Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
A la izquierda, el altar de la iglesia de la calle de la Flor, en la parte central de cuyo retablo se veneraban los restos del Santo hasta la guerra civil. A la derecha, la arqueta de plata que los contiene en la actualidad en un altar del crucero de la iglesia de los jesuitas de la calle Serrano, templo dedicado al Sagrado Corazón de Jesús y a San Francisco de Borja, duque de Gandía LAS RELIQUIAS DE SAN FRANCISCO DE BORJA E L cuerpo del santo duque de Gandía vino de Roma a Madrid por mediación de su nieto, el duque de Lerma, en 1617, destinado al templo de la primera Casa Profesa que tuvieron los jesuitas en la capital, fundada ese mismo año por el duque. Así lo refiere el P. Luis Coloma en su Historia de las sagradas reliquias de San Francisco de Borja. El relato de Coloma llega hasta 1901, año en el que fueron colocadas las reliquias en la nueva iglesia de la Profesa, sita en la calle de la Flor Baja. Treinta años llevaban las reliquias en la Flor, cuando en la mañana del 11 de mayo de 1931 grupos de exaltados irrumpieron en la iglesia y la prendieron fuego. El incendio destruyó el templo y la casa, sin que se hiciese nada para extinguirlo. De entre los escombros de material calcinado, de plata y cristal fundidos, a que quedó reducido el altar de las reliquias, fueron salvados los restos óseos por las diligencias, independientes, de don Alberto Fontana, caballero del Pilar, y don Pedro Muguruza Otaño- -por aquel entonces arquitecto de la Gran Vía- como consta por acta notarial, extendida por el notario don Toribio Gimeno el 1 de julio de 1932. Las reliquias quedaron depositadas en un arca de madera de alcanfor, en casa de doña Matilde Otaño, madre de don Pedro, en el número 42 de la calle de Alfonso XII. Allí permanecieron durante los años de la República, sin otro percance que el de un registro en tiempo de guerra. Los milicianos rompieron el precinto y abrieron el arca, pero no se llevaron nada, como pudo comprobar, inmediatamente, su hijo don Pedro, que vivía en el piso supenor. Allí estaban, ciertamente, las reliquias de Borja, pero mezcladas con las de otros santos, ya que el altar, en cuyo centro se hallaba la urna, se encontraba en una capilla- relicario, donde se guardaban multitud de reliquias. ¿Cómo probar su autenticidad A este fin, el P. Ignacio Romana, en mayo de 1942, llevó aquellos sagrados restos a la Escuela de Medicina Legal. Recibiólos su director, el doctor Piga Pascual, quien requirió para la ardua tarea que se le confiaba la colaboración de sus compañeros forenses, los doctores Isasa, Pérez de Petínto, Aznar y García del Villar. Sobresale entre todos el dictamen del profesor Pérez de Petinto, detalladísimo, modelo de técnica en la investigación anatómica de restos óseos, piedra angular del informe, como lo calificaron sus compañeros. El doctor Pérez de Petinto es un verdadero especialista en autenticaciones de reliquias; a él se deben, en circunstancias análogas, ia de la fundadora de las religiosas del servicio doméstico, la del célebre Antón Martín, la de San Julián de Cuenca y otras. Todos los doctores ponderan la dificultad enorme del encargo, nacida no sólo de la varía procedencia de los huesos, sino del estado de los mismos, en gran parte calcinados- -lo que hacía suma su fragilidad- -por lo que, dado el pequeño tamaño de los trozos en que estaban divididos, hacíase más difícil su clasificación anatómica. Al fin, después de paciente y minucioso examen, llegaron a reunirlos en tres grupos, A, B y C, correspondientes a tres cadáveres distintos. Esta conclusión fue felizmente comprobada gracias a una circunstancia singular: Examinados a la luz Wood, tos huesos del grupo A tomaban una luminosidad fluorescente de color naranja; los del B, naranja- amarillento, y los del C, de un verde metálico, como de una luciérnaga gigantesca. Podían, pues, los médicos, mediante la luz Wood, clasificar con toda precisión los tres grupos. ¿Cuál de los tres correspondía a San Francisco de Borja? Se decidió que el C por estas razones: Por no encontrarse en ese grupo- -y sí en los otros dos- -restos del maxilar inferior, el cual consta que se entregó en Roma en 1617 al cardenal Gaspar de Borja. Porque en C se hallan restos de homoplato y en A y B no, y constaba históricamente que entre los huesos de la urna estaban las paletillas. Por tener algunos de los huesos de C incrustaciones de plata y de cristal, procedentes de la urna del santo. Por darse en la región temporal de C una acusada depresión, coincidente con la mascarilla y los retratos de Borja. También observó el doctor Pérez de Petinto señales de haber pertenecido el C a un enfermo gotoso, y sabemos que el santo padeció de gota. El Tribunal Eclesiástico, integrado por el juez delegado don Pedro de Anasagasti, prefecto de ceremonias; don José María Bueno Monreal, fiscal general de la diócesis, y el notario don Hipólito Vacchario, apoyándose en el convincente examen pericial de los doctores, dio dictamen favorable a 8 de marzo de 1943. Y sobre este fundamento el señor obispo doctor don Leopoldo Eijo y Garay, en decreto del 25 de abril de 1944, pudo escribir: Por el presente declaramos genuinas y auténticas y pertenecientes al cuerpo de San Francisco, duque de Gandía, las reliquias clasificadas en el grupo C Años más tarde, en la nueva iglesia de la Casa Profesa de Serrano, esquina a Maldonado, en el crucero, al lado de la epístola, se construyó un rico retablo de mármol- -costeado por la duquesa de Lerma, fiel a la tradición familiar de patronato sobre las reliquias de sus antepasados- en el cual, debajo del gran lienzo, bien logrado, del santo celebrando misa, debido a Julio Moisés, está colocada la hermosa arqueta de plata que contiene las reliquias autenticadas. Al cumplirse en estos días los cincuenta años de tan luctuosa fecha, parece oportuno dedicar un breve recuerdo histórico al último y dramático episodio de la asendereada existencia madrileña de las sagradas reliquias de San Francisco de Borja, IV duque de Gandía, III prepósito general de la Compañía de Jesús. Rafael María de HORNEDO, S I.