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15- noviembre- 1980 detectives siempre han llevado muy a gala, tal vez porque es lo único que les queda, lo único, en esas noches que llegan con los pies helados a su pequeña oficina de puerta acristaiada a echar un vistazo a la correspondencia- -hay que pagar el alquiler, la luz, el teléfono, el sexto plazo del automóvil... y a tomarse un trago del mal bourbon que guardan en el cajón del escritorio. Si los detectives no defendieran su ¡ética, no les quedaría nada, aparte un talonario donde nunca pueden poner más de tres números, aparte un perro oficio, fisgón Íde vidas ajenas, delador de adulterios generalmente inofensivos. f Pero veo que es inútil. No soy capaz de definir no ya el cine negro, sino ningún género cinematográfico. El cine de género- -las mejores películas de nuestra ida- -es indefinible, inclasificable. Pero sé que en las buenas películas negras quexyo he visto, ¡a ciudad, y la calle, y la noche, y los edificios de apartamentos en ílquiler, tienen una importancia decisiva. En esas buenas pelícu, as, nunca se olvida una calle en uesta por la que pasa un tranvía- Powell Masón -junto a lermosas casas de blancas fachadas. Ni se olvida ese muelle noc: urno y brumoso. Ni los edificios ¡in portero, con la alfombra sucia rota. Y aquí sí podríamos decir so de que en el cine negro el paisaje es un estado anímico. En las buenas películas negras ue conozco he sabido reconocer- -sin ningún tipo de disfraz- -la margura, y el odio, y la violen: ia, y la muerte, y el chantaje, y a venganza, y el rencor, y la rueldad, y el sexo, y el fracaso; iobre todo, el fracaso. Quizá sea 1 cine del fracaso y de la muerte. Un cine sin sitio para la nostalgia pero sí, en cambio, con un gran espacio para la melancolía. Un cine que es como una emoción, omo un sentimiento. Una sensa: ión. Siempre tendremos en la memoria los vasos pequeñitos para beber whisky y las anónimas botellas de ginebra, y los vestuarios desconchados de locales suburbanos donde los boxeadores y sus managers están crispados, blancos, con la lengua reseca, y los periódicos doblados y vueltos a doblar en los que gastados apostadores señalan- -evitando el traqueteo de ese último Metro, el más veloz- -con un ápiz pequeño, ras ras, una cruz, 1 caballo favorito, el galgo favoito... Nunca vamos a olvidar de esas nagníficas películas negras- -ocho, nueve semanas de rolaje, blanco y negro, filmación ntegra en decorado, geniales acores de soporte... nunca amos a olvidar las salas dé baños urcos cuando alguien abre los rifos del vapor y alguien muere, ii los luminosos de los bares y lubs encendiéndose y apagánlose intermitentemente, ni las te- SÁBADO CULTURAL ABC XIII ademán de ir a sacar su billetera, pero lo que hace es empujar al abismo- -desde ¡a planta sesenta de un rascacielos de Manhattan- -a un molesto tahúr de tercera fila, y que después de haberlo hecho ese mismo hombre maduro y elegante baje a la planta cincuenta y nueve del mismo edificio para ponerse en manos de su dentista, al que previamente le ha pedido hora. Cuando aparezcan estas líneas estaré acabando la primera semana de rodaje de una película negra, de esas que parecen sueños, titulada El Crack donde un detective con despacho en la calle Libreros, a dos pasos de la Gran Vía- -sus edificios, rribles resacas que se acrecientan y el orden, policías que nunca ol- sus fachadas, también son un escon el ruido del teléfono o del vidaremos, sargentos rudos que tado anímico- una fría mañana reloj despertador, hasta darnos a comían sandwichs con mucha de diciembre, con la calefacción nosotros, espectadores, sensación mostaza, con mucho catsup aún sin encender, atenderá a un de malestar, de cansancio, de con mucha mayonesa, y bebían tipo ambiguo de marcadas ojeras ojeras, de párpados hinchados. El café o agua (de una maquinita que le pedirá que encuentre a su cine negro también es ese que transparente que soltaba burbuji- hija. Tampoco entonces sabré nos hace ser menos espectadores. tas y que siempre estaba junto al- -ni cuando termine la películaSer espectador, en la vida y en el perchero) en vasos de papel que definir el cine negro. Me gustaría, cine es más cómodo, pero menos arrugaban y tiraban a la papelera eso sí, que El Crack pudiera, apasionante. Con el cine negro se antes de atender el teléfono... Y como aquellas maravillosas pelínos permite un poco, sólo un veinte minutos después, o antes, culas americanas, las mejores del poco, ser actores. una mujer desde un bote miraba mundo, pudiera- -decía- -transimpasible cómo un joven inválido mitir al espectador (español) un Y eran buenas películas, las se ahogaba en un lago de aguas algo de angustia, de desasosiego, mejores, aquellas donde veíamos tranquilas. ¡Que el cielo la juz- de indefensión y de verdad. flashes de viejas cámaras, de gué! Claro que. un poco más Como lo transmitieron las granfotógrafos de trajes cruzados re- tarde, una voz derisa, algo ronca, des obras del género, que fueron, cogiendo cadáveres tendidos en la de una pelirroja de inigualables además de retrato de una época, moquetas raídas de cualquier ha- espaldas y guantes ajustados la crónica escalofriante de unos bitación de un hotel barato, o la hasta el codo, canta Puf the seres vitalmente perdedores. silueta en tiza de esos cadáveres, blamé o. n Mammie mientras Siempre he amado el cine de los momentos antes que apareciera algo más acá un borracho con perdedores, una de cuyas variannuestro amigo el detective, o chaqueta blanca y pajarita negra, tes, me parece, es el cine negro. nuestro amigo el policía, o nues- en la penumbra de un cabaret Ahora, creo, es tiempo de tro amigo el periodista al que su vacío, le dice a su amigo: If she redactor jefe sólo le ha dado cua- can stand it, I can. Pláy it! Y su grandes ofertas de angustia, de renta y ocho horas más para que amigo toca al piano una composi- desasosiego. Pueden adquirirse siga husmeando en aquel asunto. ción cuya letra dice algo así como incluso con sustanciosas rebajas. En aquellas excelentes películas, el tiempo pasará... El hombre El crack que teníamos a la vuelta las mejores del mundo, veíamos de la chaqueta blanca y la paja- de la esquina ha estallado ya hace asesinos de corta estatura subidos rita negra es el mismo que hace tiempo. En España, desgraciadaa depósitos de petróleo que grita- un rato ha entrado- -ahora lleva mente, el cine negro es posible. ban ¡Madre, lo conseguí, ya sombrero- -en una librería de Sólo hay que leer los periódicos. estoy en la cumbre del mundo! Los Angeles, a comprar una O escuchar los informativos de y ganters que eran como perso- inexistente edición del Ben- Hur las emisoras de radio. Pero no nas normales, como nuestros de Lewis Wallace, y allí una rubia únicamente es posible ya el cine padres o los padres de nuestros dependienta, al ver que empieza negro en nuestro país, sino que es amigos; ganters que tenían a llover, se suelta el cabello, se necesario. Es conveniente empemujer, hijos, visillos en las venta- quita sus gafas, coloca sobre la zar a ver en las pantallas- -como nas, cocinas limpias y alcobas con puerta el cartelitó de Closed hicieron los americanos- -tipos crucifijos sobre las camas anchas; saca de un cajón del mostrador sin rumbo, sin trabajo, perdedo ganters que nos cortaban la res- una pequeña botella de whisky res natos, verlos llegar a la ciudad piración mientras abrían cajas de y... entonces alguien fundía en- -sustituyamos los autobuses de costa a costa por el tren- -y secaudales en joyerías de la Octava negro. guirlos, ser testigos de cómo uno Avenida, de puro miedo que paAl abrirse de negro la imagen, se enamora de una camarera de sábamos esperando que sonara el timbre de alarma; ganters mez- en aquellas películas, las mejores un bar donde se sirven económiquinos, de cínicas risas, que tira- del mundo, podía ocurrir cual- cos desayunos, zumo de naranja, ban escaleras abajo a viejas para- quier cosa; por ejemplo, que un café o té y tostadas, o barrita de líticas atadas a una silla. No ha oscuro buscavidas se juegue en pan abierta por cincuenta pesetas, habido oelícula mejores que cualquier billar su futuro, respal- y seguir a esa camarera, cuyo aquéllas, películas de efímeros dado por ese ful! de ases que hermano trabaja en un bingo besos en los labios, siempre besos tiene en su temblorosa mano de- por López de Hoyos... con prisa, besos que nunca vamos recha, junto a un montón de Esperemos que nuestras peh cua olvidar, besos que se daban arrugados billetes, o que alguien personas violentamente románti- bese y sople y acaricie unos las, negras o gris marengo, sean cas, siempre de. pie, ella en dés- dados, y luego los lance, y que capaces no sólo de renovar nueshabillé él de smoking pelícu- los dados reboten mal, y ese al- tra capacidad de asombro, sino las de brutales hombres de la ley guien entonces maldiga; o que un nuestra capacidad para saber hombre maduro y elegante haga dónde estamos.