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El globo en la ventana acuarela (1929) a la izquierda. A la derecha, El barco de vapor pasa ante ef Jardín Botánico (1921) L O primero que hay que desechar de nuestra idea- -mejor de nuestra imagen- de Paul Kjee es cualquier asociación, relación o identificación entre su mundo plástica y el Cándido- -suponiendo que sea Cándido- -paraíso infantil; paraíso, por cierto, cuyas formas y colores obedecen menos a un automatismo que a una necesidad de imitación. El niño, dice Thomas Mann, es lo no realizado, lo imitado. Paul Klee es todo lo contrario. Kandinsky veía en el niño lo no experimentado; Klee, de acuerdo con lo que hoy llamamos innatismo, lo veía como el depósito virginal de un legado. Con la profunda sabiduría que parece haber heredado del Zar alustra de Nietzsche- -escribe Giulio Cario Argan- Klee sonríe ante la pretensión de Kandisky de captar en el niño la condición primaria y original del ser; el niño nace ya viejo, cargado de experiencias ancestrales, y no hay diferencia entre su experiencia y la del adulto... Pero lo que en el niño sea recipiente o espontaneidad, en Klee es reflexión: La leyenda de mi infatilismo- -confiesa- en materia de dibujo, viene probablemente de mis composiciones lineales, donde he intentado combinar una imagen concreta, como la de un hombre, con su representación, no usando otro elemento que el rasgo. Claro que algunos dibujos de Klee pueden tomarse fácilmente por dibujos de niños. Se les parece por su sencillez, por sus finas CRITICA DE EXPOSICIOHES Por A. M. CAMPOY El mundo incomparable de Paul Klee líneas nerviosas, por sus observaciones inesperadas del detalle significativo, por su fantasía encantadora pero añade Herbert Read: Hay que hacer una distinción muy importante: los dibujos de Klee tienen sutileza, están dirigidos a un público inteligente, tienen un designio sobre nosotros. Un niño dibuja (al menos si dibuja bien) sólo para él. Puede sorprendemos por la belleza o lo raro de sus percepciones, pero él está convencido de su normalidad, de su naturalidad. La misma diferencia se mantiene entre el arte de Klee y el arte del hombre primitivo, el arte llamado del bosquimano. El niño se dirige a sí mismo; el primitivo se guía mágicamente; Paul Klee es un intelectual y, muy principalmente, a intelectuales se dirige, cierto que sustituyendo imágenes mentales por formas plásticas. No hay automatismo ni mero azar en Klee. Puede haberlo, aunque bastante condicionado, en su nada próximo Joan Miró. No estamos ante el espíritu dormido ni, por tanto, ante la expresión incoherente (actitud similar, dice Huyghe, a las agujas de un cardiógrafo cuyo movimiento, aparentemente ininteligible, revela los secretos del órgano invisible) Todo en Klee, por el contrario, es investigación, y hasta puede- -en no pocos momentos- -que humor, elemento éste que, sin que se sepa por qué, niegan obstinadamente los klianos Pero si lo hubo claramente en sus etapas iniciales, ¿por qué no habría de sobrevivir en las ulteriores? En su etapa de 1903- 6 (dibujos y aguafuertes que por su técnica precisa y dura- -dice Arnason- -recuerdan la tradición gráfica alemana del Renacimiento; por su linealismo brusco, la atmósfera del art nouveau y por su fantasía desbordada, una visión personal que refleja la influencia del grabador Alfred Kubin que formaba en el Blaue Reiter y era casi un simbolista) en esta etapa inicial hay grabados, como el titulado Encuentro de dos hombres, cada uno suponiendo que el otro es de categoría superior en los que el humor, la sátira inclusive, es algo sutil o voluntariamente manifiesto. Creo que a este linaje espiritual pertenecen también obras como la escena de combate de la ópera cómico- fantástica Simbad el marino de 1923; ¡Baila, monstruo, mi dulce canción! del año anterior; Canción árabe de 1932... La sátira- -podemos creer que política y social- -tardará mucho en