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34 ABC CULTURA Y SOCIEDAD UUMINÜU 7- 12- 80 Dos millones para una novela sobre los últimos días de Berraña Luis Pancorbo: Be escritor ciantiestuio a escritor manifiesto En apariencia es un hombre tranquilo y pausado. Siempre parece estar ganando segundos al tiempo. Segundos que comparte con ese inseparable aiiilugio llamado pipa. Es un tic, un juego del que siempre surge la sonrisa. Una sonrisa quieta, calmada, que sirve para dar rienda suelta a su palabra. Todo en él parece comedido, sopesado; pero bajo esa imagen remansada se esconde un hombre inquieto, aventurero, amante de todo lo nuevo y desconocido, un osado periodista, un profundo ensayista, un traductor a ratos y un novelista por primera vez. Y, precisamente por todas estas razones que se conjugan en Luis Pancorbo, cuando el, éxito llamó a su puerta, al obtener el premio Ciudad- de Marbella, dotado con dos millones de pesetas, con su novela Esos pólenes oscuros ¡o estaba en casa, pese a que lo que quiere ser, por encima de todQj es escritor. Y escritor de novelas. La serví- dumbre periodística le había llevado a Jerusalén en el momento en que sus gobernantes hablan confirmado a esta ciudad como la capital del Estado judío. Y él tenía que estar pulsando la opinión de rabinos, patriarcas y jefes religiosos. Y le pilló allí como le podía haber sorprendido en Roma o en Súecia, como corresponsal; traduciendo a Diderot o a Branca; profundizando en la semiótica de la mano de Umberto Eco, escribiendo ese ensayo sobre el humor en Pío Baroja que le valió el premio de ensayo de la Revista de Occidente allá por 1968; o simplemente haciendo pasillos en televisión. -La. noticia me la dio por teléfono mi mujer. Yo estaba en Jerusaién haciendo un programa para televisión. Era un ambiente raro, extraño, que nada tenía que ver con el premio. Cada día hablábamos con un patriarca, con un rabino, con los ¡íd res religiosos. La noticia del premio no tenía nada que ver con aquel mundo, porque respondía a una de esas pasiones fuertes, pero clandestinas, que uno tiene: la literatura. Los cámaras que me acompañaban me daban la enhorabuena, sin saber muy bien qué era eso del premio. Y allí lo celebramos. Primero con todo el equipo, en un restaurante judío de Jerusaién, donde daban gambas cocidas, y luego tomamos una copa en el Consulado español en Jerusaién. EL SEUDÓNIMO VENCE AL NOMBRE Luis Pancorbo, seudónimo que ya ha vencido al verdadero nombre, Luis López de! Pecho, es un escritor dinámico del que yo pensé que no necesitaba recurrir a los premios, pues las editoriales le abrían las puertas sólo con dar su nombre. -Publicar hoy una novela, si eres un novelista desconocido, es imposible, aunque hayas escrito El lobo estepario Esto se debe a razones mercantiles y de crisis editorial; por eso no hay más camino que presentarse a premios para publicar novelas. Se critican mucho los premios, pero se les critica menos cuando la bola de la ruleta te toca, y puede tocarte. Es absolutamente cierto que cada año hay cinco o seis premios, cinco o seis veces en que la ruleta se para y miles de candidatos a escritores, lo que entonces puede parecer que el camino para publicar es verdaderamente difícil; pero, como decimos en mi tierra, esto es lo que hay. -Oe tus palabras puede pensarse que la dificultad de publicación es únicamente para los novelistas. -En España es difícl publicar libros, en general. No conozco cómo está el tema de la poesía; pero en el ensayo, que es lo que está de modo, un ensayo que tratara de dar las claves de la actualidad, de la sociedad o de la política, tiene buenas posibilidades de publicarse. Si por ensayo entendemos el plomizo estudio apologético, moral, Heno de bibliografía y pies de página, esto siempre echa para atrás; pero el ensayo que explica lo que está pasando siempre interesa. En cambio, ia narración interesa, en función del escritor, más que e n función de la novela, en muchos casos en este país. Y romper ese círculo es muy difícil, porque se ha convertido en un vicio. CLANDESTINO HASTA ANTEAYER -También de tus palabras se puede deducir que sólo es escritor aquel que escribe novelas. -Este es el triste tema de los escritores clandestinos y escritores manifiestos. A mí no me duelen prendas en declararme clandestino hasta anteayer. Hay cientos de personas que escriben como ios propios, ángeles en sus casas; pero, la verdad, no se me ocurre nada para que les conozca alguien más que sus vecinos, a no ser que se presenten a un premio o tengan un amigo en una editorial. ¿El hecho de haberte presentado a este premio no supone el que hayas renunciado a tus posibles experiencias minoritarias y vanguardistas, a esas experiencias que están presentes en tus ensayos? -En una escala personal de prioridades, lo que me gustaría ser de mayor es escritor, y cuando uno dice ser escritor, uno no ha de autolimiiarse y decir ensayo o libro de viajes; la novela es el máximo género, porque la novela es todo. Es decir, concibo la novela como si fuera una novela. No sé qué es una novela, pero sé que en una novela puede caber ensayo, teatro, poesía... Por esto no he renunciado a nada, porque al escribir una novela- -no sé si es pecado decirlo- -libre, notaba que podía contar cosas, hacer hablar a personajes, introducir pensamientos, jugar con el estilo o, tal vez, el jugaba conmigo. LOS ÚLTIMOS DÍAS DE BERRAÑA- -Y, ¿qué es Esos pólenes oscuros que te ha valido un premio dotado con dos millones de pesetas, y, por supuesto, y más importante, la publicación de la novela? Esos pólenes oscuros es el relato de los últimos días de un país imaginario, pero no tanto, que se llama Berraña, antes de su definitiva transformación en una isla. Las cosas raras que suceden arrancan con temas de velada actualidad; pero este tema de la actualidad yo lo exaspero hasta sus últimas consecuencias, de forma que Berraña está en su máximo punto de degradación. A qué se debe esto, ¿a esos pólenes oscuros, a fuerzas malsanas que vienen de los propios habitantes de ese país, o a fuerzas que nacen del exterior? lo que, en este último caso, sería más gratificante. La novela tiene una solución a esta intriga, y en el medio hay una especie de peregrinar de los personajes por los restos de un país. -Entonces, con el nombre de Berraña se está describiendo un país perfectamente identificable, sobre todo por nosotros. No sé si la gente se dará cuenta. A mí me parece una novela muy dura, muy áspera, que no se lee de un tirón. Una novela molesta y que va a molestar, porque está escrita con total libertad, y me parece que Berraña no merecía ia triste suerte que le hacen correr. PERTENEZCO A UNA GENERACIÓN DEL DESENCANTO- -Realmente, ¿eres tan pesimista sobre nuestra realidad? -Pertenezco a un tipo de generación, y utilizo esta palabra tan manida, que no es la que más me gusta, de gente que estamos en Madrid y pertenecemos a la época del desencanto. Pero me temo que en mi novela hay un paso más y ya no es tanto el desencanto como la decepción, la desesperanza... -Entonces, ¿no hay salida? -La novela es de intriga y no voy a revelarlo. Pero la pregunta es ésta, si hay no no salida, y en la novela se contesta a esto, pero no voy a decir cómo. Es la novela de un país que no sabe convivir, que no tenía más que ilusiones macarras y chatas, y que todo eso no le hacen más que desintegrarse. -Tú, como corresponsal en Roma y en Suecia, y como reportero por Extremo Oriente, has estado muchos años alejado de España. ¿Cómo has podido profundizar en ¡o que ha sucedido aquí, cómo te ha llegado esa desesperanza? -El desencanto parece ser una definición al uso de lo que ha sucedido aquí desde mil novecientos setenta y cinco, y todo ese tiempo sí lo he vivido en España. Ahora bien, sobre el desencanto hay que decir que podría ser muy cómodo para los desencantados; lo malo es que hay un grado ulterior de desencanto y es no querer naceré nada para salir de él, y eso es lo que ocurre. Tenemos una sociedad en muy malas condiciones, si hablamos de proyecto colectivo, de ganas de ser un país al día; pero por una razón o por otra estamos todos atascados. Insisto en que la apariencia tranquila de Luis Pancorbo tampoco revela a un ser pesimista, pero él se apresura a confesarme que el optimismo revela un índice de inteligencia reducido, ASISTO IMPOTENTE ANTE LA ACTUACIÓN DE LOS PERSONAJES- -Siempre temí el día que me preguntaran a qué se parece esto que haces. Si digo