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ABC 12- XI- 1980 ALDEA La noche se mueve La Romántica Banda Local o el despilfarro Tomás CUESTA Así, como si nada, han pasado once meses desde que La Romántica Banda Local sacó Membrillo su segundo eíepé hasta sil presentación en directo. El lunes, después del desértico intermedio, la banda se plantó por fin en el escenario de Marquee para un miniconcierto en el que las expectativas que despertó en su dfa el grupo más inteligente parido por la neurosis capitalina se quedaron, a falta de contrastes, huérfanas. En el caso de que hubiera servido para algo, la tardía puesta de largo de anteayer no sirvió más que para dejar claro la tremenda distancia que separa lo que es de lo que fue y, sobre todo, de lo que podría haber sido. Gon el tiempo- -muy poco tiempo- -la fascinante carpa de sutileza y dispersión, gracejo y cachondeo, se ha venido abajo, dejando la armazón al descubierto. El pecado podría ser exceso de ambición o una carencia absoluta de ella. Refugiados tras las bambalinas de un trascendente amateurismo los románticos quieren ser demasiadas cosas a la vez, copan todas las posibilidades de la ruleta- sin echar el resto en ninguna apuesta. Con lo cual, ocurre lo de siempre: que no llegan a nada 0 que llegan a todo, pero a medias. A medias entre la pacata sentimentalidad de un Aute, pongamos por caso, y el vitriolo espectacular de la Orquesta Mondragón, por ejemplo. A medias entre el universo mágico de Vainica Doble y la ironía un poco fácil de Moncho Alpuente. Lo sorprendente en este caso es que nada, salvo ellos mismos y las trampas que les tienda su propia sutileza, les obliga a ello. La capacidad de Carlos Faraco, cantante y alma mater del invento, es tan ilimitada como sus recursos escénicos. Tiene, además, algunos de los mejores temas que se hayan escrito en estos pagos durante el último decenio y una reserva de talento casi inagotable, siendo, como es, un profesional del despilfarro. Y, sin embargo, llegado el momento el globo no llega a remontarse más que a unos pocos metros del suelo. Al iniciarse el concierto del Marquee, Faraco salió a escena luciendo, entre tela y espalda, una chepa de pega. Un globito que, como su último disco, estaba re- pleto de nada. Lo confesó él mismo haciendo gala de una franqueza intencionada. Sin embargo, le quedó por estallar otra giba menos metafórica y más pesada: la del grupo qué, teóricamente, le acompaña. Cuatro músicos- -el teclista es una excepción afortunada- -que, en el mejor de los casos, se limitan a cumplir sin aportar lo más mínimo al climax inventado por el loco maravilloso que los comanda. El resto de la culpa de que el concierto del lunes sonase a fin de fiesta la tuvo la absoluta falta de promoción de su compañía discográfica. La habitual desidia con la que los tiburones del negocio tratan los asuntos de los que no venden se convirtió en este caso en saña. Carlos Faraco, pilotando la nave de los románticos (Foto: Luis Ramírez) Os fastuosos guateques resucitan Después de dos semanas de obligado silencio administrativo- el lenguaje no es el apropiado decía la escusa oficial- Os fastuosos guateques dos tempos fenecidos programa coral y amogollonado de la FM de Radio Juventud volverá por donde solía, esto es, a llenar el vacío de las tarde del domingo para quienes pasan de goles y de estadios y prefieren quedarse en casa tan ricamente, transistor en ristre, al acomodo del calor negro. Os guateques en cuestión es una singular emisión de varias horas, en la que se alternan verdaderos aluviones de llamadas de los oyentes- -para vender una moto, anunciar la fiesta de Caminos o, simplemente, vacilarle un poquito al locutor- -con música preferentemente nacional, de los años sesenta. Esto es, Pekenikes, Bravos, Brincos, algún Adamo colado de rondón... El problema está en que, claro, a veces el personal que llama por teléfono no observa las necesarias normas de urbanidad, e incluso en ocasiones deja escapar alguna palabra malsonante Pero eso sí, se disculpa inmediatamente, como debe ser. Y si no, ahí están los responsables de los micros, Antonio Peiró y Federico Volpini (hijo) que se cuidan muy mucho de que la sangre no llegue al río y las aguas no se desborden. 13