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ABC. VIERNES, 18 DE ABRIL DE 1980. PAG. 51. Crítica de teatro REAPERTURA DEL ESPAÑOL CON UN CALDERÓN RIDICULIZADO Jesús Valverde, Francisco Merino, Charo Suriano, Walter Vidarte, Quique Camoiras y Aurora Bautista T ífruío: La dama de A í ¡eiairvdirí Auídr: D. Podro Calderón de l a Barca. Dirección: Augusto Fer nandes. Escenoíir fíía y figurines: Andrea d Oílon. co. Música: Roberto Domínguez. Intérpretes: Emitífl- no Redondo, W Ller Vidaríe, Aurora Bauíist- a, francisco Merino, Quique Osmoiras, Manuel Carlos Lulo, Luisa Armenteros, Charo Sorisno, Queta Aria! luán Jesús Valvarde, Roberto Rodríguez. Acróbatas. Teatro Esp ñoií. Día fausto este 16 de abril de 1980, en que el teatro Español, felizmente recuperado, reabre sus puertas según consta en la placa de bronce que los Reyes, Doña Sofía y Don Juan Carlos, descubrieron en el vestíbulo antes de comenzar la representación. Don Felipe IV solía acudir de incógnito al teatro de la Cruz, y a. éste, antes denominado del Príncipe, todavía antes Coraal de la Pacheca, no faltaban el duque de Lerma, ni su inseparable don Rodrigo Calderón. Destruido por un incendio en 1802, el teatro del Príncipe lo reedificó el gran arquitecto Vilianueva en 1807 y fue en tiempos del conde de San Luis, 1849, cuando el teatro, restaurado, tomó el nombre de teatro Español. Años después, en 1895, lo reformarían doña María Guerrero y don Fernando Díaz de Mendoza, y ahora, tras el incendio de 1975, lo han reconstruido el Ayuntamiento de la Villa, su. propietario, y el Ministerio de Cultura. Día fausto, pues, fete en que los Reyes presiden su resurrección. Día. infausto pasa don Pedro Calderón de la Barca éste en que un señor Fernandes, que por perder ha perdido hasta la española ceda final de su apellido, ha osado meter sus pecadoras manos en una obra del gran dramaturgo y convertir en un bodrio una de sus comedias religiosas menos felices: El Josep de las mujeres Si el tal señor Fernandes suponía que podía enmendarle la plana a Calderón echándole a su comedí picadillos de otras como Los dos amantes del cielo po r ejemplo, impresa en 1636. pecaba no sé si más de estupidez tille de soberbia. Calderón se las arreglaba muy bien solo para escribir grandes comedias religiosas como La devoción de la Cruz o El mágico prodigioso y comedias menos que medianas como El Josep de las mujeres en que hay tantos puntos comunes de situación, sobre todo en las relaciones del protagonista con el demonio, con El mágico prodigioso El señor Fernandes ha organizado un hermoso galimatías literario- dramático que, no le perdonarían los grandes críticos alemanes que lanzaron el nombre del autor de La vida es sueño a la cima en que se erguía solitario William Shakespeare. Nosotros, aunque, naturalmente, eso tenga mucha menos importancia tampoco. Y si el guiso es imperdonables la presentación del ragú no puede ser más indigesta. El señor Fernandes Jo ha llenado todo de cabriolas y de saltos mortales, ha convertido los duelos en ridículos asaltos de especialistas, malos hasta para escenas de teatro para niños, ha abrumado a actores y- espectadores con enormes cantidades de almohadas como si el escenario fuera una exposición de productos del Colchón Pless o de Colchones Miguelín y lo ha llenado todo de cursilerías, de boberías, hasta lograr la más tris te caricatura de. un genio del gran teatro español, del cual, por lo visto, no ha entendido absolutamente nada. Una cosa es ir al escenario desnudo, como para Lope y Calderón quería Jean Vilar. un tablado apoyado en la pared del fondo y una simple pasarela, para lograr esa división de lo alto y lo bajo, propia del barroco español del siglo XVII, y otra mostrarnos, ya desde la chácena, un fon- QUICK GREEN ULTRAMODERNO SISTEMA DE REGADÍO SUBTERRÁNEO NO ABRIMOS ZANJAS Informes: Teléfonos 21857 35 y 2210144 SE VENDE OFIONA 53 m 2 CON PLAZA DE GARAJE Teléfono 401 981 S do de cables y cuerdas de toda suerte, si no es que eran sóio. de la mala, la malísima suerte de la comedia, de la cual se había ocultado, finalmente, hasta el nombre para que ni el mismísimo Calderón la reconociera. Vestir al diablo de frac carece de originalidad. Se ha hecho mil veces en toda clase de comedias donde Lucifer toma figura humana. Meterle sobre la calva al pobre Fiiipo una canastilla de frutas coronada por un embudo ni tiene gracia ni revela una gran imaginación; los pececitos dé papel de plata tampoco constituyen un gran descubrimiento y para resumir, hay mucho más giliteatro que teatro en el montaje de este caballero, que debería dedicar su tiempo, a buscar la ceda final que se le ha perdido a su apellido. Aunque eso es eosa suya. Lo que es cosa nuestra es Calderón, y una cosa es el gusto por la magia, por los escotillones, que en tiempos de don Pedro eran llamados bofetón por los carros y artilugios para mostrar ángeles y seres sobrenaturales, y aquellas pinturas tras cortinas, que a su vez se llamaban apariencias y otra los juegos de prestifügitacíón y las acrobacias circenses, apáríe cinchas y cabrestantes con las que el pñor Fernandes abrumó a los pacientes espectadores del moñazo hasta la resignada exasperación. Por si la puesta en escena tema pocos dislates, el trabajo en la dirección de actores no pudo resultar más funesto. Faltos de cuadratura, bajísimos de tono- -seguramente no serían oídos de media sala de butacas para atrás- farfullaron más de la cuenta, especialmente ese esforzado paladín del escarfurcio el señor Vidarte, del qu en 1977, con ocasión del destrozo hecho por Nuria Espert y Víctor García, con Divinas palabras decíamos que era un penoso articulador de ininteligibles palabras esfuerzo en el que tres años más tarde, honrosamente persevera. Superando los muchos ademanes ridículos, de película infantil, que el tremendo director le puso cuando estaba bajo la apariencia de Aurelio, Emiliano Redondo consiguió muy buenas escenas bajo el frac diabólico para acabar perdiendo fl tono y musitando su texto como los demás. Aurora Bautista, además de estar casi siempre bajísima de tono, frivolizó su texto por darle velocidad, y paseó muchas veces, realmente perdida por entre los almohadones multicolores que infestaban el escenario. Sólo de cuando en cuando encontró un tono, dramático, digno de ser llamado así. Quique Camoiras hizo una entusiasta demostración de cómo actúa un cómico de revista, pero es de temer que no se acercara ni tanto así a le que sería en tiempos de Calderón úri gracioso de comedia. En el naufragio general, producido por una dirección radicalmente falseadora, se salva por su continente, por su calidad, Chara Soriano, aunque al final también cayera en el susurro, en su interpretación de Melancia, uno de los pocos personajes, salvados de los modos giliteatrales que caracterizaron la representación. Francisco Merino y Valverde no lo pasaron bien bajo sus disfraces, y Roberto Domínguez manipuló, disfrazado de beduino, su arsenal de instrumentos músicos al servicio de los jueguecitos sonoros cómico- circense, que tanto placen a las facultades creadoras del señor Fernandes. Una lástima de Calderón, que ha servido para pomér de relieve la magnífica restauración del teatro, un placer para la vista y que sólo queda pendiente de que se. dé a un gran pintor- -Chagall y Masón lo han hecho en grandes teatros históricos de París- -la ocasión de embellecer el techo de la sala. Es de esperar que pronto veamos en el escena; jíb del Español los grandes y dignos espectáculos qué se meKeee. -Lorenzo LÓPEZ SANCHO.