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La bolsa o la vida Empieza a circular el rumor de que muy pronto algunos Bancos cobrarán lo que ellos llaman servicios bancarios. Es decir, a la vuelta de la esquina, si las cosas no cambian su rumbo, cualquier día puede llegar a su casa un recargo del Banco por haber pasado el pago de alguna letra por estas entidades. Esta nueva sorpresa será el tema central de La bolsa y la vida programa que, dirigido por Enrique Meneses, aborda un campo tan peliagudo como el consumo. Después hablarán de cocina y de una nueva receta que estos señores de la tele han extraído de su manga: El pollo a la buena mujer cuya composición no quieren darnos para que ustedes vean el programa. A continuación, y por aquello del ahorro energético y del frío- -aunque vayamos para el verano- aconsejan poner en marcha un nuevo invento: rociar de silicona en los marcos de puertas y ventana; dejarlas cerradas durante veinticuatro horas y después aseguran que no entrará ni un pelo de aire. Enrique Meneses no duda en que su programa está gustando a los telespectadores, y como prueba nos remite a las muchas cartas que, sobre fraudes y demás asuntos relacionados con el consumo, reciben en la sección de El abogado Insatisfacción Al cabo de un mes de estrenar nueva programación empieza a percibirse insatisfacción, un cierto desaliento y hasta un poco de alarma. Son los síntomas de que las cosas no marchan como se habían previsto; de que el entusiasmo inicial no puede ser el resorte único que ponga en pie unos buenos programas; de que la abundancia de medios sólo puede respon- der cuando éstos aparecen al servicio de la eficacia y de la imaginación. Hay programas que se desmoronan día a día y a partir del momento mismo en que fueron lanzados a las antenas. Otros no han seguido con el impulso primero con que aparecieron. Algo de esto ha sucedido con Crónica 3 que dentro del barullo con que fue estrenada mostraba una ambición que ha ido decayendo poco a poco. El otro día se introdujo en este espacio una sección de cotilleo que desdecía del contenido general del programa. Se quieren mezclar muchos elementos y la mezcla no resulta porque unos repelen a los otros. Cuando se pretende dar variedad hay que llevar mucho cuidado con lo que se echa en la coctelera. Y, además, un espacio televisivo no puede ser nunca un coctel. Debe de tener su entidad, sus señas de identidad, sus perfiles precisos. En muchos programas éstos no aparecen recortados adecuadamente. Hay fórmulas que se han perdido y que aparecen repetidas aquí y allá, en espacios diversos que por el contenido que los anima no deben confundirse. El sistema de entrevistas parece desencadenado. Todo son entrevistas y todo se quiere justificar con ellas. Un micrófono puesto ante la boca de cualquier persona puede resultar unas veces eficaz y otras mera banalidad. La entrevista tiene su ocasión y su justificación, pero no puede convertirse en el soporte de toda una programación. Luego hay ideas que, como tales, parecen brillantes, pero que en ia práctica no encuentran ni el tono ni los cauces para su realización. Un caso ya muy comentado es el del concurso Lápiz y papel Parece ideado para un público que nunca hubiera utilizado ni el papel ni el lápiz; un público de ¡letrados. No existe la menor ambición en él ni siquiera escenográfica. Se desarrolla de una manera lenta, pesada, opaca, desangelada. Toda vibración de optimismo en él resultará siempre pura casualidad. Porque no bastan los premios- -que, por otra parte, son bien modestos- ni repetir refranes, ni pedir al público asistente un aplauso para este ganador o aquel derrotado. A este espacio le falta motivación de potencia, vitalidad, espectacularidad, show El dinero que se reparte parece un dinero triste. Así no se puede pensar en poder de convocatoria. Sí, las gentes mantendrán su televisor encendido mientras se desarrolla el rollo, pero esto será siempre una cuestión de inercia, de costumbres, que no puede confundirse con la atención ni el interés. Además está la hora de emisión, una hora propicia. Quiero decir que, aunque los sondeos ofrezcan una audiencia masiva, ésta puede ser siempre la de la gran hora de la gente sentada en casa en la sobremesa de la noche. -Pablo CORBALAN. El avaro de Moliere Lo del teatro en televisión es ya demasié como diría el castizo. No sólo nos hacen soportar las pésimas adaptaciones que hacen con las obras de Arruches, Poncela y compañía, sino que para más inri nos encasquetan piezas teatrales realizadas en el e x t r a n j e r o Este hecho ya lo hemos lamentado en otras ocasiones, pero parece ser que televisión se siente muy orgullosa de las obras que presenta y no está dis- Fernando Guillen, Carlos Lemos y Gemma Cuervo, en una escena puesta a cambiar su de El avaro en su estreno en Madrid, en 1960 tónica. A lo mejor el problema está en que no interesa emitir El avaro es Harpagón, un ser concretamente en Estudio 1 buenas egoísta que pretende casar a su hija con obras, porque ello supondría restar auun viejo, mientras él no deja de cortejar diencia a un programa tan mimado a una bella muchacha. Harpagón planea como La clave Es tan sólo una supolos dos casamientos dentro de la más sición; no queremos ser pérfidos. Pero estricta sobriedad, con el fin de emplear es que sumidos en el aburrimiento teael menor dinero posible. Pero su hija, tral se llega hasta imaginar barbaridaElisa, está enamorada de Valerio, un des. joven que ha entrado en el servicio de Harpagón con la intención de ganarse el aprecio del viejo. Por su parte, Cléante, En fin, esta noche, en Estudio 1 se hijo del avaro, quiere a la muchacha presenta El avaro de Moliere, una de que ha elegido su padre por esposa. En sus creaciones más conocidas, aunque medio de esta trama desaparece un tesegún los entendidos adolece de origisoro de Harpagón, hecho que servirá al nalidad y calidad, comparándola con el final de la obra como medio para deresto. El avaro que veremos ha sido mostrar al avaro los trastornos que harealizado en Francia y comprado, por bría ocasionado el casamiento que él tanto, por TVE, como si en nuestro país pretendía realizar. no hubiera actores ni realizadores. Las armas de la democracia en La clave Para ilustrar el coloquio Las armas de la democracia que se debatirá en el espacio La clave se proyecta esta tarde, a partir de las ocho y cinco, la película polaca La muerte de un presidente realizada en 1977 por Jerzy Kawalerowicz. y cuyos intérpretes principales son Zdzislaw Mrozewski y Marek Walczewski. La muerte de un presidente polaca no tiene nada que ver con la realizada en coproducción hispano- italiana, con el mismo título, por Torino Valeri, en 1970, sobre la muerte del presidente norteamericano John F. Kennedy. La película polaca que podremos ver esta tarde está basada en la vida del primer presidente constitucional polaco, hombre liberal sin adscripción política alguna, que fue derrocado por el Ejército. Esta película, no exhibida hasta el momento en las salas comerciales españolas. ya fue estrenada en el espacio La clave en julio de 1979 con motivo del debate sobre el personaje de El defensor del pueblo que existe en casi todos los países democráticos europeos, y que en aquellos momentos era tema de palpitante debate en el Congreso español. Para participar en el coloquio han sido invitados Alfonso Guerra, presidente del grupo parlamentario socialista; Jorge Vestringer, de Coalición Democrática; José Mana de Areilza, presidente del Consejo de Europa; José Ramón Cazo, secretario ejecutivo de Unión de Centro Democrático; Simón Sánchez Montero, del Consejo Ejecutivo del Partido Comunista; Carlos Ollero Gómez, catedrático de Teoría del Estado y Derecho Constitucional, y Gerard Redmann, consejero de Asuntos Exteriores del Parlamento alemán.