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42 A B C ESPECTÁCULOS JUEVES 4- 9- 80 A B C en el Festival de Cine de Venecia Tradicional y televisivo Antonioni en El misterio de Oberwald VENECIA, 3 (crónica de nuestro crítico cinematográfico Pedro Crespo, enviado especial) Cada festival cinematográfico pretende ser una síntesis guerrera de la temporada que viene, un resumen anticipado de las batallas que cada película emprenderá en busca del ansiado botín de una taquilla misionaría en espectadores y en divisas, a ser posible convertibles. Pero, además, Jps festivales importantes y este de Venecia está dispuesto a serlo de nuevo- -sirven, asimismo, para que se cursen otros encuentros menos espectaculares que el de filmes contra críticos y espectadores privilegiados. Esta mañana, de la mano del telefilme de Michelangelo Antonioni El misterio de Oberwald hemos asistido a uno de esos combates trascendentales- -realmente al primero de una larguísima serie de rounds que enfrentan a la película virgen- -realmente a la casa Kodak y a sus filiales más o menos secretas- -con el videotapé, ala técnica fotográfica- -que acompaña al cine desde su nacimiento, como soporte hasta hoy insustituible, con muy pocas variaciones desde hace ochenta años- -con la pujante técnica electrónica, madre de la televisión y, también hasta hoy, considerada enemiga del séptimo arte. El cuadrilátero no ha contado más que con la presencia de uno de los contendientes, justamente el video, pues en video ha realizado lo que constituye, por el momento, su última obra, el mítico Michelangelo Antonioni: la versión, clásica, irreprochable y absolutamente respetuosa con el texto original, de El águila de dos cabezas el drama romántico, reflexión superficialmente brillante sobre el poder y el amor, de Jean Cocteau. El resultado de este primer asalto no ha ofrecido dudas: el video ganará, a los puntos o por fuera de combate, pero ese momento está aún muy lejos. Al menos para lograr unas calidades cromáticas similares y unos efectos comparables. Antonioni juega con su nuevo aparato electrónico como si fuera a descubrir el cine, siguiendo las huellas de los primitivos cineastas, introduciendo en la acción elementos de discontinuidad- -el hocico y las orejas de un cortejo o la cornamenta, agitada por los espasmos de la muerte, de un ciervo, en medio de la persecución, con tormenta, del protagonista masculino, el increíble doble del rey asesinado años atrás- forzando virados de color- -en el amanecer o en la puesta de sol- -o buscando, con la superposición de imágenes, efectos visuales que pudieran tener repercusión dramática. Como coartada de sus experimentos Antonioni- -que ya demostró hasta dónde podía llegar con el blanco y negro en La noche y cuáles podían ser sus límites con el color, hace dieciséis años, en El desierto rojo -utiliza la pieza romántica de Cocteau y la presencia, siempre atractiva y señorial de su ex la formidable Mónica Vitti. La actuación de ésta, bien secundada por un reparto de ajustados actores, es más adecuada, irreprochable, dentro de las posibilidades de expresión y dicción de la actriz, que procura conceder verosimilitud a un personaje por demás lejano y poco dado a admitir añadiduras personales de quien lo encarne. Pero lo que se ventilaba realmente esta mañana no era el juicio sobre la capacidad de Antonioni para hacer una adaptación de Cocteau, poniendo en escena El águila de dos cabezas sino lá comparación entre las posibilidades adivinadas del video y las ciertas- -monopolísticas y acaso retardatarias de cualquier progreso técnico- -del color fotográfico. Antonioni ha hablado de la capacidad que, para el uso de tos virados y las superposiciones, representaba el uso del video. Pero lo que hemos visto es una imagen pobre, sin definición clara en cuanto a cromatismo se refiere, confusa incluso en la limitación del campo visual. Que guarda, en definitiva, sus virtudes para la pantalla casera y que aún habrá de perfeccionarse para ocupar la pantalla grande Recuperábamos anoche Atlantic City tercera película americana de Louis Malle, después del fracaso de Black Moon y del éxito- -comercial- -de la Pequeña -Una película que es, a la vez, ocasión dé lucimiento para el veterano Burt Lancaster, homenaje a una ciudad -que renace de sus cenizas gracias al juego, erigiéndose en rival de Las Vegas, tan sólo a unos minutos de Nueva York- -y ocasión para la nostalgia de las películas del ayer de la serie negra La historia que Malle cuenta en Atlantic City es la de Lou, un pequeño gángster de sesenta años, que nunca hizo nada señalado, que vive explotando a una veterana que muchos años atrás quedó tercera en un concurso- -no el de Miss América precisamente- -organizado en la ciudad y que se siente inquieto ante los cambios que va a traer la legalización del juego. Mirón inveterado de las fricciones que se administra una hermosa joven que vive en un apartamento contiguo al suyo, Lou se verá enredado, con ella, en una intriga de mafia y de drogas y reaccionará, ante su propio asombro, logrando la tremenda hazaña de cargarse a dos matones en defensa de su vecina y de su propia supervivencia, además de quedarse con el negocio Atlantic City goza de un buen guión, con su inmoralidad final como guinda de adaptación al momento actual, y de una interpretación excelente, pues si Lancaster logra uno de los papeles de su vida, más que eficaces son las interpretaciones de la todavía joven Susan Saradon- -artísticamente ligada a Malle desde La pequeña -y de la ya veterana Kate Reíd. Sin embargo, Malle no ha sabido encontrar el ritmo adecuado. Su película resulta una comedia dramática blanda con e! negror que le viene dado por su propio asunto y la presencia de tres muertos por asesinato. Con todo, película digna que hú- Montreal: la próxima sección es pecial, dedicada al cine español MONTREAL Con la entrega de premios y una proyección especial concluyó el IV Festival Fiíms dei Mundo, en el que la película española El nido obtuvo el de mejor intérprete femenina. El galardón concedido a la joven Ana Torrent fue recogido en el teatro Maisonneuve por Jaime de Arrñiñán, guionista y realizador del filme, uno de los dos títulos españoles presentados en competición. Armiñán escuchó, camino del estrado, la ovación más rotunda del público invitado a la gala de clausura, tal vez por ser El nido una de las últimas proyecciones en el calendario del Festival y, en cualquier caso, por haber calado en el ánimo de los seguidores de los filmes eñ competición. El realizador español aplaudió él mismo hacía la platea, mientras las ovaciones le impedían tomar la palabra, que destinó a agradecer el premio en nombre de Ana Torrent, y como un ¡gran estímulo para todos los que hemos intervenido en la película El presidente- director general del Festival, Serge Losique, había abierto el acto con una breve alocución en la que destacó su pleno acuerdo con las actas del Jurado. Al cerrar la ceremonia de entrega de premios, Losique- -responsable de la cinemateca de Montreal- -anunció que la. sección especial, que en esta IV edición del Festival se ha destinado al cine norteamericano, será dedicada al de la República Federal Alemana. Poco después del acto, Serge Losique declaró a la agencia Efe que en 1982- -VI edición del Festival- -la sección especial será dedicada al cine español, con una muestra de ocho o diez filmes, a ser posible, como Jas que España ha enviado este año según expresó. Para Losique, si hubiera habido un premio a la participación por países, España se hubiera ganado otro galardón más esta vez El cine español estaba representado en esta IV edición del Festival por el El nido de Armiñán y La. mano negca 4 e, Fernando Colomo, ambas en competición. Fuera de concurso, pero también con un llamativo éTito de crítica y público, se exhibió, igualmente, Mater amatísima de José Salgot. biera podido ser mejor con un tratamiento más decidido. Las películas abundan, como los pases, las etiquetas y las gentes que parece quieren verlo casi todo. Interesante resultaba ayer el Pilgrim, farewell del norteamericano de origen alemán Michael Roemer, presentada a consurso dentro del apartado correspondiente a la oficina veneciana. En ella, a través de cuatro personajes, asistimos a una disección de las motivaciones y urdimbres sentimentales que rodean a una mujer que espera la muerte, víctima de una enfermedad incurable. Y apreciable, asimismo, L altra donna del italiano Peter del Monte, estudio de las implicaciones sociológicas, afectivas y raciales que marcan la relación entre dos mujeres- -italiana la una, etíope ia otra, que entra al servicio de la primera- -y que va más allá de una simple historia personal para adentrarse en el resbaladizo terreno del mundo de los emigrantes africanos, mundo de miseria y marginación que los romanos- -cómo sucede en otras muchas capitales europeas- -prefieren ignorar, acaso por no saber cómo resolverlo o, cuando menos, cómo encararlo. Y mañana, más películas con la presencia múltiple de Mizoguchi y sus geishas y del pesadísimo- -ya es hora de decirlo- -Fassbinder contándonos por entregas la historia de Franz Biberkopf y sus paseos ppr la Alexanderplatz berlinesa. Lea usted ABC, diario gráfico de la mañana