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E D I T A D O POR PRENSA ESPAÑOLA, SOCIEDAD ANÓNIMA MADRID FUNDADO EN 1906 f OR DON T 0 R 0 UATO LUOA DE TENA ABC independiente m era línea de pensamiento y no acepta ne suyas las ideas vertida en los eticólos f tañados ABC REDACCIÓN, ADMINISTRACIÓN Y TALLERES: SERRANO, 61- MADRID D ICEN q u e fue Ciro de Persia ei primer jardinero de la Historia. Ei que trazó con sus propias manos las líneas de unos vergeles que, serían no sólo intento de doblegar la Naturaleza en provecho del hombre- -pues se trataba de jardines- huertas- -s i n o de algo más trascendente: crear una ilusión de belleza que hiciera más soportable la implantación del hombre en un paisaje muchas veces duro e inhóspito. Eran estos jardines la representación del Paraíso en la tierra, al menos reducida a una limitada y bien acotada parcela. Según las leyendas iranias cuatro grandes ríos regaban el Paraíso, el de verdad, el que anunciaba la escatología orienta! y cuatro acequias de poco porte, pero cristalinas y fluyentes dibujaban una cruz en la alfombra florida del jardín terrenal. Luego los árabes recogieron esta tradición y (a enriquecieron sin perder de vista que el más modesto jardín doméstico venia a ser el pequeño paraíso privado a que t e n í a derecho- -como anticipo del prometido- -el creyente musulmán. Jardín doméstico y paraíso se designan en árabe con la misma palabra, Djerrna. Así e! famoso Generafife, etimológicamente quiere decir D ¡enna- al- Arif, jardín o paraíso del alarife. Esta concepción del paraíso ultraterreno como algo semejante a una realidad que podemos gozar en esta vida me ha hecho a menudo pensar, pues representa un logro, si se quiere ingenuo para el muy intelectual izado y escéptico hombre de hoy, pero no desdeñable; significa un equilibrio entre el ascetismo riguroso del contemptu mundi (cuanto es poco lo de acá, cuanto es mucho lo de allá) que niega la vida y sus regatos y el materialismo a ultranza que sólo reconoce los goces y bienes tangibles de este mundo. Pero el equilibrio entre un paraíso real, tangible, con sus cuatro míticos ríos, aunque sean riachuelos, acequias o canaletas y un más excelso paraíso prometido, que además está prefigurado en fcl jardín de aquí abajo, me parece una lección no desdeñable. La indocta y grosera opinión sólo ve en las huríes del profeta una imagen concupiscente, parecida a la que despierta la palabra harén. Ya sé que se trata de una mentalidad de libretista de revista musical bufa, pero es el caso que, malevolencias aparte, conviene meditar en el Paraíso de Mahoma y darse cuenta de su valor simbólico. Porque el Paraíso para el musulmán es la trascendente lización de lo más bello que p u e d e darse en la tierra, pero llevado a un extremo de máxima pureza. Anunciad a los que creen y hacen el bien, que ellos vivirán en iardines donde corren los ríos, cuando gusten de sus frutos dirán: He aguí los frutos con gue nos nutríamos en la tierra. Pero sólo tendrán su apariencia. Allí encontrarán mujeres purificadas. Este lugar será su morada eterna. (Corán II 23. Los frutos serán los mismos de la tierra, pero en apariencia, convertidos en LOS CUATRO RÍOS DEL PARAÍSO han estado, o hemos estado, e n varias ocasiones a las puertas de dichos paraíImagen conceptual, como si la naranja sos o dentro de ellos. Lo primero que haque decir como se convirtiera en la idea de la naranja, bría propiedad es que estas frases, Baku La es un crimen de y la mujer, resplandeciente de belleza, nin, o que el hombre es explotado por en la idea purificada de la mujer. Llegahombre, ia virtud de provocar mos también por aquí a constatar el el adhesión tienen fuerza de un descubricon la supremo valor de la imagen. Si la ima- la se descubre que el gen es en cierto modo la idea, el eidos miento. De repente dedicado a explotar hombre sólo se ha de las cosas; es decir, la realidad purifi- a su semejante. Pero ¿qué quiere decir cada, es obvio pensar que entenderse eso de explotar? Si toda relación humacon las imágenes es entrar en compe- na, y no sólo la de tipo económico (emtencia con Dios y, por lo tanto, imper- presario- empleado) la queremos reducir donable osadía. No es que a los musul- al enfoque explotador- explotado, ¿quién manes disgusten las imágenes; es todo le quita esta convicción a quien la tiene? lo contrario: que les gustan demasiado, Siempre encontrará motivos para demosgozándolas en la realidad terrena y es- trar lo que ya considera un a x i o m a perando gozarlas en su imagen purifi- Como, ¿quién convence a un anarquista cada. de que la propiedad no es un crimen? Por no comprender estas cosas se ha Con un slogan de éstos, que transforconsiderado que el paraíso del Profeta ma una realidad compleja en una herraera una burda materialización de los pla- mienta dialéctica simplista, se 1 o g r a ceres terrenales, cuando lo notable es arrastrar a la gente, que ya no piensa cómo se trasladaba lo bello terrenal a lo más, que descubre de golpe, como en bello purificado del más allá. Hoy la una visión súbita, lo que quería descuHumanidad se debate entre un sentimien- brir. to religioso en crisis, que parece contraSegún los que así piensan, tenemos decir muchas conquistas liberadoras del mundo moderno, de este mundo, uno de e! paraíso al alcance de nuestra mano en cuyos apóstoles, Henri Marcusse, acaba Cuanto el hombre deje de explotar al de morir y una plena aceptación de que, hombre, en cuanto la sociedad carezca erradicada toda creencia, el paraíso ha de clases, en cuanto el Estado desapade lograrse en esta tierra. El marxismo rezca. Pero ¿qué hombre no depende de otro, empezando por el más encumbrado como religión no es otra cosa sino la Y poderoso, y esa dependencia por qué afirmación dogmática de que el Paraíso ha de ser siempre explotación y en qué ha de lograrse en la tierra y este propara fundo error ha envenenado a la juventud consisten realmente las clasesPorquepeéstas desaparezcan? el prometiéndole un paraíso imposible del dir que también tiende a agruparse en hombre que sólo los marxistas tienen la llave, virtud de muchas y legítimas afinidades, esa llave que las fuerzas por ellos lla- y tampoco es fácil delimitar dónde está madas reaccionarias les impiden usar lo perjudicial y lo beneficioso en materia y que nos abriría de par en par las puer- de clases. tas de este Paraíso en la Tierra. La verdad es que, según la experienSe ha sentado el principio de que el hombre es explotado por el hombre, cia, siempre que nos hemos ido acercando a estos pregonados que unas clases explotan a las otras mos caído o hemos estado paraísos hea punto de y de que el paraíso llegará en el momen- caer en el infierno, en una noche oscura to en que no existan explotadores y ex- o en un túnel sin salida. En los durísiplotados, no existan clases y al no exis- mos años de la querrá civil, en Madrid, tir ningún tipo de antagonismos desaparezca el Estado. Es Indudable que son yo me hacía constantemente la siguiente reflexión. ¡Qué poco hace falta para que muchos, y sobre todo los jóvenes rebel- se derrumbe de un golpe todo el ingedes, los que reciben con verdadero fer- nioso pero frágil aparato de la civilizavor esta buena nueva y creen en ella ción, para que el hambre convierta ai ser a pies ¡tintillas. No sucede lo mismo con civilizado en una alimaña azotada por la los hombres de mayor experiencia que miseria que esconde su infecta rapiña con egoísmo, para que todo aquello que la técnica h a b í a puesto a su servicio- -luz eléctrica, teléfonos, m e d i o s de transporte- -desaparezcan, se requisen, se expropien, dejando al ser humano más indefenso, mucho más, que cuando su vida no había sido condicionada por esta Cada semana segunda naturaleza! Porque la utopía de un paraíso inasequible sólo conduce a la dictadura. OCHENTA Y NUEVE Todo esto k hemos visto, lo hemos sentido en nuestra propia carne; de un cielo falso nos heñios precipitado en un países reciben la infierno verdadero. Preferimos ese paraíso limitado y posible, con sus cuatro ríos arreqlados por el hombre, en espera de aquellos otros que puedan correr caudalosos por un eterno Edén. Edición Aérea de ABC Fernando CHUECA GOITJA