Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
La comida frugal aguafuerte, 1904 Modelo y gran cabeza esculpida 1933 que responde también (sea afirmativa o negativamente) a la diferente situación histórica De ahora en adelante sólo nos estará permitido interpretar a Picasso y por supuesto que someterlo a su estudio menos profundo: la pesquisa técnica y estética de su obra. Lástima que no podamos (no puedo yo hacerlo, a la manera que Fromentin pudo evocar el arte del pasado dotándolo de conciencia actual) desentrañar bien cuanto en Picasso había de paradigma de su tiempo, empezando por su tiempo español- -barcelonés, sobre todo- menos escapado de lo que se cree al clima espiritual- -pesimista y humorístico al par, ácrata- -del inicial novecentismo. Ramón Gómez de la Serna lo intuye: Del desengaño de España que tiene aquella generación del 98, él se escapa porque goza de la lengua internacional de la pintura, que no poseen sus compañeros de callejeo patético. ¿Se escapa? Cierto que la Comida frugal (o El ciego y su compañera grabado en 1904 en Paris, puede parecer la despedida del sórdido y noventayochista tema español Saltimbanquis de 1905, ya tiene P ICASSO, como tocto genio, desborda y trasciende la interpretación de su arte convirtiéndose, más que en un testigo de su tiempo, en el fenómeno de su tiempo: Picasso es el dato más aparente a la conciencia de nuestro siglo, y su obra, de acuerdo con Husserl, viene a ser la descripción más clara de las esencias de su época, la fenomenología gráfica del siglo XX. En todo artista paradigmático de su tiempo puede observarse idéntico fenómeno: Velázquez, aunque en su caso sea necesario advertir con más sutileza, es también a manera de una síntesis del siglo XVII español, ya en el ocaso de su proyección europea pero todavía presente en Europa (guerra de los Treinta Años, 1618- 1648, con la jornada de Rocroy incluida) y hay en la obra velazqueña una melancolía de despedida que, bien mirada, resulta más patética que la crónica de ruinas de su contemporáneo Jacques Caüot. Goya, a su vez, es el siglo XVIII, con lo que tuyo de sabio y elegante y, también, con lo que de sueños disparatados y de sangre legó al siglo XIX. Picasso es hijo de su tiempo, determinado por su tiempo (por CBIHCA DE EXPOSICIONES Por A. M. CAMPOY PICASSO: OBRA GRÁFICA (I) supuesto que sin extremar los reflejos deterministas que Taine señala en la contemporaneidad) y por ello acaba siendo el fenómeno más gráfico de su tiempo, el espejo en que más claramente se dibuja el siglo XX. Es, para decirlo con Juan Ramón Jiménez, el espíritu afilado y aguileno de su tiempo, como el Greco lo fue del suyo. Ibero irreductible- -escribía Salvador de Madariaga- tanto por sus asombrosas facultades como por sus fallas humanas, estaba predestinado a ser el artista representativo de nuestra época. Rotas o maltrechas las ataduras tradicionales, amenazadas las religiosas, las fronteras, las filosofías, el mundo se sale de todas sus madres y se mezcla y confunde en un caos donde cada cual se imagina que puede hacer lo que le dé la gana. Pero este sueño dorado del anarquista se revela mucho más inaccesible de lo que lo habían imaginado sus soñadores; los cuales, frustrados, se consuelan admirando al artista prodigioso que lo plasmó y que, en su arte, parece al menos haber conseguido lo que le dio la gana. Pero, ¿de veras io consiguió? No lo sabemos, entre otras razones, porque nosotros ya estamos más acá del tiempo de Picasso. Dice Walter Benjamín que tan pronto como la obra- -de arte- -deja su propio momento histórico, que es irrepetible e irredimible, queda falseada su verdad original o (para hablar más cultamente) modificada: adquiere un significado diferente 14