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owehe fe ím monte fes tetn le vwt n j x cerafa im luí La cual agresividad- -especialmente en la obra gráfica- -quiere mitigarse en la poética surreal de los títulos, tan identificados con su poesía escrita El carnaval de Arlequín Jeux poétiques como corresponde a- -en la proporción qué sea- -un heredero- -más verbal que espiritual- -de Izara, Bretón, Apollinaire, Eluard: Acrobate au jardin de nuit Défilé de mannequins en Chine Le pélerin de Compostelle La presidente nymphomane Miró encuentra en su obra gráfica (dibujada, grabada y estampada) la mayor ocasión de libertad y azar. Como Picasso, no busca: encuentra. Pero en toda creación encontrar no es un accidente, sino la esencia misma del quehacer. El fondo me dicta- -dice Miró a propósito de una punta s e c a- -y la mano, como guiada por una fuerza, me lleva. Es la main a charrue que decía Rimbaud: el campesino, cuando labra, lo hace con el cuerpo; yo, con el alma. El grabado le ofrece espontáneos elementos: goteos, maculaturas, plasters, revelaciones de las contrapruebas... Sus signos automáticos, la prioridad que da a la mancha sobre el dibujo, su mundo metamórfico de bestiario y de laboratorio, de portulano onírico, convierten a Miró en el grafista más libre, personal e independiente de cuantos en el mundo han sido. Y habría, por cierto, que reivindicar para él (a partir de 1930, año de sus primeras litografías) la invención del drípping (chorreo) punto de partida de Miró: Parler seul 1948- 1950. (Texto de Tristán Tzara, 1945) la pintura norteamericana que resume Jackson Pollock. Coherente con sus orígenes, sus primeras litografías de 1930 son para ilustrar L arbre des voyageurs de Tristán Tzara. De 1933 son sus primeros aguafuertes; de 1944, las 50 litografías de la serie Barcelona como xilógrafo ilustra A toute Epreuve de Paul Eluard. Son, asimismo, de extraordinaria importancia Le miroir de l homme par les bétes de Frenaud (1972) la Oda a Joan Miró de Brossa (1973) y el Cántic del sol de San Francisco (1976) En 1954, Miró obtiene el gran premio de grabado en la Bienal de Venecia, y en 1966, el premio de honor en la exposición de Ljubljana. Es especialmente inconfundible su manejo del color, con una mezcla sutil, aparentemente parca en los medios, de gamas puras dice Antonio Gallego en su Historia del grabado en España (Ediciones Cátedra, Madrid, 1979) aunque opone reparos a una obra tal vez excesivamente numerosa La excepcional calidad del papel y la maestría del estampador Joan Barbará contribuyen decisivamente a la fascinación de la obra gráfica de Joan Miró. (Sala fiépolo, Edificio Arbós de la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Madrid. VEGA OSSORIO José Vega Ossorio (Mérida, Badajoz, 1945) obtuvo el premió Blanco y Negro de Pintura 1980. No tiene Vega Ossorio, en primera mirada, la garra de un Toral, de un Evaristo Guerra; no tiene la individuación de Ana Muñoz o Florencio Galindo, ni aparece incorporado a uno de los ismos más o menos vanguardistas, la nueva figuración en este caso, como Carbó (los cinco a n t e r i o r e s p r e m i o s Blanco y Negro No es Vega Ossorio un pintor que llame la atención del gran público, ni por su tratamiento literal de la realidad inmediata ni por la invención, o transfiguración, poética de la misma. Pero, cabalmente, llamó la atención de un jurado experto en ver y entender la pintura. ¿Por qué? Porque su versión de las cosas (un bodegón no más) advertía de inmediato una sensibilidad del pintor extremadísima; también un oficio idóneo a su propósito figurativo, y, sobre todo, un recatado no querer gritar, cuando podía; un voluntario quedarse en ese silencio de grises argentados que entona orquestalmente su obra. Ni en la ocasión del premio, ni ahora, Vega Ossorio se enfrenta al bodegón- -también al paisaje- -para convertirlo en un estudio de calidades o en un testimonio radicalmente objetivo. Las cosas son para é ¡motivos inmediatos sobre los que recrear otras cosas, las mismas, pero traducidas ya su sensibilidad, recreadas. Df alguno de sus excelentes bo degones puede deducirse um genealogía ilustre en la historie de la pintura española contemporánea (pensemos en Guijarro, por ejemplo) Es uno de esos pintores que, sin llamai sonoramente la atención, quedan... Otro día, con más espacio, pormenorizaremos esta pintura de silente lenguaje y tan lírico contenido. (Galería Ramón Duran. A. M. CAMPOY Vega Ossorio: Bodegón (Galería Ramón Duran)