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N 1878, y apenas transcurridos algunos meses desde la muerte de Mercedes de Orleáns, las puertas del Real Monasterio de El Escorial se vuelven a abrir para acoger a otra Soberana difunta: María Cristina de Borbón, la princesa siciliana que fue Reina gobernadora. Murió en El Havre. Todavía recuerdan muchos españoles la entrada de una princesa radiante de juventud y hermosura, como esposa- ¡la cuarta! -de Fernando Vil. Mercedes fue la conmovedora Reina sin historia. María Cristina tiene... demasiada, a juicio de muchos españoles. No conmueve al pueblo este viaje postrero de la vieja Reina, que vuelve muerta. Se considera desligada de la nación, lejana, a la que, empuñando la bandera liberal, ejerciera no poco influjo en la política de su tiempo. André Maurois, en colaboración con su esposa- -Simone de Caillavet- -escribía en sus últimos as con entusiasmo una biografía de la i- dina Cristina. Fue su libro malogrado, el que no pudo terminar. El gran historiador y novelista me comunicaba en 1960 desde Lisboa: ¡Qué amabilidad la suya al enviarme con una gentil dedicatoria autógrafa y nominativa, su interesante libro La sociedad española bajo la restauración Gracias de todo corazón. Nada pudiera causarnos más placer que esa obra en que usted evoca a la Reina abuela que es en estos momentos la dama de mis pensamientos pues tenemos la firme intención de terminar y perfeccionar el trabajo que habíamos empezado sobre María Cristina de Borbón, castellana de la Matmaison después de haber sido Reina regente de España. Habíamos sostenido en París varias conversaciones acerca del tema que apasionaba al matrimonio Maurois. Ella- -Simone- que acababa de publicar con gran éxito una admirable biografía- Miss Howard, la mujer que hizo a un Emperador era hija de Arman de Caillavet, el comediógrafo que tantos éxitos cosechó durante un largo periodo, en unión de su colaborador Robert de Flers. Madame Arman- -como se la llamaba en París- madre de Simone, vivió sentimentalmente unida al gran Anatole France. Era el arquetipo de esa mujer francesa que sabe, presidiendo un salón literario, ser ninfa egeria y colaboradora eficacísima del gran hombre amado, rodeándole de la atmósfera que le conviene, haciéndole hábilmente acrecer su valor, preparándole la entrada en la Academia. Hemos de volver al matrimonio Maurois, obsesionado por nuestra Reina gobernadora. Dice usted- -me escribe el historiador- -una cosa justa y profunda, y es que después de haber amado tanto, mientras vivió, a Muñoz, le fue infiel después de muerta, puesto que descansa junto a su primer y regio marido en el Monasterio de El Escorial. La idea expresada por usted es tan sobrecogedora que, si me lo permite, citaré la frase entre comillas, nombrándole, naturalmente, pues en verdad no se puede decir nada más emotivo sobre la Reina, devuelta a su augusto esposo en el panteón donde ambos descansan hoy. André y Simone Maurois no se rendían a la evidencia. El enterramiento de la Reina gobernadora suscitaba en ellos asombro, casi incredulidad. ¡Cómo! ¿Madame Muñoz, la viuda de Muñoz, de quien tuvo tantos hijos, en el panteón del Monasterio? -Así es. Madame Muñoz, la esposa del duque de Riansares, duque de Montmoroto en Francia, recobra al morir sus privilegios, su rango de Soberana, madre de Reina minante EL LIBRO QUE NO TERMINO MAUROIS E El escritor André Maurois, durante una visita que realizó a Madrid, acompañado por su esposa, Simone de Caillavet, en abril de 1949 Maurois, biógrafo concienzudo, exigente consigo mismo, me escribía pocos meses antes de su muerte: Visité el Monasterio en 1924. Tan lejanos recuerdos son demasiado vagos para que pueda fiarme de mi memoria. Tendría necesidad de volver a ver las tumbas de los Soberanos españoles para describirlas con exactitud. Recuerdo un panteón de Reyes, un panteón de Infantes, pero, a propósito de los funerales de la joven Reina Mercedes, evoca usted el panteón de Reinas estériles que yo había olvidado. ¿Es que las Reinas consortes, habiendo dado herederos al Trono son enterradas con sus esposos? ¿O bien es necesario haber reinado como Isabel II para ser admitida en el panteón de Reyes? Las dos María Cristina, regentes durante la minoría de sus hijos, ¿son tratadas en El Escorial como Soberanas reinantes de derecho divino? Es lamentable en verdad que a biografías tan importantes y logradas como Disraeli Los tres Dumas Byron etc. no añadiera Maurois, como fue su deseo, la historia de una Reina de España. Simone Maurois, que sin duda la hubiera terminado, sobrevivió muy poco tiempo al gran escritor. ¡Cuántas preguntas nos quedan por hacerle! -insistían- Pero no queremos que esta carta se convierta en un interrogatorio. Sin embargo, les hablé detenidamente de Doña María Cristina, de sus últimos años en París, de su discreción, de su dignidad. Les di a conocer esas cartas inéditas de Mariano Roca de Togores, marqués de Molins, embajador en Francia- -dirigidas a Cánovas- en que juzga con harta severidad las... debilidades de Isabel II, y se refiere con gran elogio a la Reina abuela Está más seriamente enferma de lo que piensa. Su gran espíritu la mantiene, y sus genialidades la hacen rebelde aun a las prescripciones del médico. Por otra parte, no hay quien influya en ella. Está sola, y lo que es peor, ama y defiende su soledad. ¿Postuma infidelidad al segundo marido, al más amado? Bien pensado, la definición que tanto impresionó a los Maurois no es exacta. La infidelidad ha de ser voluntaria, deliberada. Nadie es infiel... a la fuerza. María Cristina, víctima de su regio destino, en pugna con sus sentimientos, siempre esperó dormir el sueño eterno ocupando el sepulcro- -junto al d Fernando Muñoz- -que aún la aguarda en Tarancón. ni ictín río f IIGUEROA- La Reina Gobernadora, Doña María Cristina do Barbón. fOteo de Vicente Lóoez)