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imij m ii ii miimi immjim mil mil 150 Se atribuye el invenío de la Caballería al Emperador Enrique I de Alemanía, Hamado El Pajarero. Habla en aquel i i e m p o (siglo X) cantidad de m u c h a c h o s desocupados. hi os de nobles y poderosos terratenientes sin nada que hacer y c o n muy p o c o porvenir- e l porvenir era para los hijos mayores, que lo heredaban t o d o- No podían aquellos m u c h a c h o s acudir a esquiar a las estaciones de invierno, que aún nc existían, ni a bañarse en las playas de verano, excentricidad inimaginable por el m o m e n t o no p o dían ocuparse en la lectura, pues no sabían leer, deficiencia disculpable ya que nadie sabia escribir, excepto los clérigos ¿y q u é p o d í a n escribir los c l é rigos que interesase a los jóvenes de buena familia (Esto, descontando q u e los pocíjs libros que circulaban costaban cada u n o l o q u e cuarenta bueyes, y por ese precio, aparte de los cuarenta bueyes, no siempre necesarios, se podía comprar un siervo que supiera escribir, sí es que a alguien de Antonio Mingóte la casa fe interesaban los lu os supertluos. Asi es que aquellos m u c h a c h o s d i s t i n g u i d o s no p o d í a n dedicarse más que al pillaje, la rapiha y la depredación actividad entretenida y provechosa a un tiempo. El Emperador Enrique c o m p r e n d i ó que para aplacar a aquellos díscolos no basíaba el castigo ni la reprimenda. Aprovechando que iban a caballo convirtió el apelativo caballero en título honorífico sin más requisito que escribirlos con mayúscula: Caballero Y les p e r d o n ó sus fechorías anteriores con la c o n d i c i ó n de entrar al servicio del Imperio en calidad de especialistas en Nobles M i siones, en Altas Empresas y A s o m b r o sas Hazañas, c u m p l i e n d o un reglamento que les obligaba a la fidelidad a la Iglesia y al soberano, a no mentir, ser valerosos y corteses con las mujeres, proteger a los débiles y demás p r e c e p t o s q u e tes mantenía activos sin demasiados perjuicios para la gente corriente, les hacia sentirse i m p o r t a n tes por muchas tonterías que se les ocurriera- y se les ocurrieron cantid a d- y, lo más importante, les garantizaba un porvenir en la milicia o. en el peor de los casos, en el romancero. Ya organizada la Caballería, los aspirantes tenían que someterse a un largo aprendizaje, y una vez d e m o s trada su destreza en la equitación, la natación, el pugilato, el tiro con arco, la montería, el a edrez y la versificación, y bien c o m p r o b a d a su agudeza para distinguir a los buenos de los malos, era armado caballero, después de pasar una n o c h e despierto velando sus armas, c o m o si las armas fueran un enfermo grave, sometiéndose por la mañana al espaldarazo. (Estas ceremonias y o t r o s p o r m e n o r e s c u r i o s o s de la vida de los caballeros andantes, son de sobra c o n o c i d o s por los innumerables extranjeros que han leído el Quijote y p o r l o s españoles que los han visto en muchas películas y series de televisión La ilusión de todos los m u c h a c h o s de la época era ser armados caballe- LOS DOMINGOS DE ABC