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UN ARTICULO DE DON ANTONIO MACHADO SOBRE LA PRENSA E RA la España del segundo decenio de siglo. Don Antonio Machado lucha denodadamente por no dejarse morir vivo en su destierro de Baeza; destierro en cuanto que distancia separadora de lo deseado. Machado es uno de esos hombres preconizados para el desentrañamiento desde muy temprano. En Baeza, como en tantas poblaciones de aquellos días, ven la luz un sin fin de publicaciones, cuatro hojas volanderas y voladas de cómodo formato y periodicidad semanal, que nacen y mueren apresuradamente, según el movimiento pendular del bipartidismo que las originaban, aprovechando la racha favorable de conservadores o liberales o en un arranque de optimismo, inútil a! a postre. El único nexo entre publicaciones de tendencias tan dispares y disparatadas era la imprenta Alhambra, establecimiento de rancla tradición cultural, donde el propio Machado llevaba a vender aquellos libros de texto solicitados a la librería Ch Delagrave, de París. La imprenta Alhambra aún subsiste en su antiguo emplazamiento, a escasos cien metros de la casa que el poeta habitara durante los cinco últimos años de estancia en la ciudad. Allí se imprimían todos los periódicos locales e incluso los de otras poblaciones cercanas, como Ubeda, que querían procesar o retardar el progreso, según, y siempre sucumbían a la tentación de embarcarse en el gran deporte nacional del caciqueo. Se publicaba desde El Liberal de Baezs a veinte céntimos el ejemplar, hasta Diógenes semanario independiente; El clamor de Baeza El hombre iibrs -la publicación más moruna de todas en la moruna y manchega Baeza, pues como a veces equivocaban los pliegos había que comenzar a leer por e ¡fina! y aparecía El Pópulo y La vara verde que desde 1907 llevaba el subtítuio de sinapismo político- satírico ¡ueqo estaban El Liberal de Ubeda, y el semanario reformista baezano idea Nueva ambos aparecidos en 1914. Se conservan algunos ejemplares de cada uno de estos semanarios que hemos podido repasar. Así fue cómo descubrimos en el número de Idea Nueva correspondiente al 11 de febrero de 1915. un artículo de don Antonio Machado; a p e n a s dos cuartillas de ün delicioso trabajo digno de figurar en toda sala de redacción. Este semiinédito constituye uno de ¡os elogios más serenos y elocuentes que sobre la Prensa se han escrito. Dice asi: Para el primer aniversario de Idea Nueva Desde hace algunos años se acostumbra en España a hablar mal de la Prensa. Yo no me he sumado nunca a los maldicientes. Estoy plenamente convencido de que, en nuestra patria, es el periódico el único órgano serio de cultura popular. La Prensa contribuye a crear la vida ciudadana; es un espeto, acaso el más fiel, de la conciencia colectiva. Sin la Prensa, dada la constitución de las modernas sociedades, nuestra vida languidecería en un privatismo torpe, inmoral, egoísta. La ignorancia de cuanto atañe al interés de todos, consecuencia inmediata de la falta de Prensa, disolvería pronto las naciones en cábilas, las ciudades en tribus. Sólo los partidarios más o menos conscientes, más o menos embozados, de un retroceso a la barbarie pueden ser enemigos del periódico. En los pueblos donde más abundan los centros de enseñanza, las bibliotecas públicas y circulantes, donde los libros se venden por millares, es decir: en aquellos pueblos donde el periódico, la hoja diaria y volante cumple una misión secundaria desde el punto de vista cultural es, no obstante, amado y respetado el periódico. En nuestra España, donde nadie lee un libro, donde las instituciones docentes distan mucho de ser focos de potente irradiación espiritual, no faltan malsines de la Prensa periódica, gentes que reciben toda nueva publicación de esta índole como a huésped inoportuno, como a intruso fisqoneador que viene a fiscalizar, a molestar, a sacar, tal vez, a la luz de la calle, los trapos El aniversario de la fundación de un periódico debe celebrarse por cuantos sienten amor a la letra impresa. Bien hacen ustedes, señores redactores de Idea Nueva en consagrar un número extraordinario al fausto día en que cumple un año esa publicación. Sí; la aparición de un periódico en una pequeña ciudad que carecía de Prensa propia es acontecimiento de mucha mayor trascen- Ei Instituto efe Baeza, donde Antonio dencia que la visita de un persónate o Machado profesó la cátedra de Lengua a fiesta onomástica de un cacique. Francesa, desde 1912 a 1917. sucios de la casa. Ni falta quien invoque la alta cultura, la instrucción superior pera desdeñar la molesta labor del periodista. Es ésta una forma vanidosa que adoptan los espíritus beocios para disfrazar su odio a la letra de molde. Los hombres consagrados a los estudios más hondos y a las más graves disciplinas del saber son, por lo regular, grandes lectores de periódicos, no desdeñan Ja hoja volante que recoge la palpitación del día. Pero sb jrrlan los fariseos de la cultura gue se metan de no leer periódicos. dándon- F a entender que, consaqrsdos a la ciencia, no tienen lugar para lecturas superfluas. Desconfiad de ellos; suelen ser hombres a quienes estorba lo negro. El peor de los analfabetismos no es. ciertamente, el del siervo de la gleba, encorvado sobre el terruño de sol a sol para ganar el sustento; hay un analfabetismo con birrete y borlas de doctor infinitamente más lamentable. -Admiremos la gran Prensa, esos portentosos rotativos gue nos aportan diariamente noticias de todos los rincones del planeta; pero amemos también y respetemos a estos modestos periódicos provincianos que cumplen humildemente, y, a veces, a costa de grandes sacrificios, una misión santa: la de velar por los intereses comunes a cuantos vivimos apartados de las grandes urbes por estos rincones de la patria española. -En esta bella ciudad, entre moruna y manchega. en cuyas piedras venerables se lee un pasado glorioso, en esta noble Baeza, de vieja tradición intelectual, hacia falta un periódico, y ustedes, mis queridos amigos, han sabido crearlo. Mi más cordial enhorabuena en este aniversario y. con ella, la expresión de mi gratitud y de mi simpatía. Antonio Machado. Las arrobadoras palabras de don Antonio el bueno resultan, más de sesenta años después de escritas, de una lucidez, -de una frescura y una vigencia que justifican, sobradamente, que las rescatemos del semíolvido y, casi como primicia, ¡as ofrezcamos hoy. José María MOREIRO 13