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60 A B C principios de siglo, manso hasta decir basta, pues se asustaba tanto del caballo como de los capotes, se encontró con un torero de bien aprendido oficio y un valor espartano, porque Ruiz Miguel esta tarde, a golpe de corazón, de una entrega sin cuento, ha sido capaz de pasarse por la barriga a ese bonito buey, que se le paraba buscándole los tobillos, que se le revolvía con ánimo de herirle, hasta que a fuerza de estar entre sus pitones, aguantando las primeras tarascadas, se entregó, se paró- -repito que era un manso- -y acabó el lidiador (nunca mejor empleada la palabra lidiador én su más noble sentido) cogiéndole de los pitones y acariciándote el testuz entre un clamor general como s ¡en verdad- -y sé bien que no cometo una herejía al hacer el símil- se tratara del mismísimo Domingo Ortega. Un pinchazo y una estocada- Las dos orejas, merecidas, merecidísimas, p a r a el torero, que dio dos vueltas al ruedo y salió con toda justicia por la puerta grande, ganándose a pulso su inclusión en la corrida de Beneficencia, sirviéndole a Larroque un tercio del cartel, que ya se presentaba problemático. BENDITA SUGESTIÓN. -El público- -hoy todo el público- -iba con ansias de divertirse. Y ya se sabe que en las tardes redondas de toros, al igual que ocurría cuando las corridas se embalaban en triunfo (en tiempos en que había figuras de auténtica calidad) la sugestión arrastra hasta e! pecadillo de la euforia, tal vez excesiva, pero hija de una alegría sana. Así pudimos contemplar, ¿verdad, Victorino? una vuelta al ruedo a tu segundo toro, que tú mismo no te creías. El toro había peleado bien en varas, pero ante los engaños era un iisto, con el tornillazo siempre a punto y con ánimo de coger ai de por sí amedrentado Antonio José Galán, que se defendía como podía, con sus pobres recursos, de la agilidad de cuello y de las aviesas intenciones de! temperamental, pero no noble toro de Qalapagar. El presidente sacó el pañuelo azul a petición del embalado público, y el de Victorino paseó el ruedo en triunfo mientras se pitaba a! deficiente torero. En el otro, Galán se dedicó a correr detrás del toro, que esa manso. El animal se fue de los encuentros con los caballos. Y después Galán, hecho un trapero, quiso meter a la gente en e! talego aprovechando viajes y querencias del manso por toda la plaza, instrumentando pases de feo trazo y escaso mando. Volvió a escuchar otra bronca. SIGUE QUERIENDO... -El pequeño de los Campuzano sigue queriendo. Tiene verdaderas ganas de ser torero. El hombre consiguió en el sexto, que iba muy bien por el pitón izquierdo, los muletazos más templados y largos de toda la tarde (la meritoria y vibrante labor de Ruiz Miguel fue otra cosa) y en ningún momento se afligió, ni siquiera ante su primero, que se le quedaba continuamente en las zapatillas, otro tobillero con ánimo de mandarle a la cama, como tuvo en su momento a un subalterno, como anduvo también ese gran peón que es Duarte. Pero lo cierto es que Tomás Campuzano venció todas las dificultades y supo aprovechar (as virtudes que tsí sexto toro tenía para la muleta. Fue ovacionado en e! tercero y cortó la oreja del sexto después de escuchar un aviso. El presidente, que presume de haberse: hecha aficionado colándose en la plaza vieja de Madrid, debe andar muy mal de memoria. En Madrid nunca hubo la mala costumbre de dar una oreja con un aviso ni de dar ia vuelta al ruedo a un toro que llega a la muleta haciendo esgrima y buscando las femorales de los toreros. AHORA, ADELANTE. -No cabe duda, Victorino, que has nacido de pie. Tu prestigio. LA FIESTA NACIONAL VIERNES 30- 5- 80 Ruiz Miguel tuvo la generosidad de compartir su merecida salida a. hombros con el ganadero y su compañero Canrípuzano. Duarte, el gran subalterno, resultó cogido aparatosamente. después de lo de hoy, sigue incólume. Tu éxito ha estado basado- -tú lo conoces mejor que nadie- en el hecho de que no se cayeran los toros en feria de frecuentes desplomes y en la gran movilidad que ha tenido la corrida, que no lucen otros toros. Además, por si fuera poco, te has encontrado con Ruiz Miguel, al que después de ser capaz de sacar pases a aquel toro que brindó al doctor Zumel, deberías haber sido tú el que te lo hubieras echado sobre tus hombros y sacarlo así por la puerta grande. -Vicente ZABALA. P. D. -No quiero dejarm en el tintero ía valentía de Manolo Ortiz en banderillas y del Formidable, ambos tuvieron que saludar montera en mano. La agilísima corrida de Victorino era muy propicia para medir ¡valor y el oficio de los toreros. SE NECESITA: Nivel bachiller superior. Experiencia mínima: dos años. Buena mecanografía. Agilidad y buena presencia. SE OFRECE: Remuneración según valía. Incorporación e n empresa solvente. Absoluta reserva a colocadas. Enviar curriculum vrfcae y pretensiones económicas al Aptdo. 12.401. (Referencia: P. A. (M- l.171.894) SECRETARIA