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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M A D POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE ABC de respuestas fundadas en un consenso colectivo, previamente elaborado en el seno de los mismos. Le- clubs, que usualmente se llaman de opinión- -nombre que no nos parece nada mal- son tan distintos de aquellos clubs políticos, de carácter más o menos clandestino, como de aquellos otros que tienen un propósito recreativo y deportivo. Se podría decir entonces que estos clubs de opinión a lo que más se parecen es a los tradicionales ateneos, asociaciones o círculos que se dedican exclusivamente a fomentar actividades culturales, conferencias y debates; a promover manifestaciones artísticas, a ser centros de estudios e investigación por medio de bibliotecas y a otras tareas afines en beneficio y lustre de la sociedad. Sí, evidentemente, los clubs de opinión tienen mucho que ver con los llamados ateneos, pero hay una nota que les distingue, y es que al decir que son clubs de opinión quiere decirse que son de una opinión. Como decíamos antes, la función de la mano del almirez consiste en aglutinar unos diversos cuerpos de por sí aglutinables. Los que van a un ateneo van porque este centro les interesa por la función cultural que realiza y por los medios que les otorga para su propio desarrollo con independencia de opiniones o credos. En cambio, los que van a un club determinado es porque opinan de una determinada manera que coincide con la opinión generalizada de los miembros de un club. En ese aspecto el club no es neutral, como el ateneo, pero tampoco es ni político ni apolítico. El club tiene ideas: tradicionales, liberales, reformistas, ácratas, las que sean. Tiene ideas sobre la vida, sobre la moral, sobre el arte, sobre la ciencia y sobre muchas más cosas que quedan más allá de la política. Si ios miembros de un club se agrupan por lo que podemos llamar una ideología, entonces se nos dirá: ¿en qué se diferencia el club del partido político? Aquí está el quid de la cuestión y el porqué de los clubs. Es evidente que si el club se politiza al máximo se convierte, eo ipso, en partido político, y lo que es peor, en partido político vergonzante, es decir, que hasta cierto punto oculta su condición. Por eso el club, para que ejerza su función específica, debe mantenerse en un equilibrio muchas veces difícil, al verse soli- REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERE S SERRANO, 61- MADRID TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados O hemos tenido este año primavera y, por lo tanto, no podemos decir que la primavera nos ha traído este regalo, pero nos conformaremos diciendo que si no primavera climatológica la hemos tenido astronómica y con ésta han llegado, no sé si como un ramalazo de brisa fresca en nuestro agostado territorio político, estos clubs de ios que todo el mundo habla, todos hacen conjeturas, hipótesis, vaticinios y si pueden ser más avisados que los del vecino mejor. Nadie se queda atrás en este aspecto y todos dan a entender, con sus ojillos alegres y sus miradas maliciosas, que no caerán en la trampa, porque mayoritariamente dan por supuesto que trampa, lo que se dice trampa, existe. Es una operación hábilmente montada, dicen unos, para desarticular el actual sistema de partidos y P a r a que personas descolocadas o no bien colocadas logren no perder el tren de las futuras- ¿cuándo? -elecciones. Es una plataforma de despegue, según otros, para futuros partidos que hoy no se atreven a decir su nombre y que de este modo, mientras esperan su oportunidad, ejercitan sus armas en un campo de maniobras neutral tirando pólvora en salvas. Todos están buscando la trampa, el envés, lo que hay detrás de estos clubs, con esa incapacidad del español para aceptar las cosas en el sentido más directo y obvio. ¡Claro está que un pueblo que ofrece su casa a la primera persona que le presentan no puede aceptar la directa veracidad de las cosas que, sobre sospechosa, resulta trivial! Entonces a todo hay que buscarle el doble sentido y adivinar lo que se esconde detrás de lo que se dice. ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? ¿Nunca se ha de decir lo que se siente? N ¿POR QUE LOS CLUBS? citado por tensiones muy diversas que lo desnaturalizan. Los clubs de opinión pueden, si es tal el ánimo colectivo, apoyar a uno u otro partido político, pero nunca confundirse con él. Llegada, además, la politización, los clubs se vaciarían de lo más caracterizado de sus afiliados, que entraron en ellos precisamente porque eran otra cosa muy diferente de partidos políticos. Entonces ¿cuál es el porqué de los clubs? Lo hemos venido a decir más o menos entre rodeos y circunloquios. Son unas asociaciones que desean estudiar, desde una perspectiva cultural y humanística, lo que han de ser los objetivos de un mundo mejor, donde se desarrolle la convivencia política, donde se alcance una mejor calidad de vida, donde la tecnología esté al servicio del hombre y temas por el estilo que van más allá de la praxis concreta de los partidos políticos. Pero estos temas, y muchos más que se podrían indicar, lo interesante es que se enfocan bajo una perspectiva que es precisamente la perspectiva del club. De aquí que cuando Valéry Giscard d Estaing llamó a sus clubs Perspectives et Realites, dio con una feliz terminología. Los clubs, frente a otras asociaciones de tipo cultural y humanístico, como hemos dicho, tienen su propia opinión, su propia ideología, pero esta opinión e ideología no es traducible a programa, como sucede en los partidos políticos. El programa es algo estático, casi un código o una preceptiva, y la opinión o ideología de un club son dinámicas, se hacen en perspectiva, como algo que tiene un designio que se dispara intencionalmente hacia. Por eso esa ideología es fluyente, plástica, más intencional que formal, siempre en variable perspectiva. Esta condición fluyente más que estática no corresponde a un partido político, porque el movimiento de este es más bien espasmódico entre Congreso y Congreso y cada vez que se plantea un cambio se plantea a la vez una convulsión. En ese sentido el partido político, pieza o instrumento imprescindible de la maquinaria democrática para canalizar la participación ciudadana, no lo es en cambio para fomentar la educación, ni siquiera la educación política de la ciudadanía. En España hemos accedido ex abrupto a la democracia y a la puesta en movimiento de su maquinaria participativa sin pasar por una fase educativa, que se alcanza con el tiempo y madurez. Por eso nuestra maquinaria chirría y a veces hasta levanta chispas por no estar debidamente engrasada. El papel del aceite lo hace en este caso la educación cívica y esta educación democrática no la procuran los partidos políticos, empeñados en otros problemas y agitados por otras urgencias. La democracia española no puede perder tiempo si quiere engrasar su propia maquinaria. A defecto de una tradición democrática inexistente, los clubs pueden ser escuelas de formación acelerada que suplan en plazo breve una cultura política que empieza por ser una cultura en el sentido más amplio de la palabra. Si los clubs nacientes cumplen ese cometido ya están suficientemente justificados, sin buscar tres pies al gato ni pasarse de listos tratando de encontrar cosas raras y propósitos ocultos. Fernando CHUECA GOITIA Entonces, si consideramos que detrás de los clubs nacidos en la no primavera de Madrid no hay nada de particular, sino la existencia de los propios clubs de opinión, donde se agrupan unas personas con impulsos y criterios vagamente afines para intercambiar ideas y pensamientos, esperanzas e ilusiones y tratar de que el espíritu que los anima prevalezca, desterrando errores, hábitos y costumbres perniciosas, predicando fórmulas nuevas, otra moralidad, otras normas de vida; si sólo es esto, ¿por qué entonces y para qué estos clubs que sin aquellos propósitos ocultos pierden todo lo que podían tener de emocionantemente atractivo? Dos son usualmente las acepciones de la palabra club. Primero se entendían por tales agrupaciones o sociedades de carácter político y preferentemente clandestinas. De aquí se pasó a extender esta acepción a otras asociaciones de tipo inocentemente recreativo o deportivo. Esta palabra viene, curiosamente, de maza o porra, que en inglés se denomina club. De aquí nace el verbo to club, que quiere decir reunir, conformar o compactar. Entonces el club sería el resultado de esa operación de aglutinar que se consigue a golpes de maza, como sucede cuando usamos la mano del almirez para majar o triturar sustancias diversas. No es que vayamos a decir que los clubs de opinión se aglutinen a golpes de maza, pero sí que, para que sean útiles de alguna manera, tienen que poseer cierta coherencia que los haga homogéneos y capaces YeáiL r ¡r JOYERO Goya, 27- Madrid BRILLANTES- ESMERALDAS JOYAS ESPECIALES- ALHAJAS OCASIÓN PLATA ANTIGUA Y MODERNA