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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M A POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO L. UCA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados A muerte de José Antonio de Sangróniz, el gran profesional de nuestra diplomacia, ocurrida hace pocos días en Madrid, nos priva a los que fuimos desde hace tantos años sus amigos, del sabroso placer de conversar con él, en interminables sobremesas, cuyo secreto manejaba con maestría singular. El arte de hablar con el prójimo se va extinguiendo en la civilización apresurada de nuestro tiempo. Agobiados por el quehacer cotidiano, miramos el reloj mientras fluye nuestro apretado diálogo con los demás, embutido entre urgencias. El cocktail party a la americana, que invade desde hace años toda la vida social europea, es una muestra de ese deliberado propósito de encontrarse los unos con los otros para no decirse nada. Los trozos de conversación florecen en los labios de los concurrentes, como un balbuceo gritón que no necesita continuarse porque al momento se produce el relevo a cargo de otro comensal, que nos pregunta a veces otra cosa. Es un simulacro de la comunicación humana. Sangróniz era, en cambio, un mundo placentero de inmensa memoria y experiencia que ofrecía, generoso, a sus interlocutores. Tenía en los años de la serenidad, un riquísimo archivo de recuerdos personales, que desgranaba con ironía y lujo de detalles ante los amigos. Su extendida y universal cultura, su gusto por el arte, su dominio de la historia, lo convertían en centro de cualquier reunión o tertulia. Pero esta deslumbrante cualidad de su carácter, justamente celebrada, no debe hacernos olvidar un aspecto de su trayectoria vital que fue elemento decisivo en un momento importante de la Historia de España. José Antonio de Sangróniz protagonizó, durante el período inicial del mando de Franco en su cuartel general de Salamanca hasta que se constituyó el primer Gobierno de la zona nacional en 1938. la inspiración directa de la política exterior del bando nacionalista. Su excelente información internacional y su buen oficio diplomático, le hicieron adivinar en seguida la necesidad de contrapesar la directa y abrumadora influencia y presencia ítalo- germana, a través de una discreta pero eficaz relación con las democracias occidentales. Francia. Gran Bretaña y los Estados Unidos, no podían ser olvidados en aquellos meses en que la moneda estaba aún en el aire y el resultado de la contienda se manifestaba incierto. Sangróniz supo anudar en una intensa y paciente negociación en la que jugaron papel relevante las personalidades mas diversas- -políticas, financieras, culturales y sociales- los vínculos que mantuvieron abiertos, entre otras cosas, los caminos del petróleo americano, sin el que las tropas de Franco no hubieran podido continuar la campaña. La madeja de intereses que constituye siempre la trama de una política exterior, la supo hilar el gran diplomático español con un talento y una audacia que es preciso recordar hoy. para incluirlo en la documentación con la que un día se escriba con objetividad la historia de lo sucedido. Al disolverse la Secretaría general del Estado de Salamanca y advenir el primer Gobierno. Sangróniz fue destinado a Venezuela como ministro plenipotenciario, donde ABC permaneció hasta 1943. Eran los momentos cruciales de la operación aliada en Sicilia y del posterior desembarco en la Francia ocupada. No tenía España buenas cartas que jugar en el campo de la resistencia gaullista. Habíamos prolongado la presencia diplomática en el Vichy de Pétain, sin poder- -lógicamente- -tomar posiciones rotundas en la causa de la liberación de Francia. Un hombre de condiciones excepcionales para la tarea hubo de ser buscado a toda prisa. El recuerdo del Sangróniz de los años 36 y 37 y de su inmensa capacidad suasoria, hizo llamarle con urgencia para intentar el contacto apetecido. Al igual que Bob Murphy, el fino negociador americano que llevó a cabo en nombre de Roosevelt y de Eisenhower la definitiva reconciliación con De Gaulle en Argel, gracias a la decisión de Monnet, ganado finalmente por el gaullismo en un capítulo que fue llamado la obra maestra del Departamento de Estado; el sutil diplomático bilbaíno, nombrado cónsul general, realizó en Argel el entendimiento personal con De Gaulle, en una admirable tarea de persuasión intelectual y de simpatía humana. El caudaloso bagaje de conocimiento auténtico del mundo literario francés y del pasado histórico de la nación vecina, abrió las puertas de su amistad con el hombre de Estado que estaba a punto de iniciar su carrera de gobernante. Grande fue la impresión que dejó su actuación en el recuerdo del general, al que yo pregunté muchos años después, en el Elíseo, sobre algunos aspectos de aquella trascendental etapa suya erizada de dificultades y obstáculos. No olvidaré nunca la misión de su paisano Sangróniz- -me dijo- El me aportó en momentos graves la voz amistosa de una España que rectificaba, asi, tres años de malentendidos Sangróniz fue nombrado, en septiembre del 44, con rango de embajador, el primer agente del Gobierno español en París ante el Gobierno provisional de la Liberación. De allí, a los pocos meses, fue designado a Roma, donde ejerció la jefatura de misión durante doce años, con eficacia y resultados ejemplares. Un buen embajador de larga residencia acaba integrándose en la vida nacional del país donde se halla acreditado. Tal fue el caso de Sangróniz que, después del decenio largo italiano, se convirtió en cives ro- REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MADRID L JOSÉ ANTONIO DE SANGRÓNIZ manus plenario, formando parte existencia! de la Urbe por antonomasia. Yo lo visité en cierta ocasión en el bello palacio de Montano, adquirido por él para residencia de los embajadores españoles. Desayunamos juntos a hora temprana en un mirador que dominaba la ciudad, dorada por el sol matutino. Estoy leyendo De Senectute el texto senequista sobre las horas finales del sosiego y de la meditación me dijo. Y añadió con socarrona ironía lo que es bien sabido del estoico cordobés: su amor a la vida placentera; su afán de riqueza; su avaricia; su inclinación a la bebida; lo que no le impedía haberse tallado, entre sus conciudadanos de la capital del Imperio, una sólida reputación de moralista. Sangróniz tenía una asombrosa vitalidad, que conservó hasta los últimos tiempos. Alguien que le conocía bien la atribuía a la sangre de su linaje chileno materno. Los criollos sudamericanos mantienen, como es bien conocido, una stamina un ímpetu duro y persistente, que resiste todas las pruebas. No le conocí nunca cansado, ni deprimido. Viajero impenitente, trasnochaba y madrugaba sin inmutarse; con absoluta impasibilidad, sin el menor signo de fatiga. Pocos conocen su tarea de pionero de los primeros circuitos turísticos de España, iniciados bajo la inspiración del marqués de la Vega Inclán. Los paradores de turismo fueron en buena parte realización suya, en tiempos en que se suponía que cumplirían una reducida función elitista, para un núcleo escogido de visitantes, sin adivinar el multitudinario renglón que significaría andando el tiempo en nuestro balance de pagos y en el no menos importante intercambio popular demográfico. La visión de Sangróniz. anticipándose al futuro, fue uno de los grandes aciertos del reinado de Alfonso XIII en su vertiente modernizadora e internacionalista. Otro dato que completa esa intuición suya fue su apoyo a las iniciativas que significaban avance y progreso culturales. Recuerdo que la Gaceta Literaria nacida de la fértil imaginación y audacia de Giménez Caballero, tuvo un reducido grupo de valedores bilbaínos que encabezaba Sangróniz, juntamente con Lequerica y conmigo. Recuerdo el día que nos habló a los dos de esa empresa novedosa, destinada a revolucionar el ámbito de las publicaciones de cultura periódicas. JOYERO Goyo, 27- Madrid BRILLANTES- ESMERALDAS JOYAS ESPECIALES- ALHAJAS OCASIÓN PLATA ANTIGUA Y MODERNA Sangróniz- ¿cómo ignorarlo? -fue un monárquico respetuoso y fiel. Nunca lealista, ni cortesano, ni adulador. Creía en la eficacia y en la necesidad de la Institución. Y acataba la sucesión dinástica como eje de la legitimidad histórica española. Fue un modelo de adhesión a la Corona sin intervenir directamente en el juego político, del que siempre estuvo alejado. Era, como buen vizcaíno de prosapia, hombre al que los temas de España nunca fueron ajenos y para quien la universalidad era condición perenne en sus aficiones y empresas. Vivía en el mundo. Murió en Madrid. Reposa en la Galea sobre el acantilado del puerto de Bilbao que se asoma al Cantábrico, el mar por donde- -según Ramón de Basterra- -nos vino el fuego de la hoguera de Occidente. José María de AREILZA