principescos. Margarita vive sola en un céntrico piso de la calle Serrano, lleno de recuerdos y evocaciones de su familia. Su bisabuelo fue príncipe reinante de Moldavia y una gran foto de la reina María de Rumania presida la consola de su salón. Sin embargo, la mayoría de sus 8 M Por Julia SAEZ ÁNGULO libros, documentos, fotografías, objetos y recuerdos se encuentran en Brihuega, en una casa que Margarita de Pedroso compró y a la que quiere llamar Domine porque fue Escuela de Gramáticos en el siglo XVI. -Allí tengo precisamente una foto mía, como la que le regalé a Juan Ramón, pues a él le encantó porque tenía un poco de escote y la encontraba muy bonita. En Brihuega tengo también la mayoría de las fotos de mi familia. Margarita publicó en la Revista de Occidente qus dirigía Ortega y Gasset, un ensayo titulado Hacia Galilea Se insertó en el número correspondiente a mayojunio de 1932. Después publicó el libro de poemas fíosas (1939) y dos libros de cuentos: Cabeza a pájaros y la Infanta y otros cuentos (1945) y El volcán y el potro de Coipue una serie de relatos americanos, tras su estancia en Chile, donde transforma a todos sus personajes en animales y se deja influir por la fantasía de la flora, la fauna y el ambiente indio de América. ENSIMISMAMIENTO PRIMAVERAL ¿Cómo comenzó su am ¿tad con Juan Ramón? -Comenzamos a vernos en conciertos y reuniones, puss él y Zenobia eran muy amigos de mis padres. Era en estas ocasiones cuando Juan Ramón me contaba que me veía pasar todos loa días con mis largas trenzas rubias hasta la rodilla cuando yo iba a dar mis clases de pintura al estudio de Vázquez Díaz. Juan Ramón siempre se paraba para hablar conmigo. Yo quise ser pintora de loa once a los dieciocho años, y mi profesor fue Timoteo Pérez Rubio, esposo de Rosa Chacel. Fue esta escritora la que me dijo al leer mi ensayo en la Revista de Occidente: Mira, tú no tienes talento para pintar. Déjalo y dedícate a escribir Su consejo fue decisivo para mí y contraproducente para Timoteo, pues dejó de percibir su sueldo como profesor. Yo tenía entonces diecinueve años y Juan Ramón unos cuarenta y nueve. Nos llevábamos más de veinte años. Cuando quise llevar mi artículo a la Revista de Occidente, mi padre insistió para que primero lo leyera Juan Ramón y le invitó a leer mi escrito. El me trataba de tú. Yo le llamaba por su nombre, pero le trataba de ustsd. Me recomendó que lo publicara en una monografía, pero me negué, pues prefería verlo publicado y perdido entre otras firmas. Me dijo que le faltaban algunos signos de puntuación, pero yo le aduje que aborrecía los puntos y comas Sólo me cambió una palabra o sólo