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DOMINGO 28- 6- 81 NUESTRO TIEMPO A B C 57 Bélgica: Muchas subvenciones ypoca afición BRUSELAS (Ángel Marcos) Pese a la actual crisis económica, el Gobierno belga no regatea esfuerzos encaminados a ayudar al cine y al teatro. La crisis económica por la que atraviesa esta parte de Europa, dado el carácter belga donde más se ha dejado sentir es, precisamente, en los sectores del cine y del teatro. Las salas cinematográficas, a fuerza de reducir su capacidad, han quedado reducidas a verdaderas salas de bolsillo Aun así, sus cien o ciento veinte plazas es muy difícil que se vean ocupadas. Las colas, tan corrientes en España, ante la taquillas, por aquí raramente se forman. Para poder sobrevivir a esta carencia de espectadores las empresas no cesan de aumentar los precios de las localidades y con ello reducir aún más el número de espectadores. Los teatros desde hace más de siete años sufren la misma carencia de público. Tanto es así que algunas compañías sólo mantienen en cartel sus obras una semana y a veces menos. No obstante, los grandes espectáculos musicales o de danza, en galas únicas, consiguen hacer olvidar esta crisis económica y del espectáculo en la capital de Europa. El Gobierno, en su afán de mantener ambos espectáculos, no cesa de prodigarse en ayudas, a fondo perdido, que sólo consiguen ocultar por unos días la realidad. El cine belga no puede presumir de internacional y en la mayor parte de sus producciones tampoco de nacional. El espectador belga, como antaño el español, desconfía de las producciones nacionales y se entrega a los filmes americanos e incluso franceses. La televisión belga, acompañada de nueve canales europeos, fuerza a los aficionados a quedarse ante las pantallas hogareñas. Estados Unidos: Sólo subvenciones privadas el teatro y la música NUEVA YORK (José María Carrascal, corresponsal) El informe sobre la protección gubernamental al cine y teatro norteamericanos podría reducirse a media docena de palabras: no existe para el cine, y sólo en mínimo grado, para el teatro. Existe, en cambio, una enorme, generosa y multifacética protección privada, un auténtico mecenazgo y no sólo de los ricos, sino de las más diversas clases sociales, que está permitiendo un florecimiento del arte escénico a lo largo y ancho del país. Con decirles que hay veinte mil compañías de aficionados en pueblos, ciudades, Universidades, iglesias, sindicatos y centros comunales de los Estados Unidos, creo que está dicho todo. El apoyo federal, repetimos, es mínimo y va a ser menos bajo. Reagan, que de un tajo ha cortado la mitad del presupuesto para las artes, que ya era ridículo. Prácticamente, lo único que sobrevive es el centro John F. Kennedy, en Washington, que comprende tres hermosos teatros para la ópera, la danza, el drama y la música. Allí tiene también su casa la Orquesta Sinfónica Nacional y el presidente dispone de un palco en todos ellos. Ser invitado a él es uno de los mayores privilegios en la capital. Más de un voto clave del Congreso se ha conseguido así. Pero eso es prácticamente todo a escala oficial. En Nueva York existe el centro de Lincoln, que cobija la Opera Metropolitana, la Filarmónica, la escuela de Música, un teatro y una biblioteca. Pero está pagado y mantenido por subvenciones de individuos, compañías e instituciones que, a cambio de una contribución anual que va de cien dólares a cien mil, tienen el honor de aparecer, debidamente cíasificados, en los programas de todos los eventos que allí se celebran. Otro tanto ocurre con los innumerables teatros, compañías y conjuntos de ballet que existen país adelante, que se sostienen, más que por el producto de las localidades, por el apoyo de sus benefactores. Sin ellos, las artes interpretativas sufrirían un colapso en los Estados Unidos. Piénsese que hay mil quinientas orquestas sinfónicas en el país, veinte de ellas sólo en Los Angeles. Aunque de justicia es reconocer que las municipalidades echan una mano y montan festivales artísticos, como las óperas al aire libre en el Central Park neoyorquino. Cuando hay fondos para ello, que es muy pocas veces. v Y en último término puede decirse que quien paga la factura es la Hacienda pública, pues la inmensa mayoría de esas subvenciones privadas a las artes pueden descontarse después de los impuestos. Vaya gracia, dirán algunos. Pero la fórmula tiene sus ventajas: el que la subvención no sea directa hace que el Gobierno apenas tenga influencia en lo que se hace en esas salas y teatros. Tampoco la tienen los consejos de administración de esos fondos, cargos en su mayoría honoríficos que llevan consigo más que nada el contribuir fuerte. Los directores artísticos tienen así plena libertad en la selección e interpretación de las obras. Y plena responsabilidad. Los fracasos, medidos en la reacción de crítica y público, se pagan con la inmediata rescisión del contrato. En esto, como en tantas cosas, no existe protección oficial. Dentro de la ayuda financiera que el Gobierno ha dedicado a la producción cinematográfica belga este año hay que destacar una importante mejora con relación a 1980. El nuevo ministro (aquí los ministros se cambian dos o tres veces al año) de Educación Nacional, Philippe Busquin, acaba de firmar un acuerdo con la Federación del Film Belga, en el que se restablece el presupuesto de sesenta millones de francos, reducido en un 20 por 100 el pasado año. Este restablecimiento del presupuesto va a permitir a la Comisión de selección proseguir sus trabajos. Por otra parte, este departamento ha conseguido una ayuda suplementaria a toda una serie de coproducciones que se encontraban paralizadas por falta de presupuesto. En lo que se refiere al teatro, en Bélgica existen dos departamentos diferentes, con presupuestos diferentes: el francófono y el neerlandófono. El Gobierno reparte el presupuesto destinado a este fin en dos partes proporcionales al número de habitantes y dimensiones de cada región. Esto significa que, casi siempre, un 57 por 100 de dicho presupuesto se lo lleva la comunidad flamenca, y el 43 por 100 la francesa. Bruselas tiene un presupuesto independiente. El ejecutivo comunitario francófono ha repartido, en concepto de ayudas al teatro, a fondo perdido, más de doscientos millones de francos belgas. El Teatro Nacional de Bruselas, único que se subvenciona al 100 por 100, ha recibido este año una ayuda de noventa y un millones de francos, que supone un aumento de once millones con relación al pasado año. Las ayudas de los dos ejecutivos comunitarios deben de ser solicitadas antes de finalizar el ejercicio, con la presentación de un balance detallado del año en curso, así como un informe con los proyectos. Otro sector al que el Gobierno belga presta una especial atención es el Teatro de los Niños y Jóvenes, que este año ha recibido una subvención de veintiún millones de francos. Dentro de las grandes salas de teatro en Bélgica, hay que hacer una mención muy especial del Teatro Real de la Moneda, en el que el gran coreógrafo Maurice Bejart creó el famoso ballet del Siglo XX, y donde Jacques Brel, estrenó, con gran éxito, El hombre de La Mancha Al mismo tiempo, tanto el Ministerio de Educación Nacional como los diferentes Ayuntamientos, subvencionan centros de enseñanza dedicados, especialmente, a la danza. Dentro de éstos, uno de los famosos es el Instituto de Ballet de Amberes, dirigido por Joss Brabants. En este Instituto, como asignatura especial se dan clases de baile español, dirigidas por una eminente bailarina española, Ana María Ugalde. PROMOTORES- INVERSIONISTAS COOPERATIVAS- COMUNIDADES DESCONTAMOS LETRAS DE PISOS a particulares, agencias promotoras y constructoras. Máxima rapidez PRECIOSA FINCA de 150 ha. Pinar. Muy llana. Urbanizable A 89 Km. Madrid. Apartado 53.246 Teléfono 448 78 50 OFRECE REPRESENTANTE CONFECCIÓN SRA. 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