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JUEVES 30- 10- 80 ESPECTÁCULOS ABC 61 Crítica de teatro La escena al día GALA EXTRAORDINARIA DE UNÍ CEF. -El próximo día 5 de noviembre, en el teatro de la Opera, tendrá lugar un concierto extraordinario de ópera y zarzuela del famoso barítono Sergio de Salas a beneficio de Unicef. Este concierto será grabado para su posterior retransmisión por TVE. Macbeth al fin un espectáculo para el Español EN EL TEATRO DEL CIRCULO DE BELLAS ARTES. -Comienza hoy, a las siete y media de la tarde, la temporada de conciertos, que se prolongará hasta el 18 de diciembre y que lleva por título Maestros del siglo XX LA VIDA ES SUEÑO -En el Teatro dell Arte, de Milán, se anuncia para muy pronto la puesta en escena de La vida es sueño de Calderón de la Barca. Joaquín Hinojosa- Berta Riaza Título: Macbeth Autor: William Shakespeare. Traducción; M. A. Conejero, V. Flores, J. V. Martínez Luciano, J. Talens, del Instituto Shakespeare. Dirección: Miguel Narros. Escenografía: Andrea d Odorico. Figurines: Pép Massagué. Intérpretes Joaquín Hinojosa, Berta Riaza, Alejandro Ulloa, fficardo Tundidor, Dionisio Salamanca, Isabel García Lorca, Juan Meseguer, Paco Olmo, Damián Velasco, Jorge de Juan, Pep Munné, Jorge Camacho, Ángel de Andrés, Antón de Santiago, César de Barona, Muntsa Alcañiz, Pedro Miguel Martínez, Juan Matute, Pepita Martín, Carlos Espinosa. Brujas, asesinos, figurantes. Teatro Español. EL ENGAÑAO Y JAIME CHAVARRI. -Después de Macbeth se dará a conocer en el teatro Español uno de los premios Lope de Vega pendientes: El engañao de José Martín Recuerda, comedia dramática que será puesta en pie por el director cinematográfico Jaime Chavarri. Aunque un tanto tardíamente, el Español abre, al fin, dignamente su segunda temporada tras la reconstrucción, y bajo la dirección de José Luis Alonso, a cuya experiencia, talento y calidades de hombre de teatro hay que abrir amplia cuenta de crédito. Macbeth de Shakespeare, ha sido la obra elegida. Intento ambicioso emprendido con acierto. Porque lo primero que brilla en esta versión es el texto castellano compuesto por un grupo de estudiosos en un trabajo de equipo del que ha salido un castellano sonoro, teatral, con poderoso ritmo interior, bueno para su declamación en el tono, obligadamente levantado; es decir, teatral que conviene a la tragedia, ese género que hace años se ha olvidado o caricaturizado en experiencias más osadas y caricaturistas que creadoras. Place al oído, llega a la comprensión profunda y emotiva del turbión de pasiones brutales, de violencias sin límites y de contrastes bruscos entre la exaltación y la depresión, cuyo resultado es el horror trágico y es fiel en el mayor acercamiento posible a los textos básicos que hoy son admitidos por la erudición como los más auténticamente shakespirianos que, como se sabe, no son todos, cosa habitual en las grandes piezas del maestro, ya que éste tomaba su fortuna donde la encontraba y, posteriormente, quienes las reescribierorí e imprimieron no vacilaron en hacer interpelaciones. En Macbeth esos añadidos no podían faltar. Hay escenas que parecen de la mano de Middleton, cuyo manuscrito Las brujas muy poco postenor a la fecha (1606) en que se piensa que escribió Shakespeare su texto inmortal, y, como es lógico, son las peores. Pues bien: esas escenas- -las de Hécate, que realmente son poco eficaces en la dinámica de la tragedia- -no desmerecen en esta profunda versión de las demás. Debería hablarse largamente de la obra, de su argumento, sacado- -al parecer- -por Shakespeare de las Crónicas de Inglaterra, Escocia e Irlanda escritas hacia 1577 por Holinshed, y cuyos antecedentes, en los que historia y fantasía andan ya mezclados, vienen de Boecio, cuya Scotorum Historiae o Historia de Escocia probablemente no co- noció directamente el autor de Hamlet Hace casi medio siglo que la obra no subía a un escenario de Madrid. El miniensayo que aquí no es posible hacer hoy debería preceder, escrito con autoridad, a todo texto en el programa del espectáculo para información de espectadores. Narros ha conseguido un bello espectáculo teatral al insertarlo en un dispositivo escénico en el que D Odorico ha puesto buen gusto, sobriedad colorista, habilidad para las multiyalencias ambientales y un aprovechamiento integral del escenario al cerrar la chácena con un espejo que duplica cuando así conviene la acción y da una profundidad misteriosa, dramática, al campo de la acción. Gran escenario y espléndido dispositivo lumínico. No podemos decir lo mismo de los figurines de Pép Massagué. Ha corrido mucho tiempo desde que el autorizado crítico Campbel se quejaba dé que actores ingleses salieran en jubón a representar los barbaros personajes de la tragedia. Por lo tanto, no es la primera vez ni será la última en que los figurines se atengan a un convencional anacronismo estetizante. Este es otra vez el caso. Macbeth y los bárbaros escoceses e ingleses de la tragedia nos imponen una profunda sugestión como personajes de la época del imperio austro- húngaro. No se sabe por qué esos uniformes semigermanos, semioperísticos, piden valses, ni por qué los trajes de lady Macduff, sus hijos y su aya nos llevan a los cuadros encantadores de Greuze y nos obligan a pensar en la versión cinematográfica hecha por Rohmer de La marquise d O que era, como ésta de Narros, fundamentalmente esteticista. Narros ha logrado movimientos vigorosos, junto a otros que resultan insuficientes, agrupaciones dignas por el color, la disposición y la iluminación de aguafuertes o dibujos de Durero. La calidad plástica, no siempre adecuada, es siempre hermosa, entonada en el color, aunque el anacronismo grite a veces de manera difícil de soportar como en el traje rojo de lady Macbeth que nos pone ante una Josefina Beauharnais con todos sus reminiscencias napoleónicas. No hay paralelos entre Josefina y lady Macbeth, como no lo hay entre Napoleón y Macbeth. De cualquier forma, un espectáculo sensible y brillante. JOSÉ LUIS MONTERO. -Cuando finalice su largo recorrido periférico comenzará en Xairo el montaje del nuevo espectáculo destinado a cubrir toda la presente temporada de dicha sala. -A. L. Para Joaquín Hinojosa el papel de Macbeth era demasiado fuerte. El actor ha dicho el texto con espléndida perfección oral, sin ratear una frase, una palabra tan siquiera. Pero lo ha dicho. No ha logrado transmitirle el horror profundo de la vileza, el valor, la cobardía, las dudas macbethiánas, porque su interpretación, en la que la expresión corporal y la actitud han sido siempre superiores a la comunicación, queda exterior, declamaba pero no brotada con la honda naturalidad trágica de su interior. En dos palabras: no asumida. Berta Riaza es una gran actriz. Ha bordado su papel. Lo ha refiteleado en perfecciones técnicas y ha llegado a momentos de verdadera identificación entre el personaje y la actriz, los mejores de la representación, pero en muchos momentos ha dejado ver mucho más su gran oficio que su sinceridad. Seguro y noble, Alejandro Ulloa en un Duncan aplomado y válido. Lamentable la conversión del portero- -gran tipo de la obra- -en el clown que estrafalariamente vestido se hace representar a Dionisio Salamanca, que hace un buen trabajo, contraproducente. Bastaría ver la escena de la llamada a la puerta del castillo según la realiza Polanski en su Macbeth cinematográfico para comprender que ese momento de suspensión del horror no puede convertirse en bufonada. Digamos que el resto del numeroso reparto está disciplinado. Que el tono es levemente declamatorio, con el defecto de que muchas veces la prosa suena a verso, que es tal vez peor que cuando el verso suena a prosa. Que las brujas están muy bien compuestas y los asesinos muy mal, lo que finalmente produce desigualdades graves y genera aburrimiento en el primer acto, demasiado largo, y atención a veces emocionada en el segundo. Con sus grandes logros y sus inevitables defectos, este Macbeth es digno del Español que todos esperamos. Hay talento, sensibilidad y trabajo serio tras lo que se ofrece al público. Debe ser visto. Es una de las grandes tragedias de Shakespeare.