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Los espárragos del tuerto Las últimas palabras de mi sobrino político Jaderes Rucandio Expósito, Rubio de Quintanabaldo, el cuarto y último esposo de mi sobrina Pilarín Fernández, fueron, como ya dejé dicho: mañana será otro día y verá el tuerto los espárragos. Después mi pariente enmudeció y, al cabo de un lustro largo, estiró la pata sin previo aviso y pasó a mejor vida, si cabe. La frase que le sirvió a mi sobrino político para despedirse, sin precipitación alguna, de este bajo mundo, la anotan ya el clérigo don José María Sbardi, en su Diccionario de refranes, y el paremiólogo y floclorista don Francisco Rodríguez Marín, en sus Cantos populares españoles. Él primero apostilla: pretexto para no hacer una sola cosa, dejándola para el día siguiente, en que, generalmente, tampoco se suele hacer. Y el segundo comenta: hace alusión a un tuerto que salió de noche a coger espárragos y, como no acertaba a verlos, dijo, ¡mañana será otro día! El maestro Gonzalo Correas, a principios del siglo XVII, y en su Vocabulario de refranes, página 83 (edición de Combet, página 75 a) registra, con su caprichosa ortografía, las dos formas siguientes: Amanezerá Dios, i verá el ziego los espárragos y Amanezerá Dios, i verá la tuerta ios berros; o los espárragos esta última frase no la incluye ninguna de las dos defectuosas y muy zurradas ediciones de la Academia, las de 1906 y 1924. La forma de decir que comento (la de mi sobrino político Jaderes Rucandio, el que jugaba a la pelota y al billar con la zurda, no las de Correas) está viva en Andalucía- -según Sbarbi y Rodríguez Marín- -y yo la oí a muchas leguas al norte de Despeñaperroos, en tierra burgalesa. Para ser más precisos, y por si a alguien vale el detalle, declaro que yo la oí en Hortigüela, en el partido Judicial de Salas de los Infantes, dicho así a una primera memoria, y no en una ocasión ni en dos, sino en treinta o cuarenta, cada vez que la mañanica barría las sombras de la noche.