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MARTES 27- 5- 80 OPINIÓN ABC 3 De ayer a hoy Escenas políticas Suárez y el ovni Dentro de 1 a política del bisbiseo, el ten con ten y los laberintos sigilosos parece que se han ofrecido estos días algunos Ministerios en relación con el debate en torno al voto de censura. Por una asociación de hechos bastante natural he recordado la biografía del gijonés Melquíades Alvarez y González- Posada. No sólo la biografía extraordinaria escrita por. García- Venero en 1954, o las páginas de Azorín, sino también y de modo muy particular cuanto he oído, en amabilísima conversación, del ilustre abogado Hipólito Jiménez, que fue pasante de Melquíades Alvarez y disfrutó de su intimidad durante muchos años. Fue su sentido moral quizá más que su elocuencia de ateniense en el agora como decía Azorín, la causa de que obtuviera en Asturias un acta de diputado frente al sólido y enraizado caciquismo de Alejandro Pidal y Mon. l reformismo de Melquíades Alvarez, que er principio agrupó a los intelectuales españoles, desde Ortega a Azaña, tenía como idea medular la accidentalidad de tas formas de gobierno. Venía a ser un radicalismo, no al estilo de Lerroux, sino al estilo francés, el de Herriot, por ejemplo. Melquíades Alvarez era entonces republicano. Aquel hombre que había sido pinche en una casa de huéspedes donde su madre ejercía de cocinera, y a tos veintitrés años, ante el asombro de Clarín, era ya catedrático de Derecho Romano, se encontró, en 1901, con un acta de diputado y sin un duro para venir a Madrid a tomar posesión de su escaño. Gracias a una cuestación, casi en el sentido literal del término pudo juntar las pesetas que le hacían falta para el viaje de ida y vuelta. Melquíades Alvarez era de cuerpo tan frágil como puede serlo el de una sardina, pero uno de sus abuelos había sido un pescador al que llamaban Tiburón y al parecer ésa fue la impresión que dio el nieto en el Congreso. Su discurso, el mismo día de su llegada a Madrid, fue una reivindicación de los maestros rurales y una diatriba contra el hosco desprecio con que los trataba la Administración. Podía haberlo pronunciado hoy. Por la noche cenaba solo en su triste fonda cuando le dijeron que alguien le esperaba fuera. Era Práxedes Mateo Sagasta, presidente dsl Consejo de Ministros. Su discurso de esta tarde- -le dijo- -es propio de un verdadero hombre de Estado. Le ofrezco la cartera de Instrucción Pública. El hombre, que no tenía un duro, respondió: No puedo aceptar. Me debo a mis electores republicanos, y no quiero traicionarios. ¿Igual que ahora? -CANDIDO, Ya han llegado. Ya nos lo tienen bajo observación. Una cosa asi no podía dejar de trascender incluso a las galaxias. No bastaba que se conmoviera el mundo, esta pequeña naranja azul que es el planeta tierra. No era suficiente con que se pasmara Giscatd, con qué viniera la señora Thalcher, con que se asomaran al ruedo ibérico Gastón Títorn, el amigo de Ignacio Camuñas, y Olof Palme, aquel que iba con una hucha pidiendo monedas para redimirnos a los españoles como si fuésemos chinitos sin bautizar y crías de zulú sin catcquesis. Esto tenía que trascender de la vieja Europa, esta marquesona venida a menos; tenía que llegar al archipiélago Gulag y estremecer los despachos de la CÍA, traer a Pertini, interesar a las más ilustres chilabas de los pelrodólares y lograr que Cárter nos incluya en su agenda de invitados. Pero ahí no podía quedar la cosa. De lo nuestro se iban a enterar hasta en la Vía Láctea. Y ahí están ya. No sólo es que los platillos volantes planean sobre Madrid, sino que al presidente Suárez lo vigilan los ovnis durante sus vuelos a tas capitales extranjeras, A estas horas el complejo de la Moncloa debe de estar bajo observación extraterrestre, y los marcianos- -o los que sean- -están registrando las conversaciones con los barones los desahogos telefónicos del señor Gutiérrez Mellado, la hora en que Lito llega de Avila y los periodistas que van a ver a don Josep Meliá. Pero, sobre todo, registran los más pequeños movimientos de don Adolfo Suárez. Saben lo que habla con Fraga, por qué ha nombrado a Juan José Rosón y cuándo falla una volea. Nos hemos enterado casi a medias palabras, porque una de fas cosas extrañas que todavía tiene esta democracia es que no resulta demasiado explícita. Esta democracia se fabrica en un laboratorio secreto, en un sótano de alquimista o de aprendiz de brujo. Todavía es una ciencia casi oculta. Para intentar conocer las cosas que en ella suceden hay que ensayar adivinaciones o ensayar ejercicios parapsicológicos. Pero el caso es que a don Adolfo Suárez lo vigilan o lo observan los ovnis La Hoja del Lunes ha dado la noticia en una breve información, casi cabalística. Un ovni acompañó largo rato al avión que traía al presidente del Gobierno de regreso de un país europeo. El comandante Nieto, que pilotaba el aparato, mantuvo la serenidad y mantuvo también el rumbo. Tal vez el comandante se creyera en la obligación de informar del suceso a superman Suárez. -Señor presidente, no deseo inquietarle, pero nos sigue un ovni No tenemos medio de identificar su naturaleza. Al señor presidente se le pintaría una enigmática sonrisa en su rostro, en ese rostro que ayer no más era juvenil, confiado y alegre, y ahora se ha hecho preocupado, avejentado y casi sombrío. El señor presidente debe de estar ai cabo de la calle. Pero todavía no quiere que se enteren en Cebreros. Resulta prudente guardar esta baza. -Tranquilo, comandante. Siga ruta sin hacer caso. No alarme a la tripulación. Busque una explicación lógica. -Eso no es fácil, señor presidente. Terminarán por darse cuenta de que se trata de una nave no identificabte. -Bueno, pues dígales que se trata del ovni particular de don Fernando Abril. Es muy celoso de mi compañía y prefiere no dejarme solo ni siquiera cuando viajo. Cuando el comandante volviera a la cabina, el más íntimo colaborador preguntaría; ¿Estás seguro de que ése ovni no e Landelino, jefe? -No te preocupes. Ese asunto de Landelino déjamelo a mí. -También puede ser cosa de los yanquis y de Antonio Garrigues. El señor presidente haría un gesto que daba a entender su deseo de considerar terminada aquella conversación. -Hombres de poca fe... -murmuró, y se sumió en profundas meditaciones. Algo se cuece. Algo se cuece, y no ya en las cloacas de los correveidiles sino en el misterioso seno de los espacios. A lo mejor es que los marcianos, los venusinos o IO9 saturninos tienen problemas de transición política y quieren estudiar la naturaleza de nuestro artífice, la sustancia de nuestro superman particular. Un día de éstos lo secuestran durante media hora, lo meten eñ un platillo volante, sacan un molde, le toman muestras de sangre, le quitan un ducados de importación y se llevan la dirección del sastre Pajares y el encefalograma. Dios quiera que no lleguen a más. Dios quiera que no nos lo arrebaten en un carro de fuego. O a lo mejor es que lo de la operación Galaxia es una de esas coincidencias inescrutables que se producen en los momentos estelares de la Humanidad. Y que las galaxias se han interesado en el cambio del cambio y resulta que mi amigo Pedro Rodríguez está escribiendo bajo la influencia irresistible de Urano. Habrá que empezar a investigar los horóscopos. Habrá que analizar los mamotretos del Mar Muerto de la reforma política. Habrá que consultar a todos los oráculos, a las estrellas, a los agentes secretos, a los ordenadores electrónicos, a los hermanos Ansón y a lo que quede por ahí de las profecías de Nostradamus. Todas las señales que tenemos hasta ahora resultan indescifrables. Don Santiago Carrillo habla del otoño y de la caída de la hoja. Don Felipe González habla de un objetivo moral para su moción de censura, pero a los politicos que dan Una explicación así habria que inyectarles el suero de la verdad. Habría que saber cuándo viene el Papa a España, quién se cuida de que no le vean por los alrededores de la Zarzuela, quién se entiende con el brazo militar. Hay que estudiar las manchas amarillas en el hígado de las ocas, el susto que produce en la Banca el n o m b r e de Fernández Ordóñez, los meandros en que se entretiene don Pío Cabañil las, la posible aparición de algún Garrigues en la publicidad del sabor americano, los silencios musicales de Martin Villa o el vuelo de un mirlo blanco sobre los leones del Congreso. Y, además, naturalmente, los dibujos del aceite que sobrenade en las lentejas de Mona Jiménez. Pero, sobre todo, hay que estar pendientes de los ovnis Ya me temía yo que todo este milagro de la transición pacífica en la ferocidad tradicional del ruedo ibérico no podía terminarse sin la intervención de lo sobrenatural, de lo mágico o de lo extraterrestre. Al fin y al cabo la moción de censura es sólo una diversión de niños o un baile de marionetas. Eso son renales terrenas de otros designios más altos y más misteriosos. Son inocentes liturgias de algún vudú preparada Dios sabe dónde. Al final me he convencido de que la crónica política es una parte de la ciencia- ficción. Es una visión de cometas errantes, un sueño de hadas, un comic de Supermán, una pesadilla de ovnis O sea, materia de casi milagro. Materia para la democracia cristiana. -Jaime CAMPMANY.