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SÁBADO 27- 12- 80 ABC 47 Crítica de El resplandor de Stanley Kubrick darlo hasta que llegue el primero de mayo- de unas reiteraciones formales inexplicables y de una ausencia de originalidad en el planteamiento de las escenas de terror, en el logro de una atmósfera de inquietud para el espectador. No llegamos a averiguar- -de no haber leído previamente la novela de Stephen. King- -el porqué de la estancia de la familia Torrance en el tétrico Overlook. Jack Torrance quiere tiempo y lugar para escribir su novela. Pero los dueños del hotel no acaban de revelarse como unos mecenas, aunque tanto Jack como Wendy, su esposa, y como Danny, su hijo de seis años, dotado de facut tades telepáticas, del resplandor no hagan nada en absoluto, ni tengan alguna obligación más que la de permanecer allí para que los fantasmas del hotel asusten y ataquen a Danny, enloquezcan al proclive Jack y provoquen, hasta llegar casi al infarto, a la infeliz Wendy. La historia, según el tratamiento de Kubrick, es realmente pobre y tiene demasiados cabos sueltos. Y si a esa deficiencia se une un tratamiento insistente, repetido, de movimientosfde cámara que acaban por ser conocidos, y una interpretación en la que la sobreactuación- -casi de guiñol- -de Jack Nicholson parece dominarlo todo, se comprenderá la decepción producida por El resplandor Indudablemente, Kubrick, utilizando procedimientos clásicos no demasiados originales- -salvo en lo que al tratamiento de la banda sonora se refiere- produce inquietud en el espectador, jugando, en ocasiones, con Jack Nicholson y Shelly Duvall Prod. Stanley Kubrick- The Prod. Circle Company (USA) 1980. Director: Stanley Kubrick. Guión: Stanley Kubrick y Diane Johnson, según la novela de Stephen King. Fotografía: John Alcott. Color. Música: Wendy Carlos, Elkind Ligeti, Bartok y Penderecki. Duración: 120 minutos. Principales intérpretes: Jack Nicholson, Shelley Duval, Danny Lloyd, Scatman Crothers, Barry Nelson y Philip Stone. Salas de estreno: Paz, Gayarre, Urquijo, Richmond (versión doblada) y Torre de Madrid (versión con subtítulos) Resulta de justicia reconocer, por quien firma estás líneas, una gran admiración por la obra de Stanley Kubrick. Para mí es uno de los realizadores más importantes, con mayor talento e imaginación, con mayores y mejores dotes para hacer películas, no ya de este tiempo, sino de todos los tiempos, kubrick, que tiende conscientemente a la perfección, ha ido inaugurando géneros o, cuando menos, nuevas etapas de géneros, transformando- -para mejor- -buena parte de las modas y los modos del cine. Hay que recordar Atraco perfecto Espartaco Teléfono rojo Lolita 2001, una odisea del espacio La naranja mecánica Barry Lyndon Ahora nos llega The shining El resplandor una película de terror basada en una novela relativamente reciente, escrita por Stephen King- -asimismo autor de Carrie que bien puede considerarse una de las obras más importantes del género en los últimos cincuenta años. Kubrick ha tardado sus casi dos años de costumbre en escribir el guión, construir el escenario, elegir a los intérpretes, rodar, montar y vigilar los doblajes en las distintas lenguas. Con un tema- -casi todo lo esotérico encuentra ahora hueco en las aficiones del público- -de absoluto atractivo, unos intérpretes conocidos- -Jack Nicholson, Shelley Duvall- -y acreditados; con la perfección técnica habitual en Kubrick- -probablemente uno de los realizadores que más saben en este terreno, si acaso no es el que más- -y una banda sonora que representa una recreación de pasajes de modernos compositores clásicos -Ligeti, Bartok, Penderecki- The shining debía de constituir, después del enorme éxito artístico de Barry Lindon la compensación, el éxito multitudinario, el cañonazo que, a base de comerciálídad sustentada por el arte, pulverizase las taquillas del mundo entero. Sin embargo, no es así. The shining aun reconociendo arte y técnica, efluvios geniales e insinuaciones esotéricas inteligentes, es un fallo, un paréntesis en la excepcional Carrera de Kubrick. Para no aburrir- -o poco menos- -durante casi dos horas, mínimamente compensadas por los veinte minutos finales, Kubrick ha reducido el metraje de su película de ciento cuarenta y cinco minutos a poco menos de ciento quince. Su película adolece, con todo, de una tremenda e inexplicable flojedad de guión- -la historia es la de una familia que acepta pasar el invierno en el hotel Overlook, en las Rocosas, para guar- los nervios de: quienes, contemplan su película. Pero ese juego jesuftl- igratuito, carece de apoyos, de dimensipn- xlrarnática, de justificación dentro de las; cómpepdádés del relato. Kubrick ha prescindido de la urdimbre psicológica de los personajes, presente en la novela original, reduciendo a la nada las implicaciones de Torrance, desde su esquizofrenia incipiente, y de Danny, por sus poderes extrasensoriales, con la historia y los fantasmas del Overlook, quedándose con una anécdota que así resulta pobre y desprovista de sentido. Indudablemente, El resplandor goza de momentos muy brillantes, con planos que justifican por sí solos la visión del filme- -así, por ejemplo, el de Wendy y Danny, llegando al centro del jardín- laberinto del hotel, que luego sirve, como escenario ideal, al final de la historia- -y de un general tono de brillantez y eficacia técnica. Kubrick ha sabido crear una atmósfera estremecedora, con unos decorados fabulosos y una banda sonora de increíble perfección. Pero de él esperábamos más, mucho más. Sus obras anteriores, su talento indiscutible, su condición de genio del cine así lo condicionaba, así lo sigue condicionando. A Kubrick no podemos pasarle por alto que repita secuencias, aunque éstas comporten, ¡nicialmente, una auténtica proeza técnica. Ni cabe disculpar la sobreactuación de Jack Nicholson- -que comienza por un maquillaje exagerado, que le sitúa las cejas en actitud de asombro, de anormalidad psíquica- -o la carencia de soporte estructural para el guión. Por ello, y aun estando muy por encima del tono medio de las películas americanas, nos ha decepcionado El resplandor Lo que decimos, con todo respeto hacia la figura- -y hacia la obra- -de Stanley Kubrick. En el buen entendimiento de que también los genios tienen desfallecimientos y vacilaciones. -Pedro CRESPO. Granujas a todo ritmo de John Landis Productor: Robert K. Weiss (USA) 1980. Director: John Landis. Guión: Dan Aykroyd y John Landis. Fotografía: Stephen M. Katz. Color. Música: Ira Newborn. Duración: ciento treinta minutos. Principales intérpretes: John Belushi, Dan Aykroyd, James Brown, Cab Calloway, Carrie Fisher, Ray Charles, Aretha Franklin, Henry Gibson, Twiggy, Johri Lee Hooker. Sala de estreno: Füencarral. Delirante, construido según los módulos de las tiras cómicas anarquizante en el montaje íntimo de sus secuencias y en sus diálogos, con una música sugestiva, a cargo de intérpretes renombrados, y algunos efectos especiales- -coches chocando, catdas, bofetadas múltiples- -realmente espectaculares, The Blues Brothers que aquí se llama Granujas a todo ritmo es un filme divertido que exige del espectador una cierta complicidad en lá anarquía y en el desenfado; en el humor, a veces sórdido, de que John Landis hace gala, y en una cierta grosería que trasciende de los propios diálogos. El pretexto para una serle d números musicales de desigual calidad- -dentro de una exigencia de elegir a los mejores en sus mejores húmeros- -viene dado por la salida de la cárcel de Jake Blues y su encuentro con Elwood, su hermano. Músicos ambos, su estancia entre barrotes se debió a un atraco que se vieron obligados a cometer cuando Tá orquesta que ambos habían formado se precipitaba cuesta abajo, hacia el fracaso más estrepitoso. Una visita a casa de la religiosa del orfelinato donde se educaron ambos y que está al borde de la ruina financiera, les incita a ponerse nuevamente en marcha. Los Blues Brothers, siempre de buena fe, participan en una serie, progresivamente aumentada, de despropósitos fuera de la Ley, hasta lograr- -mientras están a punto de celebrar un concierto monstruo para recaudar fondos- -que la Policía los cerque, con ánimo indudable de devolverlos a lá cárcel de donde salieron. John Belushi- -aquel increíble piloto de 1941 -y Dan Aykroyd- -también participante en el mencionado filme de Spielberg- encarnan a los Blues y lo hacen con un entusiasmo desbordante. Junto a ellos- -y a un sinnúmero de accidentes espectaculares- -aparecen Ray Charles, Aretha Franklin, James Brown y Cab Calloway, entre otros conocidos intérpretes. Todos juntos consiguen que Granujas a todo ritmo se vea con agrado, siempre que se acepten los convencionalismos impuestos por el estilo, crudamente divertido, de John Landis y de sus intérpretes. La película hubiera podido ser el retrato- -relativamente nuevo y relativamente crítico- -de una cierta Norteamérica, con su violencia a todas horas y en todas partes, sus balaceras de ocasión, sus urbes llenas de rascacielos y sus barrios impersonales y vagamente asépticos, con el rock and raíl como música de fondo y sus principales figuras adornando el friso social. Sin embargo, John Landis es mucho menos ambicioso y se ha limitado ai rock y al humor enloquecido, evitante mayores complicaciones. La película, con todo, tiene suficiente atractivo tal como está. Aunque sus locuras anárquicas y su insistencia en los ritmos frenéticos reduzcan ciertamente el espectro de sus posibles espectadores. -Pedro CRESPO.