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EDITADO PRENSA SOCIEDAD M A D POR ESPAÑOLA, ANÓNIMA R I D FUNDADO EN 1905 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA A B C es independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyas las ideas vertidas en los artículos firmados N los regímenes políticos restablecidos en Italia, Alemania y Francia tras la caída del fascismo y del nazismo es impensable que puedan ser dirigentes de la democracia antiguos colaboradores de Mussolini, de Hitler o de Pétain. Y la democracia está sólidamente arraigada en todos ellos después de períodos de Gobiernos débiles a los que, como reacción, sucedieron dictaduras totalitarias o autoritarias. Realmente diferente es lo que está sucediendo en España tras la desaparición del general Franco. Muchos de sus antiguos colaboradores políticos han seguido en el Poder, aunque revestidos de ropajes democráticos. Por ello, entre otras cosas, a diferencia de lo acontecido en Francia, Italia y Alemania, la democracia es frágil y se halla lejos de estar firmemente implantada entre nosotros. Una prueba evidente de la debilidad de nuestro régimen parlamentario es el elevado índice de abstención, que supera el 40 por 100, y que resulta escandaloso a la vista del 90 por 100 de participación en las elecciones italianas y alemanas. Seguramente una de las causas de este abstencionismo se debe a la desconfianza que en un gran sector del pueblo español producen los dirigentes autoritarios convertidos en improvisados demócratas. La próxima aparición de las Memorias del general Kindelán- -ordenadas por Víctor Salmador- -nos va a dar una sólida base para emprender la necesaria rectificación. La República, que no quiso llevar a cabo la propugnada por Ortega y Gasset, apenas llegó a cumplir los cinco años de existencia; de no efectuarse respecto del parlamentarismo la imprescindible rectificación, el resultado podría ser funesto para nuestra democracia. En medio del pesimismo general que se está apoderando de nuestra vida pública, que puede producir consecuencias más desastrosas que las ocasionadas por su antecedente de 1898 en plena Monarquía parlamentaria, contamos ahora con tres sólidos puntos de apoyo para encontrar una salida: la resistencia que opondrían a una nueva dictadura los partidos y grupos que creen en la vitalidad del sistema democrático; la posición arbitral del Rey Juan Carlos, que es además el capitán general del Ejército, y la conciencia profesional de los militares. Las Memorias ponen de relieve este último punto, al que me voy a referir. Conocí de modo directo- -en agosto de 1945- -la posición de este teniente general, organizador de la aviación durante la guerra civil. Eran los días dramáticos subsiguientes a la declaración de Potsdam, en la que los íres grandes vencedores declararon a Franco incompatible con el nuevo orden mundial, por sus concomitancias con los dictadores vencidos y muertos, Hitler y Mussolini, en tanto que Pétain había sido encarcelado y Laval ajusticiado, ambos ABC igualmente sostenedores del Caudillo. Tuve con él y con el Infante Don Alfonso de Orleáns una larga conversación en Sanlúcar de Barrameda, durante el confinamiento del Infante, en la que los tres hicimos un análisis profundo de la política de la restauración. El general Kindelán, que fue pieza decisiva en el nombramiento de Franco como generalísimo del Ejército y jefe del Gobierno del Estado, se opuso, desde el primer momento, a la apropiación fascista del Alzamiento, que Franco llevó a cabo convirtiéndose en jefe del Estado y Caudillo de un partido totalitario. Siendo Kindelán capitán general de Cataluña, en 1943, estuvo dispuesto a que en Barcelona fuese proclamado el hijo de Alfonso XIII, Don Juan, como Rey, frente a las pretensiones monopolizadoras de Franco. Destituido Kindelán- -como lo fue también el teniente general Várela en septiembre de 1942 de su puesto de ministro del Ejército por su resistencia a Franco- se convirtió en la figura central de la oposición militar al Caudillo. En 1943, los tenientes generales- -entre los que figuró Kindelán- -elaboraron un escrito, pidiendo a Franco que se retirase para dar paso a la Monarquía de Don Juan. Pero ni este escrito ni acciones como ésta, emprendidas en el mundo universitario y profesional, lograron de Franco ninguna concesión contra el plan que se había trazado de perpetuarse en el Poder. Así se llegó al 19 de marzo de 1945, fecha en la que Don Juan hizo público su manifiesto exponiendo al pueblo español que el régimen de Franco no podría convivir con las democracias que habían derrotado a las potencias del Eje. La reacción del Caudillo fue la de siempre: ocultó la verdad y desfiguró la posición de sus adversarios políticos, que presentó como el ánimo de revancha de los vencidos en la guerra civil, manipulados por los comunistas al servicio de la Rusia de Stalin. De este modo, y sobre la base de una larga campaña de propaganda totalitaria, REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERE S SERRANO, 61- MADRID E EL GENERAL KINDELÁN, EN LA RESISTENCIA MONÁRQUICA EN POCAS PALABRAS MUCHAS SOLUCIONES ANUNCIOS POR PALABRAS D E A BC se hizo creer a un gran sector de españoles, en quienes, por otra parte, estaba concentrada la mayoría absoluta del poder económico y social, que las democracias anglosajonas necesitarían de la fortaleza del régimen de Franco para enfrentarse con la Unión Soviética. Kindelán, junto a otros políticos como José Pemartín, Julio López Olivan, Juan Antonio Bravo y Díaz Cañedo, Joaquín Satrústegui, José María Gil Robles, Pedro Sainz Rodríguez, Eugenio Vegas Latapié, etc. vio el error que cometían los colaboradores de Franco cuando ligaron su política exterior a la de las potencias del Eje, confiando en el triunfo militar de Hitler. Política que justificaba el mantenimiento de un régiman anacrónico que consideraba a las democracias como decadentes y con intereses opuestos a los de España. Potsdam dio la razón a los propugnadores del cambio en el sentido de que el restablecimiento de la Monarquía sería capaz de asegurar la continuidad de la paz interior con la introducción de las reformas necesarias para liquidar las escisiones producidas por la guerra civil. Por ello, Kindelán se dispuso a exigir de Franco, en el Consejo Superior del Ejército, que expusiese de qué modo pensaba hacer frente a la nueva situación internacional. Dada la imposibilidad de que el Caudillo pudiese justificar su continuación en el Poder, Kindelán confiaba en que la mayoría de los generales se adherirían a su proyecto de restauración monárquica. Ante esta situación, Franco reaccionó procediendo a arrestar, a mediados de agosto, a los generales Kindelán y Aranda; y un mes después puso fuera de juego al Consejo Superior del Ejército, del que formaban parte los generales que le habían elegido en 1936; a la vez amenazó con fuertes sanciones a políticos, como el conde de Fontemar, que respaldaban la actitud de Don Juan. Este grupo de monárquicos, conscientes de que las decisiones del Generalísimo iban a condicionar la vida del país durante varias generaciones, fue borrado de la vida pública, ahogándolo en un mar de injurias y de calumnias. Y tras eliminarlo políticamente, el Caudillo y sus colaboracionistas consiguieron marginar a España del curso de la historia durante treinta años. v Ahora, sobre la base de esta resistencia monárquica a la dictadura, y contando con la conciencia profesional de los militares (de que son símbolo los generales mencionados, que la lleva a desear un régimen democrático como el de los países de la Comunidad Europea, con la que queremos integrarnos, y el de Estados Unidos, al que estamos militarmente asociados) aún es posible fortalecer la democracia y superar el actual proceso de desintegración política, social y económica. Rafael CALVO SERER