Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
E STE otoño se reanudará en Madrid, tras un paréntesis de varias temporadas, la tradición teatral de los Tenorios Un nuevo teatro (el que abrirá I colectivo de la Asociación de Actores, en el antiguo cine Lavapiés) inaugurará sus actuaciones con la repos i c i ó n, el primero de noviembre, de Don Juan Tenorio la versión romántica con que slon José Zorrilla renovara el drama, muy al gusto de la época, cuyo primer estreno se realizó en el primitivo teatro de la Cruz, en 1844. Esta última y sofisticada versión del mito literario universal creado en el siglo XVII por el fraile madrileño de la Orden de la Merced fray Gabriel TéHez Tirso de Molina se había convertido, desde fines del siglo XIX, en una costumbre teatral madrileña. Al llegar el mes de noviembre, en cuyo primer día celebra el Santoral católico la fiesta de Todos los Santos y al día siguiente la conmemoración de los Fieles Difuntos, en uno o varios escenarios de la Villa se interrumpían las funciones de obras en cartel para ofrecer unas cuantas representaciones del drama, al que Zorrilla había agregado un cuarto acto, titulado Arrepentimiento con el que convertía en ortodoxos los casi sacrilegos versos del Tenorio Y ya que este año tendremos Tenorio en un escenario de Madrid, celebremos el acontecimiento teatral, la actualización del segundo m i t o literario del idioma español- -el primero es Don Quijote con una evocación de su auténtico creador, Tirso de Molina. Aunque es cierto que a su creador, el vallisoletano Zorrilla, debe el Don Juan su gran popularidad española, no su proliferación universal, una de cuyas versiones más conocidas es la francesa de Moliere. En castellano, el Tenorio de Zorrilla interesó y fue analizado por escritores como Clarín, en todo un capítulo de La Regenta por O r t e g a y Gasset y Ramiro de Maeztu, en sendos ensayos, y 4 or Gregorio Marañón, en su Don Juan Fray Gabriel Téllez, según su partida de bautismo, descubierta por la investigadora Blanca de los Ríos en el archivo parroquial de la iglesia de San Ginés, era un madrileño nacido en el año 1584, inscripto como hijo de padre incógnito hasta que la incansable investigadora, después de leerse las cuatrocientas obras de Tirso de Molina acabó por descubrir, a través de ellas, una r a r a predilección del fraile poeta por hacer bastardos y segundones a todos los protagonistas de sus dramas y comedias. Así fue como doña Blanca, antes de conocer la filiación biológica, había llegado a la convicción de una filiación psicolóflica basada en una perspicaz intuición. Con su tenaz afán de esclarecer lo de hijo de padre incógnito se propuso leer, hoja por hoja, todos los libros de partidas de las parroquias de ¡Madrid. Así fue cómo logró encontrar en un libro de bautismos de la iglesia de San Ginés, correspondiente a la última década del siglo XVI, la partida que le dio 4 a clave que buscaba. Yo recuerdo haber visto en el despacho de doña Blanca, que ya rondaba los noventa años y aún trabajaba, una ampliación fotográfica de la partida s a c a d a del archivo parroquial de San Ginés que dice: Gabriel Téllez, hijo de padre incógnito y de doña Gracia Juliana Al margen se puede leer, escrito por la misma mano y posteriormente tachado: Gabriel Téllez Tirso de Molina hijo del D. de Osuna. Era evidente que en la época del nacimiento de Gabriel Téllez (1584- 1648) el III duque de Osuna, por estar casado, no pudo reconocer al hijo bastardo, que venía a ser hermano del que fuera virrey de Ñapóles y amigo de don Francisco de Quevedo. Así descubría doña Blanca, en ese documento, la predi lección de Tirso de Molina por glorificar a personajes bastardos que logran, a fuerza de esfuerzo e ingenio, los blasones que les han negado en el nacimiento. Reconoce d o n Marcelino Menéndez Pelayo, pese a su demostrada p a s i ó n por el gran lírico Lope de Vega, que fray Gabriel Téllez Tirso de Molina había superado al inagotable autor de comedias en la creación de caracteres prototípicos. En efecto, es de justicia reconocer que a Tirso debe él teatro y la literatura española y universal ía creación de uno de los cuatro grandes mitos literarios que produjo la literatura europea desde el Renacimiento. De los cuatro, dos son españoles: Don Quijote y Don Juan Los otros dos son Hamlet de Shakespeare, y el Doctor Fausto de Goethe. Mientras Migue de Cervantes crea su Don Quijote hidalgo y caballero del ilusionado soñar, lunático buscador de poéticas aventuras, al margen de la circundante realidad, Tirso de Molina crea su Burlador de Sevilla su Don Juan humano, con inagotable sed de vivir y beber a sorbos todas las belias realidades que le ofrece la vida material. El mito más reencarnado y políflco de todas las literaturas europeas. Don Juan es el portador de un signo trágico, demasiado humano ya q u e arranca desde su más profunda biología: esa sed de felicidad que no encuentra satisfacción ni en los besos perfumados de las hembras seducidas. Hasta Clarín Utiliza una representación del Tenorio en el teatro Fontán de Oviedo, para probar la capacidad de seducción del don Juan ovetense, Alvaro Mesía, y quebrantar la resistencia de Ana de Ozores, La Regenta con lo que iba a consumarse el adulterio y culminar la tragedia con el duelo en que morirá el regente burlado. Sólo por haber dado vida literaria y teatral al m i t o humano literariamente trascendente merecía Tirso de Molina la inmortalidad y el puesto relevante que disfruta entre los grandes creadores del Siglo de Oro español. Fray Gabriel Téllez, fraile mercedario, en el convento madrileño desaparecido, de la que se llamó plaza del Progreso y hoy lleva el nombre de Tirso de Molina, está considerado por la crítica más exigente como uno de los grandes creadores de la España barroca del siglo XVII. Juan Antonio CABEZAS 17