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EL MARQUES DE DESIO Y LA GASTRONOMÍA Con el artículo que publicamos a continuación, la Academia Española de Gastronomía dedica un emocionado recuerdo a quien fue su primer presidente, don José Antonio de Sangróniz, marqués de Desio, cuyo reciente fallecimiento ha causado el más hondo pesar en muy diversos sectores de la vida española. E L marqués de Desio- -nuestro primer presidente- al plantearse la necesidad de crear una Academia Nacional de Gastronomía, buscaba dar remate a una larga v i d a de r e f i n a d o gourmet y gran promotor y mantenedor de las diversas y riquísimas cocinas españolas. Desde el recién creado Patronato Nacional de Turismo- -allá por la década de los 20, tan mitificada por políticos y escritores- José Antonio de Sangróniz apadrina la publicación de un libro capital en nuestra bibliografía gastronómica: la Guía del buen comer español aparecida bajo el popularizado pseudónimo de Pos- Thebussen que amparaba al excelente periodista y narrador Dionisio Pérez en sus escritos de tema culinario. La elección de la obra de Dionisio Pérez prefigura una intención y comportamiento bien definidos respecto a nuestras artes y aportaciones coquinarias. Al embozarse tras el pseudónimo antes indicado, Dionisio Pérez se proclamaba seguidor y continuador de los afanes y empresas del culto publicista Mariano de Pardo y Figueroa, que escudaba su verdadero nombre con la imaginada apelación de Thebussen curioso anagrama de la palabra embustes con la extranjerizadora incrustación de una h, caída Dios sabe de dónde. El Doctor Thebussen fue un castizo defensor de los sabrosos fastos de las mesas de España, a quien Dionisio Pérez rendía su homenaje a la par que se confesaba adscrito a la línea tradicional de exaltación de nuestras cocinas regionales. Algo semejante le acontecía al embajador Sangróniz. Su vocación viajera y sus ejemplares servicios diplomáticos le habían conducido al disfrute de las mejores mesas en las más reconocidas y consagradas capitales de la gastronomía. La naturalidad de esas complacencias, a la vez que le ale- jaba de cualquier clase de snobismos, le encaminó hacia el estudio y profundización de lo que era propio y diverso en la vastedad de los gustos y paladares de los españoles. Su amplia cultura humanística le ayudó en estas tareas reivindicatorías de los viejos fogones ibéricos, tan regateados en sus excelencias. Sabía muy bien que la desbordante heterogeneidad de nuestras cocinas regionales constituía uno de los claros exponentes de la múltiple y enriquecedora aportación culinaria de España. En este sentido suscribía con ánimo esperanzado y abierto la categórica afirmación de Dionisio Pérez: El buen comer es el fruto más sazonado de la civilización humana. Sabía y practicaba a la perfección lo de que el arte del buen comer es hijo de un agudizado conjunto de sutilezas, bien lejano de cualquier delirio pantagruélico. Tampoco ignoraba que un buen comensal no es tan sólo un paladar refinado, sino que más allá de un plato gustoso, nutritivo y bien sazonado y de la copa llena de suavidades y excitaciones casi aladas, existen las ceremonias y rituales que ayudan a comprender la sociología de la mesa. Sobre ésta, el ingenio y la gracia en la conversación- -ejercicios en los que el marqués de Desio fuera maestro- -resultan sumados inprescindibles de los más deliciosos manjares. Una buena comida es un todo armónico, en el que cada elemento- -cocineros, sumilleres, materias primas, condimentos, bebidas, servicios, comensales, diálogos, etc. -ha de contribuir a que el hecho, la necesidad, de la alimentación se convierta en un equilibrado logro, en un concertado estimulante vital. La concepción de José Antonio de Sangróniz al abordar la creación de la Academia Nacional de Gastronomía se disparaba en varias direcciones. Objetivo primordial era, naturalmente, el del justo enaltecimiento y conservación de las cocinas y bodegas de España, ayudando a mantenerlas en el rango histórico y universal que les corresponde. Tarea semejante irroga una multiplicidad de labores y cometidos; que van desde el tratamiento humanístico de la tradición culinaria hasta la protección del complejo mundo empresarial crecido en torno a la industria de la alimentación. Paisaje tan ambicioso pudo ser por él conducido en sus planteamientos iniciales. Ahora que se nos ha ido podemos medir mejor la anchura de sus enseñanzas y lamentar más profundamente el vacío de su ausencia. Ausencia que procuraremos cubrir, en la medida de nuestros esfuerzos, para mantener vigentes recuerdos y presencias, que nos sirvan de guía en nuestros afanes y trabajos. AUDIENCIA EN EL PALACIO REAL. -Su Majestad el Rey Don Juan Carlos aparece rodeado de una Comisión de consejeros y directores de emisoras de Rato- Cadena Catalana, presididos por don Ramón de Rato, durante la audiencia celebrada días atrás. 25