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ABC. jncnEVES, 13 DE D I C I E M B R E DE 1979. PAG. 4. NACIONAL TRAS RECORRER A P! E UN KILÓMETRO Lo reconocí en seguida Antonio Martínez, encargado de gasolinera, fue el primero en ver libre a Rupérez Burgos. (Crónica por teléfono de nuestro enviado especial. Llamó mi atención dando unos golpes al cristal. Sólo distinguía a silueta de una persona envuelta por completo en una manta... ¿Se asustó usted? -preguntamos a don Antonio Martínez García, el joven que atiende durante el turno de noche la estación de gasolina Sucar, S. L. situada en el kilómetro 233 de la carretera N- l, a la entrada de Burgos. -Pues no, no me asusté- -nos sigue explicando- más o menos frecuentemente soiemos tener apariciones de este tipo... Salí para ver quién era y qué ocurría y en qué podría servirle. Javier Rupérez, temblando de frío, ofreció su DNI al joven gasolinera, mientras se presentaba como el secuestrado por ETA -Yo no necesité comprobar su carnet de identidad, (o reconocí en seguida. Le invité a pasar. El me preguntó que dónde nos encontrábamos y en seguida me pidió que telefonease a la Policía o a la Guardia Civil. Entonces empecé a llamar al 091 pero no conseguí conectar con él... Afortunadamente era la hora en que suele relevar la Guardia Civil de Tráfico y no tardó en presentarse uno de los coches. El señor Rupérez me pidió permiso para llamar por teléfono a su casa, advirtiéndome que no tenía dinero alguno. Lógicamente yo le hice ver que aquello no tenia importancia alguna, pero fos agentes de Tráfico le indicaron que sería mejor para él llamar desde la Comandancia y hacia allí le llevaron de inmediato. ¿Se encontraba mal? -No. Yo diría que un poco atontado. ¿Como drogado? -Vaya usted a saber. También podría ser a causa del frío o del susto. Cuando se fue con la Guardia Civil ya iba más tranquilo. ¿Cómo vestía? ¿Cómo era la manta? -La manta era buena, como ésas que anuncian en la televisión. Vestía un jersey marrón y unos pantalones vaqueros. Pocos minutos tardó el coche de Tráfico en llegar a la Comandancia de la Guardia Civil en Burgos. Allí Javier Rupérez fue atendido, en primer lugar, por e! comandante jefe del Sector de Tráfico de la Benemérita y pocos minutos después desayunaba en grupo. con el teniente coronel accidental de la Comandancia y otros oficiales. No hubo interrogatorio alguno. Una hora exactamente estuvo e! señor Rupérez en la Comandancia civil de Burgos y durante esa hora ¡as llamadas con Madrid entre las autoridades locales de la capital fueron continuas. A las ocho en punto, en un coche del Gobierno Civil, acompañado por I secretario general y escoltado por dos coches de la Benemérita, el señor Rupérez emprendía viaje hacia Madrid. -Alfredo SEMPRUN. RIPEREZ FUE RECOGIDO POR IA GUARDIA CIVIL EN UNA GASOLINERA Lo primero que hizo, tras llegar a la Comandancia de Burgos, fue llamar a su mujer a Madrid Burgos, 12. (De nuestro corresponsal. Al filo de las seis cié la madrugada de hoy ha sido puesto en libertad don Javier Rupérez, diputado y secretario de Relaciones Internacionales de UCD, secuestrado en Madrid el domingo 11 de noviembre por un comando terrorista de ETA cuando, desde su domicilio, se dirigía al hotel donde se celebraba la cumbre de los partidos centristas. El señor Rupérez fue liberado poco antes de las seis de la mañana, a la altura del kilómetro 233 de la carretera Madrid- Irún, a la derecha de la misma, con dirección a Burgos, detrás del edificio del restaurante denominado Kilómetro 233, distante unos cuatro kiómetros del centro de la ciudad. Al dejarla en libertad los secuestradores le dijeron que no se moviera hasta pasado un tiempo, io que hizo, poniéndose a continuación n marcha con dirección al punto luminoso que veía, y distante, aproximadamente, a un kilómetro. Cubierto con la manta que le habían proporcionado sus secuestradores, el político centrista caminó en dirección al punto iuminoso, que resultó ser la estación de servicio Súcar, situada en el kilómetro 234. AI llegar a la gasolinera llamó a la puerta de la oficina, en la que se encontraba el empleado don Antonio Martínez García, quien le confundió con un autoestopista. Soy Javier Rupérez- -le dijo el político- enseñándole su carné de identidad. Me ababan de ponsr en libertad. No tengo dinero. Líame, por favor, a la Guardia Civil o a la Policía. Con el consiguiente asombro el empleado atend ó al señor Rupérez, ofreciéndole tabaco y llamando al 091, confundiéndose al marcar. En ese momento llegó a la gasolinera una pareja de la Guardia Civil de Tráfico, a la que se presentó el político, preguntándoles si estaban vigilando la carretera porque sabían que le iban a poner en libertad. A lo que los guardias respondieron negativamente. A continuación fue trasladado a la Comandancia, desde donde se dio aviso al Gobierno Civil, personándose inmediatamente el secretario general, don José Maris. Ortíz, por ausencia de la primera autoridad civil de la provincia, que se encuentra en Madrid. El señor Rupérez se puso en contacto telefónico con su esposa. Antes de abandonar Burgos, a las siete de la mañana, acudieron a la Comandancia de ta Guardia Civii el delegado territorial de Sanidad, doctor don Marcos Reoyo, acompañado del secretario del Colegio Oficial de M é d i c o s don Vicente Ordóñez Martínez, quienes reconocieron al liberado. El teniente coronel de la Guardia Civil nos dijo que a las ocho el señor Rupérez había emprendido viaje con dirección a Madrid en un coche oficial, acompañado por el secretario general del Gobierno Civil. El jefe de la Comandancia nos aseguró que no se te había interrogado y que se habían limitado a atenderle. Vestía- -nos dijo- -un pantalón vaquero, un jersey y zapatillas deportivas. Nosotros le proporcionamos un añorak. BUENA SALUD. -Poco después ele que el político emprendiera viaje con dirección a Madrid, entrevistamos al delegado territorial de Sanidad y a su colega, el secretario del Colegio Oficial de Médicos. ¿Cuándo les avisaren a ustedes? -A las siete de la mañana- -nos dice el doctor Reoyo- -me llamaron de Gobierno Civii para que acudiera a la Comandancia de la Guardia Civil, porque había sido liberado don Javier Rupérez. Llegué en compañía del secretario del Colegio, don Vicente Ordóñez. ¿Cómo le encontraron? -Estaba desayunando café con leche. Su aspecto general era bueno. Le dolía la pierna de- serta. ¿Presentaba señales de ataduras? -No; el dolor de la pierna podía ser a causa del frío. Presentaba una parestesia en tercio inferior de la pierna derecha, con sensación de frialdad. -La parestesia, si no estoy equivocado, es una especie de hormigueo... -Exacto. Ello no tiene mayor importancia. Después del reconocimiento que le hicimos podemos asegurar que no le encontramos ningún signo de enfermedad. Su estado de salud es perfecto. ¿De qué hablaron? -Nos dijo que conocía Burgos, en cuya ciudad hizo la Milicia Aérea Universitaria. Fumó tabaco rubio que le dieron en la Comandancia. Charlamos de cosas diversas durante casi tres cuartos de hora. Le transmitimos un fuerte abrazo que nos había dado para él don Juan Manuel Reol, presidente del Consejo General de Castilla y León. ¿Le encontraron nervioso? -No. Muy centrado. Muy atento con todos. Se despidió dándonos un abrazo. ¿Estaba drogado? -Pudiera ser que los secuestradores le hubieran suministrado algún calmante. No lo sabemos. Su aspecto era bueno. ¿Pero ustedes cuando acudieron a reconocerle llevaban algún tranquilizante en su maletín? -Sí- -responde el doctor Ordóñez- Yo llevaba válium, pero no se precisó dárselo. Aquí se piensa que el señor Rupérez fue trasladado por sus secuestradores desde Madrid a Burgos para ser puesto en libertad. No obstante, algún sector estima que son muchos los doscientos y pico de kilómetros que separan ambas ciudades para que los raptores se arriesgaran a un traslado tan largo, por! o que no se descarta que ei diputado centrista haya permanecido encerrado en algún piso de Burgos, de Aranda de Duero o de algún punto cercano a la capital castellana. -J. SALGADO.