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dualidad, lo que equivale a decir que lo que no es tradición es plagio (Palacio Velázquez. Retiro. ARTURO PEYROT Entre la severa estampa madrileña de Francisco Rizi y las cordiales estampas costumbristas de Esplandíu se extiende una visión plástica ¿por qué no una teoría? de Madrid y lo madrileño. Entre uno y otro nombre, los de Goya, Alenza, Beruete, Solana, Sancha, Fermín Santos y tantos y tantos otros. Podría hacerse la historia de Madrid a través de estas visiones apasionadas, puede que más elucidarías de su ser que gran parte de la literatura que se propone su tema. También sería interesante ver qué relaciones hay entre el Madrid de ios pintores y el de los escritores (Pellicer, don Ramón de la Cruz, Galdós, Baroja, Ramón Gómez de la Serna, Sainz de Robles, Cañábate) y puestos ya a desentrañar la imagen de Madrid no podrían olvidarse las aportaciones de los artistas extranjeros, desde la crónica cortesana de los pintores de los Borbones hasta la crónica, romántica todavía, de Gustavo Doré, cuya ilustración del viaje del barón Charles Davillier es clave del Madrid del siglo XIX. Y aquí, como en la de los españoles, sería interesante ver qué relaciones hay entre esos artistas y los escritores (Saint- Simón, Beaumarchais, Dumas, Hugo, Ticknor, Andersen) También entre éstos y no pocos pintores nuestros de los que se han propuesto el multiforme tema de Madrid. La paleta literaria de Pierre Loti Un mismo tono de gris ceniza, en el que se mezcla un poco de rosa ladrillo, se extiende sobre esta visión de la ciudad, que a veces se eleva como una aparición, ¿no se corresponde acaso con las visiones madrileñas de Eduardo Vicente o Asunción Molina? Un tercer grupo es el de los pintores extranjeros madrileñizados ganados por Madrid a lo largo de muchos años de vida madrileña ¿es bien sabido que León Bonnat, hijo de un librero de Madrid, llevó siempre en los ojos la luz de la ciudad de su niñez? Para esa antología quiero proponer el nombre de un pintor italiano que se sabe Madrid tan bien como se lo sabían Franciso Galicia y Paco Arias: Arturo Peyrot. Cierto que su formación romana pone en su visión de la ciudad una nota grave y casi solemne, pero aquí está su Madrid desafiándonos a todos a verlo- -a sentirlo- -con tanta hondura y delicadeza como la que lo informa y caracteriza en estas aguadas plenas de espontaneidad y sensibilidad. El nombre de Arturo Peyrot no podrá faltar nunca en la antología más exi- Arturo Peyrot: Visión de Madrid (Sala del Prado. Ateneo) Venancio Blanco: (Palacio Velázquez. Retiro) y Nelina Pistolesi (Centro Cultural de la Villa) gente de lo madrileño. (Sala del Prado, Ateneo. EL PREMIO GOYA Al filo de este comentario a propósito de la visión de Madrid de Arturo Peyrot surge obligadamente la cuestión del premio Goya, que el Ayuntamiento de Madrid convoca y otorga por San Isidro, del cual diremos, como lo mejor, que no se sabe con qué propósito lo convoca ni con qué criterios lo otorga. La exposición es, en términos generales, una suerte de revoltillo confuso que seriamente no puede aceptarse en relación con la cuantía del premio. Hay, cómo no (y es de suponer que debido a la desor i e n t a d o r a imagen de su convocatoria) algunos cuadros importantes, alguno, ciertamente, de extraordinaria calidad. El resto, que puede ser el 99 por 100 de la muestra, se diría más bien de una de aquellas exposiciones de Educación y Descanso, sin el dato disculpable y casi enternecedor que tenían aquéllas: ser fruto del tiempo libre, dominguero, de unos trabajadores en modo alguno profesionales de la pintura. Un premio así de generosamente dotado como éste (creo que con 500.000 pesetas) debe organizarse con seriedad y, sobre todo, sabiendo qué se pretende con él. En principio parecería que el nombre que lleva (Goya) y la época en que se convoca (San Isidro) habrían de relacionarlo con Madrid y lo madrileño, a manera de un intento estimulante en relación con el tema de Madrid, no de su. folklore ni de su costumbrismo pasados, sino del tiempo en que vivimos. Pero tal y como lo vemos no parece qué responda a nada. No parece seleccionada la exposición. No tiene catálogo. Es, literalmente (y con la excepción de tres o cuatro obras) algo lamentable. (Centro Cultural de la Villa. A. M. CAMPOY 19